CORDOBA – SU CATEDRAL - Yo sostengo estos dos argumentos. Antes de que fuera una mezquita, nuestra catedral era un lugar de culto cristiano. Fue la basílica de San Vicente. Los musulmanes la ocuparon y la ampliaron. Metieron dinero, una gran cantidad de dinero, pero a los arquitectos los trajeron de Damasco y eran todos cristianos. La arquitectura no tiene nada de islámica. Sin embargo, tiene notables influencias cristianas. Por tanto, es un error cultural afirmar que la mezquita es un ejemplo de arquitectura islámica. De musulmán no tiene nada, salvo el dinero que los musulmanes aportaron.
¿Por qué no quiere conceder a los musulmanes que recen en la catedral?
"Porque es un chantaje no justificado. Los musulmanes piden poder orar diciendo que durante cuatro siglos, esta fue su catedral y afirman que el esplendor arquitectónico de la Catedral se debe a ellos, a su trabajo.
Yo sostengo estos dos argumentos. Antes de que fuera una mezquita, nuestra catedral era un lugar de culto cristiano. Fue la basílica de San Vicente. Los musulmanes la ocuparon y la ampliaron. Metieron dinero, una gran cantidad de dinero, pero a los arquitectos los trajeron de Damasco y eran todos cristianos. La arquitectura no tiene nada de islámica. Sin embargo, tiene notables influencias cristianas. Por tanto, es un error cultural afirmar que la mezquita es un ejemplo de arquitectura islámica. De musulmán no tiene nada, salvo el dinero que los musulmanes aportaron.
Hoy, los musulmanes y muchas personas que forman parte de la intelectualidad laica del país dicen a la Iglesia católica: "Dejad rezar a los musulmanes en la catedral como un signo de apertura y amistad". Yo les digo que no se puede dar este "uso compartido" y por ello me acusan de ser integrista. En cambio yo católico defiendo el derecho de los católicos a permanecer en su catedral. Si hoy concedo a los musulmanes rezar una vez al mes, el año que viene querrán rezar una vez por semana. Después, consagrarán el lugar de culto y ya no nos permitirán volver a entrar.
¿Cómo debe establecer el diálogo la Iglesia con el Islam?
"Debe regresar al sínodo especial de 1985 cuando el Papa Juan Pablo II explicó la justa interpretación del diálogo interreligioso del Concilio. Después el Concilio hubo demasiadas aperturas. Los musulmanes deben ser aceptados, pero de la manera correcta”.
Los cordobeses se sentirían ofendidos
Sobre esta misma cuestión ya se había pronunciado en noviembre del año pasado el arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo, cuando era Administrador Apostólico de Córdoba, antes del nombramiento de monseñor Demetrio Fernández. En aquella ocasión monseñor Asenjo se había mostrado convencido de que muchos cordobeses se sentirían ofendidos en sus sentimientos religiosos con el rezo compartido musulmán en la Catedral de Córdoba.
Lo afirmó en una rueda de prensa que convocó para responder al secretario provincial de la UGT-Córdoba, Antonio Fernández, quien había manifestado su apoyo a que los musulmanes puedan orar en este templo puntualmente para reactivar el turismo y generar así unos supuestos beneficios económicos en la ciudad para combatir la desocupación.
Al respecto, monseñor Asenjo dijo que no sabe "qué relación puede tener el rezo musulmán con la creación de empleo" y aclaró que desea "tener una relación fraterna con nuestros hermanos musulmanes y colaborar con ellos en todo lo que significa el servicio al bien común, la lucha por la paz y la justicia".
