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Alrededor del año 58 de nuestra era vivían en Jerusalén varios miles de judíos creyentes, miembros de la Iglesia Católica recién fundada por Jesucristo que le ordenó ser “Católica y catolizante”. Así lo afirmaban los responsables de la Iglesia a Pablo: "Ya ves, hermano, cuantos miles de judíos son ahora creyentes y todos son fieles observantes de la Ley" (Hch 21,20).
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San Siricio AÑO 334 + 399 - (384-399) Nació en Roma. Elegido el 15.XII.384, murió el 26.XI.399. El primero después de San Pedro que adoptó el título de Papa del griego "Padre". Otros dicen que deriva del anagrama de la frase "Petri-Apostoli-Potestatem-Accipens". Apoyó la necesidad del celibato para los sacerdotes y diáconos.
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«Iglesia católica» Hacia los años 90 e inicios del 100 (siglo II) el nombre de católicos (la expresión «Iglesia católica» aparece por vez primera en Ignacio de Antioquía) está difundido por todas partes para designar a los miembros de la Iglesia «grande» y diferenciarlos de las comunidades menores de los herejes.
Κα8ολικος [kazolikós (pronunciando th como en inglés, o como la z española), que significa universal].
En los tres primeros siglos de la Iglesia, los cristianos decían "cristiano es mi nombre, católico mi sobrenombre". Y así se usó el término "Católica", para distinguirse de quienes se hacían llamar cristianos, pero habían caído en herejías. Y así sellaban la universalidad de la salvación en Cristo Jesús Redentor.
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Las cuatro notas de la Iglesia son las siguientes:
Unidad: Cristo Jesús fundó una sola Iglesia, que tiene un único fin, la salvación del hombre, y un único objetivo, dar gloria a Dios; por tanto, la Iglesia esta llamada a la unidad en la Fe, en el Culto y en el gobierno.
Santidad: la Iglesia, a pesar de los fallos y faltas de cada uno de los creyentes que aún peregrinan en la Tierra, es en sí misma santa pues Santo es su fundador y santos son sus fines y objetivos.
Catolicidad: con el significado de "universal" la Iglesia es Católica en cuanto busca anunciar la Buena Nueva y recibir en su seno a todos los seres humanos, de todo tiempo y en todo lugar; dondequiera que se encuentre uno de sus miembros, allí está presente la Iglesia.
Apostolicidad: la Iglesia fue fundada por Cristo-piedra angular-sobre el fundamento de Pedro- Cabeza de los Apóstoles, y constituyendo en autoridad y poder a todo el Colegio Apostólico; Pedro y los demás Apóstoles tienen en el Papa –Obispo de Roma- y los Obispos a sus sucesores, que ejercen la misma autoridad y el mismo poder que en su día ejercieron los primeros, proveniente directamente de Cristo.
Con el pontificado del Papa Dámaso (366-384) es cuando -por vez primera- se llama a la Iglesia de Roma, con sede sobre la tumba del apóstol Pedro en la colina vaticana, «Sede apostólica». Y hace 2000 años que la historia certifica la Iglesia.
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Sabía Usted esto? - Habría que añadir que el Vaticano no es parte de las 7 colinas (Capitolio, Aventino, Quirinal, Viminal, Celio, Palatino y Esquilino), y que esta denominación a la ciudad de Roma se remonta al historiador Varrón.
En Roma hay más de 7 colinas, como el Pincio, el “colle Oppio”, el mismo Janículo...
El estado de la ciudad del Vaticano nace hacia 1929. El Vaticano en la antigüedad pertenecía a la ciudad etrusca de Vejo y no estaba incluido en la muralla serviana ni tampoco en la remodelación que realizaron siglos después Probo y Aureliano.
En el Vaticano, que entonces era el famoso circo de Cayo Calígula y luego de Nerón, está sepultado San Pedro, así como al lado de la vía Ostiense lo está San Pablo...
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Hace más de 1.800 años, dieciocho siglazos, la Iglesia Católica tuvo ya su primer papa africano, Victor I
Estados Unidos, con 18 siglos de retraso
Ayer, la mayoría de los titulares de los periódicos norteamericanos y de buena parte del mundo se felicitaban por el logro que suponía el primer Presidente negro del país. No es de extrañar, ya que Estados Unidos tiene, por su Historia particular, una especial sensibilidad con respecto al tema del racismo que raya con la obsesión.
El propio Arzobispo de Atlanta, Monseñor Gregory, también él de raza negra y primer presidente de esta raza de la Conferencia Episcopal Norteamericana, comparaba a Obama con el primer hombre que puso el pie en la luna. Ante las preguntas de los periodistas, dio a entender que ahora ya no sería raro que hubiera un día un papa negro, como si la elección de los norteamericanos pudiera animar a la Iglesia a dar un paso valiente en ese sentido.
Con todo el respeto del mundo, creo que al Arzobispo le vendría bien repasar la Historia de la Iglesia. Hace más de 1.800 años, dieciocho siglazos, la Iglesia Católica tuvo ya su primer papa africano, Victor I. Después y para que no parezca una casualidad, tuvo otros dos, en el siglo IV (el papa Melquiades, conocido por el sobrenombre de “El Africano") y en el siglo V (el papa Gelasio I). Me atrevo a decir que si no ha habido más papas africanos desde entonces es por causa del Islam, que conquistó todo el Norte de África, arrasando la floreciente cristiandad norteafricana y reduciendo los católicos africanos a un número reducidísimo hasta hace muy poco.
Por cierto, los tres papas africanos fueron santos, lo cual, desde nuestro punto de vista, es algo mucho más importante que ser papa. De los treinta y tres Doctores de la Iglesia, tres fueron también africanos (S. Agustín, S. Atanasio y S. Cirilo) y seis asiáticos.
Dice mucho sobre la Iglesia Católica que las crónicas no consideraron importante especificar si estos pontífices eran blancos como la leche, morenos (como yo), bastante bronceados (como Obama) o negros como la tinta china. Para los católicos, el Bautismo borra todas las diferencias entre los hombres, haciéndolos hijos de Dios. Por borrar, ha borrado hasta el muro que separaba el Cielo de la Tierra, así que ¿cómo no va a ir más allá de naderías como la raza, la nacionalidad o la lengua? Me da igual que el próximo papa sea blanco, negro, amarillo o azul, mientras tenga puestos los ojos en Dios y se deje guiar por él.
Entiendo que a los norteamericanos, les alegre ver que hoy, en su país, sucede algo que hace cincuenta años hubiera parecido imposible: que haya un Presidente de raza negra. Por su Historia, necesitan estas cosas. Cuando se visitan las haciendas de los “padres de la patria” norteamericanos como Washington o Jefferson, es difícil no estremecerse al escuchar las terribles condiciones en las que vivían los esclavos de estos “grandes hombres", hacinados, despreciados y vendidos como animales. No es extraño que consideren que es un gran avance que hoy se siente un negro en el Despacho Oval.
Creo, sin embargo, que los norteamericanos harían bien en mirar ese “logro” con cierta dosis de humildad y darse cuenta de los dieciocho siglos de retraso que llevan con respecto al primer papa africano. Que se elija a un Presidente negro es una buena señal de que los Estados Unidos han avanzado en la lucha contra el racismo. Que nadie consiga recordar cuál era la raza de un papa es la señal de que verdaderamente se ha conseguido la victoria en esa lucha, porque ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos somos uno en Cristo Jesús. 07.11.2008
http://religionenlibertad.com/blog/index.php?blog=10&p=1624&more=1&c=1&tb=1&pb=1#more1624
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Victor I – año 189 – 198; San Jerónimo (350? – 420) hace larga referencia de este Pontífice.
Melquíades ó Milcíades I – (2 de julio 311 – 10 enero 314). Pocos meses antes de su elección el emperador Galerio había publicado una Ley (30 de abril del 311) que reconocía por primera vez a los cristianos el derecho de profesar su religión «a condición que no hagan nada contra el orden establecido».
Melquiades, porque sin perjuicio de la africanidad de todos los citados a éste se le destaca su condición de africano.Tal vez solo quería destacarse su origen,pues su nombre es griego,y significa "de tez roja".
Gelasio I – (1º de marzo 492 – 21 noviembre 496). Fue tan importante para la vida de la Iglesia como San León Magno, a pesar que reinó poco tiempo. Con él, por primera vez se redactó entonces un Liber Censuum que permitía conocer todas las rentas a disposición de la Sede Apostólica. Suprimió la última reliquia de las fiestas paganas, las Lupercalia, degeneradas en un grosero carnaval.
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Los tres ´Papas´ eran -casi cierto- de la provincia romana de "África", que abarcaba lo que hoy es Libia, Túnez y Argelia, más o menos. Tal vez no se conocen las ciudades exactas en las que nacieron. La expansión del cristianismo hacia el sur en África, dificultada al principio por el impenetrable desierto del Sahara se hizo imposible debido a la conquista musulmana. Más al sur sólo había cristianismo en Etiopía, que estaba muchísimo más aislada y pertenecía al ámbito oriental.
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Por cierto, aquellos Pontífices, ¿eran negros?... pues bien podrían ser africanos pero de tez clara. Es pura curiosidad. Aunque seguramente, ese dato no esté registrado por ser poco significativo.
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Que sepamos, ningún cronista habla del color de su piel, precisamente porque era algo que no les importaba en absoluto a los cristianos de la época. Lo más probable, se supone, es que fueran "bastante bronceados" como diría Berlusconi (primer ministro italiano XI.2008); pues por aquella zona había bastante mezcla de numidas*, que debían ser muy oscuros, con antiguos cartagineses, romanos y un enorme batiburrillo de pueblos y tribus.
* una región del África antigua
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¿Cómo sabemos que
Pedro fue el primer Papa?
Responde Miguel Angel Fuentes - IVE.
Tomado de El Teólogo responde
Agradecemos a la fuente.
Quisiera saber... acerca de la veracidad de que San Pedro estuvo en Roma y fue el primer papa y cómo podría yo decirles o demostrar que esto es cierto a quienes lo cuestionan.
Estimada:
1. El Primado de Pedro
a) El dogma
Cristo constituyó a1 apóstol San Pedro cómo primero entre los apóstoles y como cabeza, visible de toda la Iglesia, confiriéndole inmediata y personalmente el primado de jurisdicción. Para los católicos esto es una verdad de fe.
El concilio Vaticano I definió (cf. Dz 1823) y lo repitió con fuerza el Concilio Vaticano II (Lumen gentium, n.18).
La cabeza invisible de la Iglesia es Cristo glorioso. Pedro hace las veces de Cristo en el gobierno exterior de la Iglesia militante, y es, por tanto, vicario de Cristo en la tierra.
Se oponen a este dogma la Iglesia ortodoxa griega y las sectas orientales, algunos adversarios medievales del papado (Marsilio de Padua y Juan de Jandun, Wicleff y Hus), todos los protestantes, los galicanos y febronianos, los Viejos Católicos (Altkatholiken) y los modernistas. Según la doctrina de los galicanos (E. Richer) y de los febronianos (N. Hontheim), la plenitud del poder espiritual fue concedida por Cristo inmediatamente a toda la Iglesia, y por medio de ésta pasó a San Pedro, de suerte que éste fue el primer ministro de la Iglesia, designado por la Iglesia (“caput ministeriale”). Según el modernismo, el primado no fue establecido por Cristo, sino que se ha ido formando por las circunstancias externas en la época postapostólica (Dz 2055 s).
b) Fundamento bíblico
Cristo distinguió desde un principio al apóstol San Pedro entre todos los demás apóstoles. Cuando le encontró por primera vez, le anunció que cambiaría su nombre de Simón por el de Cefas = roca: “Tú eres Simón, el hijo de Juan [según la Vulgata: de Jonás]; tú serás llamado Cefas (Jn 1,42; cf. Mc 3,16). El nombre de Cefas indica claramente el oficio para el cual le ha destinado el Señor (cf. Mt 16, 18). En todas las menciones de los apóstoles, siempre se cita en primer lugar a Pedro. En Mt se le llama expresamente “el primero” (Mt 10,2). Como, según el tiempo de la elección, Andrés precedía a Pedro, el hecho de aparecer Pedro en primer lugar indica su oficio de primado. Pedro, juntamente con Santiago y Juan, pudo ser testigo de la resurrección de la hija de Jairo (Mc 5, 37), de la transfiguración (Mt 17, 1) y de la agonía del Huerto (Mt 26, 37). El Señor predica a la multitud desde la barquilla de Pedro (Lc 5, 3), paga por sí mismo y por él el tributo del templo (Mt 17, 27), le exhorta a que, después de su propia conversión, corrobore en la fe a sus hermanos (Lc 22, 32); después de la resurrección se le aparece a él solo antes que a los demás apóstoles (Lc 24, 34; 1 Cor 15, 5).