"El rezo compartido en el mismo edificio son palabras mayores y esto no generaría más que problemas para nosotros, para ellos y para la ciudad", señaló el Prelado, que dejó claro que "el diálogo interreligioso no es compartir lugares, salvo casos excepcionales" e insistió en que la Iglesia Católica "cree tener derechos históricos y jurídicos sobre el espacio que ocupa", y recordó que toda la catedral fue consagrada en julio de 1236 por el obispo de Osma, monseñor Juan Domínguez, por mandato del Rey Fernando III el Santo, cuando entregó la antigua Mezquita al Cabildo Catedral y al obispo.+
VII.MMX.
http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=10169
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En torno a la leyenda negra
Corremos el riesgo de sustituir la conciencia histórica –que trata de aprender con lo bueno y lo malo– por una memoria que insiste únicamente en marcar los rasgos negros de aquellos que considera contrarios a la meta que a sí misma se ha propuesto su ideología.
En cierta ocasión me han hecho la pregunta de si la Leyenda Negra sigue existiendo. Esta demanda me hizo reflexionar un poco sobre este tema que tanto nos preocupa a los historiadores: constantemente nos encontramos, en ensayistas y novelistas, un reflejo de la misma. Y todavía hoy son muchos los españoles que siguen creyendo en ella. Pues, como señala con acierto Carmen Iglesias, no es necesario que una noticia sea verdadera para que sea creída. La leyenda se gestó de una manera especial en el siglo XVII como vehículo de propaganda en un momento en que Europa se debatía en medio de un conflicto cuyas raíces se hallaban en lo más hondo del pensamiento, ya que se trataba de demostrar que España, parte de la Casa de Habsburgo, no tenía razón. Y las cosas fueron tan lejos que en la Enciclopedia, en el artículo referido a España, parecía llegarse a la conclusión de que Europa hubiera sido más feliz en el caso de que España no hubiera existido. Ésta es la causa, y no otra, de que el Gobierno español tuviera que poner el veto sobre esta magna obra.
Pues bien, las leyendas negras, que se repiten en muchos casos a lo largo de la Historia – piénsese en lo que se ha dicho de Alemania en el siglo XX– no son otra cosa que modos de formular una memoria histórica, capaz de desvirtuar la conciencia. Basta con ello: hacemos una selección y aislamos los males, daños o errores que nos conviene destacar fabricando de este modo un argumento que permita desvirtuar absolutamente al enemigo. Olvido que los alemanes evitaron la destrucción de París y Roma, y de este modo puedo borrar también de la memoria los terribles bombardeos de Hamburgo o de Leipzig. En el caso español se atribuyen a nuestro país tres defectos sustanciales: la recluta de mercenarios con daño para las poblaciones afectadas por la guerra, la inquisición, que ahora se falsea como si fuese una especie de Gestapo o KGB, y el sometimiento de poblaciones, ignorando que España es la creadora de casi veinte naciones que hoy forman un orgullo en el mundo.
No se trata únicamente de deshacer calumnias ni de reiterar errores; la tarea de un historiador consiste en exponer las cosas exactamente como fueron. Pero uno de los defectos de las últimas generaciones consiste sobre todo en reincidir en esas tendencias suplantando la verdad por el error en la manera que a las ideologías políticas conviene. No cabe duda de que la Inquisición, que partía de un deseo correcto, impedir que los poderes políticos se valiesen de los delitos de herejía para eliminar a sus enemigos políticos, incurría en un defecto, que no sería corregido hasta mediados del siglo XVII: la Iglesia es un instrumento de perdón y reconciliación; no puede desviarse hacia la represión sin causarse daño a sí misma. Pero esto no nos autoriza a abrazar con calor las negras tintas de las que ahora pretendemos servirnos.
Veamos el caso de dos grandes científicos, Miguel Server y Galileo Galilei. Server, importante descubridor de la circulación de la sangre, fue denunciado ante la Inquisición de Lyon, en Francia. Mientras esperaba que pudiera incoarse el proceso recordó que había tenido estrecha amistad con Juan Calvino, el hugonote que ahora gobernaba en Ginebra como un auténtico dictador, sometiéndolo todo a su voluntad política, y a esta ciudad se trasladó esperando para él una adecuada protección. Pero Calvino decidió declararle heresiarca enviándole a la hoguera sin que tuviera, como el obispo Carranza y tantos otros, una posibilidad de apelación. El poder político se cierra sobre sí mismo.
La Iglesia ha reconocido recientemente el «error» cometido con Galileo, a quien se acusaba de pretender someter la fe a la ciencia, olvidando que ésta consigue evidencias ciertas pero debe estar humildemente preparada para que sus descubrimientos pudieran revisarse. Los jueces cometieron el error de pretender intervenir en un tema que escapaba a su grado de conocimiento científico. Pero a Galileo se exigió solamente una especie de vago arrepentimiento y pudo acabar sus días en una villa que poseía en las afueras de Florencia, rodeado de sus instrumentos y consolándose a sí mismo con la frase que conocemos: «y sin embargo se mueve». Claro es que hoy ya no aceptamos otro de los supuestos de entonces, ya que el Universo es finito y el tiempo tiene su nacimiento en ese big bang del que nos separan unos cuantos millones de años.
La peor de las consecuencias, en el caso español, es que somos nosotros, los hispanos, los que parecemos mejor dispuestos a creer todas aquellas difamaciones y calumnias que en la mayor parte de los casos nada tienen que ver con la realidad. Vemos una película y estamos dispuestos a aceptar como buenos todos los tejidos que forman el claroscuro de la leyenda. No hemos pensado por ejemplo que en el siglo XVII, caracterizado en Europa por guerras terribles en las que se llegó a grados de crueldad inimaginables, en los virreinatos americanos predominaba la paz, excepto en lo que se refería a los corsarios y bucaneros venidos de lejos. No recomiendo en modo alguno que prescindamos del conocimiento de daños: pero hemos de situarlos también en paralelo con los beneficios. Y sólo Roma, con su Imperio, puede llegar a compararse con España en la labor de educación y fomento de una nueva sociedad a la que ahora aguarda un futuro importante.
Corremos el riesgo de sustituir la conciencia histórica –que trata de aprender con lo bueno y lo malo– por una memoria que insiste únicamente en marcar los rasgos negros de aquellos que considera contrarios a la meta que a sí misma se ha propuesto su ideología. Durante algunos años pareció que Europa iba a librarse de algunos de los peores daños que sufriera por causa de aquello que laudatoriamente Lenin definiera como totalitarismo, es decir, sometimiento «total» de la persona del Estado y de éste a su vez al partido dominante. La Unión Europea, que sus grandes creadores imaginaron como un modo de ser y de perdonar, buscando la reconciliación entre las naciones, sin resentimientos a causa de un pasado que debe servir de lección pero no de rencor, parece absorberse únicamente en las preocupaciones económicas. No es que éstas carezcan de importancia, pero es imprescindible invertir los términos volviendo a la doctrina moralizante del cristianismo. La célula social por excelencia es la familia, no el Estado, y los bienes materiales, sin dejar de ser bienes, son únicamente medios al servicio del hombre. Ahora presentamos como un gran logro la consolidación de una empresa que garantiza grandes ganancias pero deja sin trabajo, es decir, sin la propiedad mínima que permite sostener a una familia, a miles de personas. Y a esto lo llamamos progreso.
Luis Suárez es miembro de la Real Academia de la Historia. Publicado en La Razón – 20.VII.MMX
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SUFRE UNA FIBROMATOSIS EXTRAABDOMINAL AGRESIVA

la religiosa Sor Carmen BONILLA
62 años de edad, 20 tumbada boca abajo, 43 veces operada...y feliz
Una religiosa de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana en Valencia, Carmen Bonilla, asegura que su enfermedad «con la ayuda de Dios, hace que pueda ser feliz». «En realidad me ha dado una paz y una felicidad como nunca antes había sentido».

Por Eduardo Martínez/Avan 15.VI.MMX
La religiosa Carmen Bonilla, perteneciente a la congregación Hermanas de la Caridad de Santa Ana en Valencia, de 62 años de edad y que permanece desde hace veinte tumbada boca abajo a consecuencia de una fibromatosis extraabdominal agresiva, ha afirmado, en declaraciones a la agencia AVAN, que «mi enfermedad, con la ayuda de Dios, hace que pueda ser feliz».