A San Pedro se le prometió el primado después que hubo confesado solemnemente, en Cesarea de Filipo, la mesianidad de Cristo. Díjole el Señor (Mt 16, 17-19): “Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás, porque no es la carne ni la sangre quien eso te ha revelado. sino mi Padre que está en las cielos. Y yo te digo a ti que tú eres Pedro [= Cefas], y sobre esta roca edificaré yo mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos”.
Estas palabras se dirigen inmediata y exclusivamente a San Pedro. Ponen ante su vista en tres imágenes la idea del poder supremo en la nueva sociedad que Cristo va a fundar. Pedro dará a esta sociedad la unidad y firmeza inquebrantable que da a una casa el estar asentada sobre roca viva; cf. St 7,24 y siguientes. Pedro ha de ser también el poseedor de las llaves, es decir, el administrador del reino de Dios en la tierra; cf. Is 22,22; Apoc 1,18; 3,7: las llaves son el símbolo del poder y la soberanía. A él le incumbe finalmente atar y desatar, es decir (según la terminología rabínica): lanzar la excomunión o levantarla, o también interpretar la ley en el sentido de que una cosa está permitida (desatada) o no (atada). De acuerdo con Mt 18,18, donde se concede a todos los apóstoles el poder de atar y desatar en el sentido de excomulgar o recibir en la comunidad a los fieles, y teniendo en cuenta la expresión universal (“cuanto atares... cuanto desatares), no es lícito entender que el pleno poder concedido a San Pedro se limita al poder de enseñar, sino que resulta necesario extenderlo a todo el ámbito del poder de jurisdicción. Dios confirmará en los cielos todas las obligaciones que imponga o suprima San Pedro en la tierra.
Contra todos los intentos por declarar este pasaje (que aparece únicamente en San Mateo) como total o parcialmente interpolado en época posterior resalta su autenticidad de manera que no deja lugar a duda. Asta se halla garantizada, no sólo por la tradición unánime con que aparece en todos los códices y versiones antiguas, sino también por el colorido semítico del texto, que salta bien a la vista. No es posible negar con razones convincentes que estas palabras fueron pronunciadas por el Señor mismo. No es posible mostrar tampoco que se hallen en contradicción con otras enseñanzas y hechos referidos en el Evangelio.
El primado se lo concedió el Señor a Pedro cuando, después de la resurrección, le preguntó tres veces si le amaba y le hizo el siguiente encargo: “Apacienta mis corderos, apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas” (Jn 21,15-17). Estas palabras, lo mismo que las de Mt 16,18s, se refieren inmediata y exclusivamente a San Pedro. Los “corderos” y las “ovejas” representan todo el rebaño de Cristo, es decir, toda la Iglesia; cf. Jn 10. “Apacentar”, referido a hombres, significa lo mismo que gobernar (cf. Act 20,28), según la terminología de la antigüedad profana y bíblica. Pedro, por este triple encargo de Cristo, no quedó restaurado en su oficio apostólico (pues no lo había perdido por su negación), sino que recibió el supremo poder gubernativo sobre toda la Iglesia.
Después de la ascensión a los cielos, Pedro ejerció su primado. Desde el primer momento ocupa en la comunidad primitiva un puesto preeminente: Dispone la elección de Matías (Act 1,15ss); es el primero en anunciar, el día de Pentecostés, el mensaje de Cristo, que es el Mesías muerto en la cruz y resucitado (2,14 ss); da testimonio del mensaje de Cristo delante del sanedrín (4,8 ss); recibe en la Iglesia al primer gentil: el centurión Cornelio (10,1 ss); es el primero en hablar en el concilio de los apóstoles (15,17 ss); San Pablo marcha a Jerusalén “para conocer a Cefas” (Gal 1,18).
c) El testimonio de los padres de la Iglesia.
Los padres, de acuerdo con la promesa bíblica del primado, dan testimonio de que la Iglesia está edificada sobre Pedro y reconocen la primacía de éste sobre todos los demás apóstoles. TERTULIANO dice de la Iglesia: “Fue edificada sobre él” (De monog. 8). SAN CIPRIANO dice, refiriéndose a Mt 16,18s: “Sobre uno edifica la Iglesia” (De unit. eccl. 4). CLEMENTE DE ALEJANDRÍA llama a San Pedro “el elegido, el escogido, el primero entre los discípulos, el único por el cual, además de por sí mismo, pagó tributo el Señor” (Quis dives salvetur 21,4). SAN CIRILO DE JERUSALÉN le llama “el sumo y príncipe de los apóstoles” (Cat. 2, 19). Según SAN LEÓN MAGNO, “Pedro fue el único escogido entre todo el mundo para ser la cabeza de todos los pueblos llamados, de todos los apóstoles y de todos los padres de la Iglesia” (Sermo 4,2).
En su lucha contra el arrianismo, muchos padres interpretan la roca sobre la cual el Señor edificó su Iglesia como la fe en la divinidad de Cristo, que San Pedro confesara, pero sin excluir por eso la relación de esa fe con la persona de Pedro, relación que se indica claramente en el texto sagrado. La fe de Pedro fue la razón de que Cristo le destinara para ser fundamento sobre el cual habría de edificar su Iglesia.

Vaso romano en cristal de roca-años ca.64/67-
periodo Pedro muere crucificado en Roma.
2. Pedro y Obispo de Roma y Primer Papa
Una antigua tradición basada en los anales de la Iglesia y de la Arqueología romana nos indica que Pedro muere en Roma, donde fue Obispo. Este es el origen de la Preeminencia del Obispo de Roma sobre los demás Obispos sucesores de los Apóstoles.
Tiene fundamento escriturístico en el texto de 1Pe 5,13: “La Iglesia que está en la Babilonia, elegida juntamente con vosotros, y Marcos mi hijo, os saludan”.
La expresión “Babilonia” se refiere a Roma, como notan todos los exégetas: “casi todos los autores antiguos y la mayor parte de los modernos ven designada en esta expresión a la Iglesia de Roma... El nombre de Babilonia era de uso corriente entre los judíos cristianos para designar la Roma pagana. Así es llamada también en el Apocalipsis (14,8; 16,19; 17,15; 18,2.10), en los libros apócrifos y en la literatura rabínica. La Babilonia del Eufrates, que en tiempo de San Pedro era un montón de ruinas, y la Babilonia de Egipto, pequeña estación militar, han de ser excluidas” (José Salguero, O.P., Biblia Comentada, tomo VII, BAC, Madrid 1965, p. 145).
Esto lo reconocen incluso los autores protestantes serios. Por ejemplo, Keneth Scott Laturet, prestigioso historiador, escribe en su libro “Historia de la Iglesia” (Tomo I, p. 112, Ed. Casa Bautista de Publicaciones) dice: “Pedro viajaba, porque sabemos estuvo en Antioquía, y lo que parece una tradición digna de confianza, sabemos que estuvo en Roma y allí murió”.
La Enciclopedia Británica, tomo IX, p. 123 da la referencia de todos los Obispos de Roma comenzando por San Pedro y terminando por Juan Pablo II, 264 Obispos en sucesión ininterrumpida.
La “New American Encyclopedia” dice en su sección sobre los Papas “Cuando San Pedro dejó Jerusalén vivió por un tiempo en Antioquia antes de viajar a Roma donde ejerció como Primado”.
Muy fuerte es también el testimonio de la tradición que manifiesta la enorme importancia que tuvieron los primeros Obispos de Roma sobre la naciente Cristiandad, justamente por ser sucesores de Pedro. Así, por ejemplo, en el año 96, o sea 63 años después de la muerte de Cristo, ante un grave conflicto en la comunidad de Corintios, quien tomó cartas par poner orden fue el Obispo de Roma, el Papa Clemente, y esto a pesar de que en ese tiempo todavía vivía el Apóstol Juan en la cercana ciudad griega de Efeso. Sin embargo fue una carta de Clemente la que solucionó el problema y aun doscientos años después de este hecho se leía esta carta en esa Iglesia. Esto solo es explicable por la autoridad del sucesor de Pedro en la primitiva Iglesia.
Ireneo, Obispo de Lyon, y Padre de la Iglesia de la segunda generación después de los Apóstoles escribía pocos años despues: “Pudiera darles si hubiera habido espacio las listas de Obispos de todas las Iglesias, mas escojo solo la línea de la sucesión de los Obispos de Roma fundada sobre Pedro y Pablo hasta el duodécimo sucesor hoy”.
Según el primer historiador de la Iglesia, Eusebio de Cesarea (año 312), esta sucesión es una señal y una seguridad de que el Evangelio ha sido conservado y transmitido por la Iglesia Católica.
Agradecemos vivamente al autor y a la fonte: Responde Miguel Angel Fuentes

Pintura románica presentando a San Pedro con llaves en mano.
“La Iglesia Católica, la Santa Iglesia de los pecadores. La magnifica obra de la mano del Señor, en su misericordioso trabajo por transformar a los pecadores en santos.” (Dr. Sánchez Rojas Prof. de Teología).
Cuando uno va a un museo y contempla una obra maestra, admira la obra pero más admira al autor. Amo a la Iglesia como la obra magnifica que es, pero más amo al Artista… Dios mismo. Glorifiquemos al Señor con nuestras vidas.
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San Pedro - Roma.
Jesucristo es la piedra angular
El Papa recuerda que Cristo es el único fundamento sobre el que se construye la Iglesia
En su alocución antes del rezo mariano del Ángelus, el Papa recordó que que la comunidad cristiana está formada por todos los cristianos cuales piedras vivas y que está fundada sobre su piedra angular, el Señor Jesús. “El templo de ladrillos es símbolo de la Iglesia viva, la comunidad cristiana que desde los Apóstoles Pedro y Pablo, en sus cartas, era el ‘edificio espiritual’, construido por Dios con las ‘piedras vivas’ que son los cristianos, sobre el único fundamento que es Jesucristo”, dijo el Pontífice haciendo referencia al Evangelio dominical. 09.XI.MMVIII
(ACI) Asimismo agregó que “la belleza y la armonía de las iglesias, destinadas a dar gloria a Dios, invitan a nosotros humanos, limitados y pecadores, a convertirnos para formar un ‘cosmos’, una construcción bien ordenada en estrecha comunión con Jesús, que es el verdadero Santo de los Santos”.
“Esto –prosiguió el Papa– se realiza en modo culminante en la liturgia eucarística en la que la ‘ecclesia’, es decir la comunidad de los bautizados, se encuentra reunida para escuchar la Palabra de Dios y para nutrirse del Cuerpo y Sangre de Cristo. Aquí la Iglesia de piedras vivas se edifica en la verdad y en la caridad y vive interiormente plasmada por el Espíritu Santo transformándose en aquello que recibe, conformándose cada vez más al Señor Jesús”.
Más adelante, el Pontífice resaltó que “la fiesta de hoy celebra un misterio siempre actual: que Dios quiere edificarse en el mundo un templo espiritual, una comunidad que lo adore en espíritu y verdad. Pero esto nos recuerda también la importancia de los edificios materiales, en los que las comunidades se reúnen para celebrar las alabanzas a Dios. Cada comunidad tiene el deber de custodiar con cuidado los propios edificios sagrados, que constituyen un precioso patrimonio religioso e histórico”.