Según ha explicado, su dolencia le ha enseñado a «valorar y disfrutar mucho más todo lo que tengo», así como a «poder vivir no centrada en mí misma, como cuando estaba sana, sino pensando en los demás, ayudándoles en todo lo que puedo», lo que «en realidad me ha dado una paz y una felicidad como nunca antes había sentido». Todo ello «no sería posible si Dios y la Virgen no me ayudaran a superar los malos momentos».
Por eso, «en cierto modo esta enfermedad, pese a ser dura, es lo mejor que me ha pasado en la vida, así que doy gracias a Dios por permitir que la tenga», ha subrayado la religiosa, que es natural de Sevilla y permanece en Valencia desde hace más de cuarenta años.
Carmen Bonilla ha sido operada en 43 ocasiones para que le extirpen los numerosos quistes que periódicamente aparecen en la zona de sus glúteos y para cerrarla después con injertos de su propia carne. Además, su coxis ha sido parcialmente «cortado» y, a consecuencia de una herida crónica en él, que necesita todavía de curas todas las semanas, debe permanecer boca abajo de forma permanente. Por todo ello, su cuerpo está paralizado de cintura para abajo y, de hecho, la religiosa sufre una «invalidez permanente absoluta», según consta en su historial médico.
Las muñecas para el Tercer Mundo - Aun así, Bonilla puede incorporarse sobre sus antebrazos y mover con soltura las extremidades superiores. Gracias a ello, la religiosa lee a diario, come por ella misma y realiza muñecas de tela que después ofrece a cambio de donativos para personas sin recursos del Tercer Mundo a través de la fundación Juan Bonal, dependiente de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana. Igualmente, puede trasladarse por el convento en el que vive sobre una camilla de ruedas adaptada, que incluye una estructura de hierro rodeando sus piernas para evitar que las sábanas y las mantas le provoquen llagas.
Cuando con 33 años de edad comenzaron a aparecer los síntomas de su enfermedad, «me costó aceptarlo», ya que «sentía como si me hubieran cortado las alas o me hubieran partido por la mitad». En aquella época, la religiosa atendía a «niños de acogida» en un centro de su congregación en el barrio valenciano de Nazaret, lo que representaba para ella «una gran satisfacción», hasta el punto de que hoy día «es lo que más hecho en falta».
Desde entonces, además de su discapacidad y de «fuertes molestias» crónicas, ha pasado tres años con «dolores muy severos que casi no podía soportar» e incluso «durante una temporada tuve que estar permanentemente tumbada de lado porque tenía todo el abdomen pelado», lo que «reducía todavía más» su autonomía. «He llorado mucho, no entendía por qué me tenía que pasar esto», ha recordado.
Bonilla comenzó a aceptar su enfermedad a raíz de una peregrinación a Lourdes en el año 1992. «Era la primera vez que iba y, al ver a unos enfermos y discapacitados que llevaban su sufrimiento con sosiego y alegría, me pregunté dos cosas: ¿por qué no podía tener yo también una enfermedad como ellos? y ¿por qué no iba a poder afrontarla así de bien si se lo pedía a Dios y a la Virgen con fe?».
Desde entonces, la religiosa ha acudido todos los años al santuario francés. En las últimas ediciones, «ya no he pedido a Dios por mi curación, sino más bien por los sufrimientos de los demás», porque «yo ahora estoy en paz, pero sé que hay mucha gente que lo está pasando mal».
Bonilla ha añadido que, entre otros, «ofrezco también mi enfermedad al Señor especialmente por el Papa y mi congregación religiosa, por mi familia y, desde hace algún tiempo, también por las personas que se han quedado en paro con esta crisis».
La de Lourdes es la única salida al exterior que realiza la religiosa al cabo del año porque así lo desea ella misma, a pesar de que sus hermanas de congregación se ofrecen para acompañarla a otros lugares. El motivo es que «entonces tendrían que dejar de atender otras necesidades, y yo prefiero que hagan esas otras cosas». En las fiestas de Fallas, por ejemplo, las religiosas «me proponen llevarme» a ver algún monumento fallero, pero ella decide siempre quedarse en casa.