La Iglesia celebra hoy la Dedicación de la Basílica Lateranense, llamada "madre y cabeza de todas las iglesias del mundo". “Esta Basílica –dijo el Papa– fue la primera en ser construida tras el edicto del emperador Constantino que, en el 313, concedió a los cristianos la libertad de practicar su religión. El mismo emperador donó al Papa Melquiades la antigua propiedad de su familia, los Lateranenses, e hizo edificar la Basílica, el Baptisterio y el Patriarcado, es decir la residencia del Obispo de Roma, donde los Papas vivieron hasta el periodo de Aviñón".
"La dedicación fue celebrada por el Papa Silvestre hacia el 324 y el templo fue intitulado al Santísimo Salvador; solo después del VI siglo se agregaron los títulos de los Santos Juan Bautista y Juan Evangelista. Honorando el edificio sagrado, se busca expresar amor y veneración por la Iglesia romana que, como afirma San Ignacio de Antioquía, ‘preside en la caridad’ de la entera comunión católica”.
Publicado el 9 Noviembre 2008 - 11:38pm
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Cruz invertida, símbolo del apóstol Pedro (junto a Pablo aqui vemos) Willem VRELANT - Flemish, Bruges, early 1460s 10 1/16 x 6 13/16 in. - MS. LUDWIG IX 8, FOL. 74V-Getty
“El que a vosotros escucha, a mí me escucha” (Lc 16,10).
“fidem custodire, concordiam servare”»,
custodiar la fe, conservar la concordia.
El «profesor Ratzinger»
ha convertido a la Iglesia Católica
‘el mayor baluarte de la razón’
«Las masas de fieles que acuden a cada una de sus apariciones públicas parecen compuestas de gente que llega, no para emocionarse, sino para aprender, casi para asistir a la lección de un maestro» Vittorio MESSORI
«Es urgente encontrar nuevos caminos que ayuden a Occidente a salir de la dramática crisis de cultura e identidad que ya se extiende ante nuestros ojos». ¡Que nadie olvide el mito inquietante de Ícaro! Así se expresó Benedicto XVI en la Lateranense, «su» universidad, la pontificia por excelencia. ¿Acaso después de las alertas de Verona, el Papa vuelve a ponernos en guardia con nuevas denuncias sobre nuestro tiempo y su cultura? Ninguna cesión al género de la invectiva desiformada. No pretendo que todos concuerden con las perspectivas del Papa. Sólo faltaba. Quisiera, sin embargo, invitar a una reflexión a quien sacuda la cabeza y quiera pasar página, molesto, pensando en el típico rollo clerical, en las habituales condenas curiles a la malignidad de los tiempos. No se trata de hacer una cesión a la apologética católica, es un hecho que la honestidad exige reconocer. No hay Papa «inexperto» Ninguno de los papas que han pasado por la vida de alguien que tenga hoy unos sesenta años podría ser definido como «inexperto», como un sacerdote falto de cultura profunda y sólida experiencia humana. ¿Cómo vamos a meter en semejante categoría a un Pacelli, un Roncalli, un Montini o un Wojtyla? El destino ha querido que el mundo no tuviera tiempo de conocer a fondo a Albino Luciani, pero quien ha estado a su lado sabe la riqueza que se encerraba tras aquel «look» de buen párroco rural. Además -ampliando la perspectiva para escarnio de los pesimistas que ven decadencia por todas partes- sigue siendo válida la observación del padre Hubert Jedin, uno de los mayores historiadores del siglo XX. Observaba el estudioso que, tras la sanguinaria purificación de la Revolución francesa y del Imperio Napoleónico, la nómina de papas que se sucedieron a continuación durante dos siglos hasta nuestros días, no cuenta con un sólo nombre que no sea digno de ser inscrito en el catálogo de beatos o de santos. En efecto, para alguno de ellos aquella glorificación es ya una realidad; para otros, los procesos están en curso todavía. Volviendo a Jedin, semejante desfile ininterrumpido de hombres tan dignos no encuentra parangón en la historia del Pontificado. Aún desde el disenso, ni el más faccioso de los anticlericales podría sostener que Benedicto XVI vaya a interrumpir esta sucesión, que un creyente no duda en juzgar como providencial. El Papa bávaro, por otra parte, añade un prestigio intelectual que no faltaba en sus predecesores, pero que en él parece ser la marca misma del Pontificado. Si recordamos a su venerado Juan Pablo II, había en él tal riqueza de dones y virtudes que lo convierten en una suerte de «unicum», como da fe la impresionante reacción de masas que siguió a su muerte. Entre tantas cualidades de Karol Wojtyla, la cultura -aunque siempre presente- no era más que un aspecto entre muchos de una personalidad extraordinariamente poliédrica. En Ratzinger, en cambio, el instinto popular siente prevalecer la figura del «profesor». Las masas de fieles que acuden a cada una de sus apariciones públicas parecen compuestas de gente que llega no para emocionarse, sino para aprender, casi para asistir a la lección de un profesor sabio y al tiempo generoso, que desmenuza y ofrece su ciencia a quien no la tiene. Éste es un Papa que quien lo escucha toma apuntes en un cuaderno para poder reflexionar más tarde y más comodamente sobre tan densas palabras. Sorprendido, lo he constatado personalmente. Conocer el mundo laico Más allá de estas reacciones de creyentes, más que significativas, lo que llega de este hombre es el pensamiento de un pontífice que llega de una cátedra de una universidad estatal, para más inri de un país como Alemania, donde la sacralidad de la «Kultur» hace implacable el sistema de selección académica. En él, la búsqueda teológica llega siempre entrelazada con un conocimiento de primera mano del mundo intelectual laico. El Papa Ratzinger nunca cede al género de la invectiva, tan rencorosa como desinformada, hacia los «pecados del mundo» o los «riesgos de la incredulidad». Nada en él suena a retórica eclesial. Sabe lo que dice, y lo argumenta, este líder de una Iglesia que parece haberse convertido en el mayor baluarte de la razón. Que, en definitiva -se esté o no de acuerdo-, sus advertencias son siempre examinadas con atención. Una cierta suficiencia, laicista más que laica, cierto «dejémosle que diga, cumple con su obligación de Papa», ¿no declinan la ocasión preciosa de enfrentarse, no con prédicas emotivas, sino con verdaderos análisis? Traducción: Mar Velasco - 2006-10-25
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Antiquísima imagen de San Pedro como Obispo de Roma
Pedradas a San Pedro
Pedradas a San Pedro
Siempre Fiel
Nadie ha dicho jamás que la vida es fácil. El optimista dice que las cosas no pueden ser mejores...y el pesimista teme que sea verdad. Pero uno y otro constatan a diario que la llanta se poncha, la luz se va, el hijito se pone mal, el atole se quema, la suegra viene de visita, la lluvia estropea el paseo, etc... Ni modo. Ya lo decía la Biblia: "La vida del hombre es un combate continuo".
Lo que nunca he entendido es, siendo así las cosas, por qué hay personas que se empeñan en complicarse aún más la vida. Me refiero a esa gente que pone todo en duda, que buscan la sombra del foco encendido, que quieren arreglar lo que no está roto. Yo creo que ciertas cosas son en sí evidentes y que no hay que darle muchas vueltas.
O como dice el sabio de mi barrio: "Lo que está claro, está claro. ¿Me explico?".
Así vemos en muchas ocasiones cómo se inventan argumentos para cuestionar o confundir lo que realmente no tiene ningún misterio.
Eso pasa cuando no me gusta algo pero su verdad es tan grande que se me
impone. Y es muy peligroso cuando sucede en el campo de nuestra fe.
No tenemos por qué dudar de las doctrinas y tradiciones que hemos recibido. Podemos leer la Biblia y en la vida de Nuestro Señor Jesucristo encontrar un
camino claro para nuestras vidas.
Por eso hay que sospechar un poco de los que se nos acercan con la Biblia
en la mano para mostrarnos que nuestra fe está equivocada. Después
de 2000 años de fe católica, ¿mi hermano separado me va a decir que él
acaba de entender lo que la Biblia realmente dice?
¡los católicos no entienden!
Hace no mucho fui al Zócalo. Allí a poca distancia de la catedral me abordó
un señor de unos cincuenta años que se presentó como Adventista del
Séptimo Día. (Los que por ahí se dicen "sabatistas" o "sabáticos" por aquello
de que van al templo los sábados y no los domingos.) Yo no andaba de
padrecito, pero la cara la tengo medio católica y me preguntó:
"¿Es Ud. católico ROMANO?"
Imagínate el tono de voz que usarías para preguntarle a alguien ¿te estás
muriendo de SIDA? Pues así me sonó su pregunta. Cuando le dije que sí,
prosiguió:
"¿Me permite compartir con Ud. una luz de la Biblia que puede cambiar su vida?"
"¿Me permite compartir con Ud. una luz de la Biblia que puede cambiar su vida?"
Hombre, ¿qué más quisiera yo?...Y el buen misionero comenzó a mostrarme cita tras cita del libro del Apocalipsis de San Juan insistiendo que ’la gran ramera de Babilonia’ es en realidad la Iglesia ROMANA (¡!) y que ’la bestia’ y ’el anticristo’ y quién sabe cuántas cosas más son el Papa.
Ahí sí que le paré y le pregunté: ¿no se te hace un poco extraño el que Juan llamara al Papa el anticristo estando él mismo presente cuando Cristo nombró a Pedro el primer papa? El sabático sonrió compasivamente.
"Ya sé. Ud. está pensando en el pasaje de Mateo 16,18: ’Yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.’ Comprendo su confusión, pero es justo así como le ha engañado la Iglesia ROMANA."
¿Tú crees?
"Claro. El problema de los católicos es que no entienden la Biblia. No se dan cuenta de que los evangelios se escribieron en la lengua griega y para entenderlos correctamente hay que volver al sentido de las palabras en griego."
eso me suena a griego...
La frase de Jesús en Mateo 16 es tan contundente que las sectas o la saltan, o buscan la forma de cambiar su sentido obvio. No la pueden dejar como está porque entonces tendrían que reconocer que Cristo fundó una sola Iglesia en Pedro y que los papas que le han seguido en una cadena ininterrumpida desde aquel momento siguen siendo su piedra firme y segura. Este señor me echó el rollo que le habían enseñado.
"En griego la palabra para decir ’piedra’ es petra y significa una piedrota enorme. Pero el nuevo nombre que Cristo da a su amigo es la palabra griega petros que significa ’una piedrita pequeña’ como las que hay en la playa. Los católicos creen que Cristo estaba diciendo que la petra que es su iglesia y el petros que es su amigo son la misma cosa. Pero Ud. puede ver que en griego son cosas bien diversas y que Cristo nos está diciendo realmente qué lejos está el pobre, pequeño Pedro de ser lo que El, Cristo, la Roca, es. Esta frase de Cristo prueba lo contrario de lo que los católicos creen."
Estoy de acuerdo, le dije en que volvamos al griego, porque está mucho más cercano a la lengua que Jesús hablaba. Pero, ¿por qué parar allí? ¿Por qué no volvemos al arameo?
"¿Al qué?"
Sí, al arameo. Como buen estudiante de la Biblia sabes seguramente que el evangelio de Mateo se escribió primero en arameo, que fue la lengua común de la gente. Fue también la lengua que Jesús hablaba.
"¿No fue el griego?"
El griego fue la lengua de la cultura y del comercio de aquella época. Todo el mundo la entendía, aunque en los pueblos cada quien hablaba la propia lengua. Por eso la primera traducción del evangelio de Mateo fue al griego, para que todo el mundo, y no sólo los palestinos como Jesús y los apóstoles, lo pudieran entender. ¿Me explico?
Sabemos que Mateo escribió en su propia lengua aramea porque un historiador antiguo de aquellos tiempos, Eusebio de Cesarea, nos refiere el dato. Además, la traducción griega guarda algunas expresiones arameas de las que usaba Jesús. Las palabras de Jesús desde la cruz: ¡Elí, Elí, lam-ma sabacthani! Son palabras arameas y significan, ’Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’ (Mt.27,46).
Mira, es más, en las cartas de San Pablo (4 veces en Gálatas y 4 veces en 1Corintios) se conserva el nuevo nombre que Jesús dio a su amigo en el arameo original. La palabra es ’ke-fa’. ¿Qué significa kefa? Lo mismo que petra en griego: piedrota.