No obstante, en 2002 sus compañeras la acompañaron hasta la casa madre de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana en Zaragoza, como regalo por sus bodas de plata como religiosa. «Fue muy emocionante, porque allí profesé mis votos perpetuos y pude, además, visitar la basílica del Pilar», que es la patrona de la congregación.
Visitada por feligreses y alumnos - El testimonio de fe de la religiosa atrae desde hace años a grupos de feligreses y de estudiantes de parroquias y colegios valencianos. «Yo intento explicarles que hay que hacerse amigo de las cruces que cada uno tiene en su vida, porque si Dios las permite es porque con su ayuda podemos aceptarlas e incluso aprovecharlas para mejorar como personas, ser más felices y hacer más felices a los demás».
Asimismo, ayuda a sus visitantes a comprender que «lo importante no está en el tener sino en el ser». De hecho, a preguntas sobre la eutanasia o el aborto aplicados a personas con graves deficiencias físicas, responde que «la vida es digna siempre, porque lo digno es ser personas, independientemente de tener salud o no» y que «la vida la da Dios», por lo que «la muerte debe venir de forma natural, no provocada por nadie».
En una entrevista en la que se ha mostrado la mayor parte del tiempo sonriente, la religiosa se ha emocionado cuando ha recordado su infancia. Sus padres, «de condición humilde», murieron siendo menor de edad, por lo que ella y sus cinco hermanos tuvieron que ser tutelados por unos tíos e internados en un colegio de la localidad sevillana de Dos Hermanas regido por la misma congregación religiosa a la que ella pertenece.
Fue en esa escuela donde Bonilla comenzó a sentir su vocación a la vida religiosa. Antes incluso de ingresar en el centro escolar, se marchaba a escondidas de la casa de sus tíos para asistir a la primera misa de la mañana y «luego volvía corriendo a mi cama para que nadie notara que me había ido».
Ingresó en el instituto religioso en 1965. Sus primeros destinos fueron en la localidad valenciana de Utiel y en el Parque Colegio Santa Ana de Valencia. También ha estado en las casas de su congregación en Pilas (Sevilla) y Forcall (Castellón), entre otras.
En 1984, a consecuencia de su enfermedad, tuvo que ingresar en el hospital Casa de la Salud que su instituto religioso regenta en la ciudad de Valencia. «Entonces entré por mi propio pie, apoyada en un bastón, pero la enfermedad fue cada vez a más» y a los pocos años le obligó a permanecer en la cama tumbada boca abajo.
La religiosa ha pasado más de veinte años en la habitación 414 del centro hospitalario. El pasado mes de octubre, ella misma solicitó el cambio a la casa de la congregación que hay anexa a la clínica. Su petición obedeció a que, «a pesar de que allí tenía muchos amigos y estaba a gusto, no podía hacer vida de comunidad, y yo entré a la congregación para esto, para estar junto a mis hermanas». Pese a que la adaptación a su nuevo destino «conlleva también sus pequeñas dificultades», ha asegurado que se siente «contenta» y que «aquí me tratan también muy bien y sigo recibiendo la ayuda de mis hermanas de sangre y de congregación».
Bonilla se despierta todas las mañanas a las 5.30 horas para rezar. Después, participa en la misa, siguiéndola a través de un altavoz que hay en su habitación. Los domingos, sin embargo, se traslada por ella misma con su camilla hasta la capilla para la eucaristía. Por las tardes, se une también en la capilla a su comunidad religiosa para adorar al Santísimo. Y en otros momentos del día, visita el santuario a solas. «Me gusta estar allí con poca luz, en intimidad con el Señor», ha comentado. «Necesito la oración para vivir; sin ella no sería nada», ha remarcado.
Una de sus principales «inspiraciones» para afrontar su situación es «la Pasión de Nuestro Señor, porque Él, siendo Dios, quiso sufrir voluntariamente hasta la muerte por el amor que nos tiene a todos».
http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=9322
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