La palabra aramea para decir piedrita es evna, y Jesús no usa esa palabra. ¿Ves lo que te digo? En su lengua propia lo que Jesús dice a Pedro es: ’Tú eres kefa y sobre esta kefa edificaré mi Iglesia’. O sea, ’Ahora tú te llamarás ’piedra’ (Pedro, en español) porque en ti, como en una piedra, construiré mi Iglesia’. No son términos distintos, como en el griego.
Se quedó pensando un momento el amigo. Seguramente no son muchos los católicos que le responden con la misma Biblia que él usa como arma de ataque.
"Espera. Si es así, entonces ¿por qué se tradujo al griego con dos palabras (petra y petros) que tienen sentidos diversos?"
La palabra petra es femenina. Está bien para la segunda parte de la frase: y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Pero para conservar el juego de palabras en griego, había que ponerle una terminación masculina para el nuevo nombre de Pedro. ¿A poco Jesús le va a decir a su amigo ’tú eres Petra’? Da la casualidad que la palabra petros tiene el otro sentido de piedrita. Ciertamente es una imperfección en la traducción, pero el arameo no tiene la complicación de palabras masculinas y femeninas.
No sólo eso. En griego hay una palabra muy común para decir piedrita y seguramente la hubiera usado el traductor si fuera el sentido de la frase de Jesús. Esa palabra es lithos. Para decir lo que tú quieres hacerle decir a la frase sería mas bien: ’Tú eres lithos, y sobre esta petra edificaré mi Iglesia’. Pero no dice eso. ¿Me explico?
Ya que le había mareado completamente, el señor sonrió, vio su reloj y me dijo que le gustaría seguir hablando pero que tenía una cita en otra parte. No le detuve más.
Una de las doctrinas que más atacan nuestros hermanos separados es la autoridad que Cristo dio a Pedro al fundar su Iglesia en él. Nosotros sabemos que Jesucristo es la verdadera Piedra Angular del Reino de Dios sobre la tierra. Pero sabemos también que mientras esperamos su glorioso retorno, no nos ha dejado sin pastor.
Encomendemos mucho al Papa para que siga fiel a la pesada responsabilidad que Cristo le ha dado.
Agradecemos la fonte: http://www.catolicosecumenicos.com/
y al autor 2005-07-26
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Tumba del apóstol Pedro, crucificado en cruz invertida -cabeza abajo-
bajo Nerón 64/67ca. enterrado en la necrópolis que se encontraba
en la colina vaticana y hoy, sobre la cual se eleva la basílica majestuosa
y reverente a tan grande pastor ´el Obispo de Roma´ primado de la
Iglesia fundada por Cristo y al que diera sus llaves y protección.
Pedro y el Papado
Tomado de http://www.apologetica.org
Exégesis de Mateo 16:18.
Cortesía de Catholic Answers
Agradecemos a la fuente.
Tradujo el Pbro. Ramón Pons, de la República Dominicana, actualmente ejerciendo su apostolado en Fullerton, CA, USA.
En el Nuevo Testamento podemos encontrar amplia evidencia de que Pedro fue el primero en autoridad entre los apóstoles. Cada vez que los apóstoles son nombrados, Pedro encabeza la lista (Mateo 10:1-4, Marcos 3:16-19, Lucas 6:14-16, Hechos 1:13); algunas veces aparece solamente "Pedro y aquellos que estaban con él" (Lucas 9:32). Pedro era el primero que generalmente hablaba en nombre de los apóstoles (Mateo 18:21, Marcos 8:29, Lucas 12:41, Juan 6:69), y aparece en muchas escenas dramáticas (Mateo 14:28-32, Mateo 17:24, Marcos 10:28). En Pentecostés Pedro fue el primero que predicó a la multitud (Hechos 2:14-40), y fue Pedro quien realizó la primera curación milagrosa en la naciente Iglesia (Hechos 3:6-7). También fue a Pedro a quien vino la revelación de que los Gentiles fueran bautizados y aceptados como cristianos. (Hechos 10:46-48).
Su preeminente posición entre los apóstoles estaba simbolizada en el mismo principio de su relación con Cristo. En su primer encuentro, Cristo le dijo a Simón que su nombre sería cambiado a Pedro, que se traduce como Roca (Juan 1:42).
El hecho es que –aparte de la única vez que Abraham es llamado "roca" (Hebreo: sur; Arameo: Kefa) en Isaías 51:1-2– en el Antiguo Testamento solamente a Dios se le llamaba roca. En la antigüedad la palabra roca no era usada como nombre propio. Si usted se dirige a un compañero y le dice, "Desde ahora tu nombre es Espárrago," la gente se sorprenderá. ¿Por qué Espárrago? ¿Cuál es la intención de esto? ¿Qué es lo que esto significa? Desde luego, ¿Por qué llamar "Roca" a Simón el pescador? Cristo no estaba haciendo esto sin sentido, y tampoco los judíos cuando daban un nombre. Dar un nuevo nombre es cambiar la situación de la persona, como cuando el nombre de Abram fue cambiado a Abraham (Gen. 17:5), el de Jacob a Israel (Gen. 32:28), el de Eliacim a Joaquín (2 Reyes 23:34), o los nombres de los cuatro jóvenes hebreos –Daniel, Ananías, Misael, y Azarías– a Baltazar, Shidrack, Misack, y Abdenago (Dan. 1:6-8). Pero ningún judío había sido llamado Roca. Los judíos daban otros nombres tomados de la naturaleza, como Barak "relámpago," (Jueces 4:6), Deborah ("abeja," Gen. 35:8), y Raquel ("oveja," Gen. 29:16), pero no Roca. En el Nuevo Testamento Santiago y Juan fueron llamados por Cristo con el sobrenombre de Boanerges, que significa "Hijos del Trueno," pero este nombre nunca fue regularmente usado en lugar de su nombre original y ciertamente no era tomado como un nuevo nombre. Pero en el caso de Simon-bar-Jonas, su nuevo nombre Kefas (en griego: Petrus) definitivamente reemplazó el nombre viejo.
Miremos la escena
No solamente fue significante para Simón recibir un nuevo e inusual nombre, sino que también fue importante el lugar donde Jesús solemnemente cambió el nombre a Pedro. Esto sucedió cuando "Jesús vino a la ciudad de Cesárea de Filipo" (Mateo 16:13), una ciudad que Felipe el Tetrarca construyó en honor de Cesar Augustus, que había muerto en el año 14 D.C.
La ciudad estaba situada cerca de las cascadas en el río Jordán y cerca de un gigantesco muro de roca de unos 200 pies de alto y 500 pies de largo, que es parte de la falda sur del Monte Hermón. La ciudad no existe actualmente, pero sus ruinas están cerca de Banias, una pequeña ciudad árabe, y en la base del muro de roca puede encontrarse a su izquierda uno de los afluentes que alimentan el Jordán. Fue aquí donde Jesús se dirigió a Simón y le dijo: "Tú eres Pedro" (Mateo 16:18).
La significación de este hecho quedó bien clara a los otros apóstoles. Como judíos devotos ellos conocían que el lugar era verdaderamente importante para aquello que se estaba haciendo –cambiar el nombre a Simón– . Nadie acusó a Simón por haber recibido solamente él este honor, y en el resto del Nuevo Testamento es llamado por su nuevo nombre, mientras que Santiago y Juan siguieron llamándose Santiago y Juan, no Boanerges.
Promesas a Pedro
Cuando Él encontró por primera vez a Simón, "Jesús le miró, y dijo, «¿tú eres Simón el hijo de Juan? Te llamarás Kefas (que significa Pedro)»" (Juan 1:42). La palabra "Kefas" en griego es meramente la traducción literal de la palabra "Kefas" en arameo. Luego, después que Pedro y los otros discípulos estaban con Cristo ellos regresaron otra vez a Cesarea de Filipo, donde Pedro hizo su profesión de fe: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Vivo" (Mateo. 16:16). Jesús le dijo que aquello era una verdad especialmente revelada a él y luego, solemnemente reiteró: "Y yo te digo a ti, tú eres Pedro " (Mateo 16:18). Y a esto añadió la promesa de fundar la Iglesia, de algún modo, fundada sobre Pedro. (Mateo 16:18).
Entonces dos cosas muy importantes les fueron dada a los apóstoles: "Todo lo que ates en la tierra, será atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra será desatado en los cielos" (Mateo 16:19). Aquí Pedro fue distinguido con la autoridad de perdonar los pecados y elaborar las reglas disciplinarias. Luego los apóstoles recibieron similar poder pero en este caso particularmente aquí lo recibe Pedro de modo singular. También fue solamente a Pedro que se le prometió: "Te daré las llaves del Reino de los Cielos" (Mateo 16:19). En aquellos tiempos la llave era signo de autoridad. Una ciudad amurallada tenía una gran puerta, y esa puerta tenía una gran cerradura que funcionaba con una gran llave. Dar la llave de la ciudad (un honor que todavía existe hoy día, a pesar de que no hay puertas) es también dar libre acceso y autoridad sobre la ciudad. La cuidad de la que Pedro estaba recibiendo la llave era nada más y nada menos que la misma Ciudad Celestial. Este mismo simbolismo para la autoridad es usado en otra parte de la Biblia (Is. 22:22, Apocalipsis 1:18).
Finalmente, después de la Resurrección, Jesús se apareció a sus discípulos y le preguntó por tres veces a Pedro: "¿Me amas? (Juan 21:15-17). En arrepentimiento por sus tres negaciones, Pedro hizo una triple afirmación de amor. Entonces Cristo, el Buen Pastor (Juan 10:11, 14), dio a Pedro la autoridad que él había prometido: "Apacienta mis ovejas" (Juan 21:17). Esto específicamente incluía a los otros apóstoles, desde que Jesús le preguntó a Pedro, "¿Me amas más que éstos?" (Juan 21:15) –la palabra "éstos" se refiere a los otros apóstoles que estaban presentes (Juan 21:2)–. Esto sucedió para que se cumpliera la profecía hecha antes de que Jesús y sus discípulos estuvieran por última vez en el Monte de los Olivos.
Inmediatamente antes de su negación Jesús le dijo a Pedro: "Simón, Simón, he aquí que Satanás ha pedido tenerte para cribarte como a trigo, pero yo he orado por ti para que tu fe no se apague; y cuando te recobres de nuevo, [después de su negación] da firmeza a tus hermanos" (Lucas 22:31-32). Fue por Pedro por quien Cristo rezó para que su fe no fallara y para que fuera el guía de los demás, y su oración, siendo perfectamente eficaz, sería cumplida por seguro.
¿Quién es la roca?
Fijémonos en el verso clave: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia" (Mateo 16:18). La discusión sobre este verso siempre ha versado sobre el significado de la palabra "piedra" o "roca". ¿A quién se refiere Jesús? Desde que el nuevo nombre de Simón, Pedro, por sí sólo significa "roca", la frase puede ser re-escrita como "Tú eres Roca y sobre esta roca yo construiré mi iglesia". El juego de palabras es obvio, pero muchos comentadores, deseando evitar lo que sigue después de esto –el establecimiento del papado– han sugerido que la palabra roca no puede referirse a Pedro, debe referirse a su profesión de fe o a Cristo mismo.
Desde el punto de vista gramatical, la frase "esta roca" debe referirse al nombre sustantivo más cercano. La profesión de fe de Pedro (Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Vivo") es dos versículos antes, mientras que su nombre, un nombre propio, está precediendo inmediatamente la cláusula. Consideremos como una analogía esta paráfrasis: "Yo tengo un carro y un camión, y éste es azul" ¿Cuál es azul? El camión, porque es el sustantivo más cercano al pronombre "éste" . Todo esto es más claro si la referencia al carro ha sido dos frases antes, como la referencia a la profesión de fe de Pedro son dos frases antes que el término roca.

Otra alternativa
El mismo tipo de argumentación considera que la palabra roca puede hacer referencia a Cristo mismo ya que él está mencionado en la profesión de fe. El hecho de que en otra parte de la Escritura, en una metáfora diferente, Cristo es llamado "piedra angular" (Efesios 2:20, 1 Pedro 2:4-8) no desaprueba que aquí la fundación es Pedro. Naturalmente Cristo es lo principal y, ya que él está regresando a los cielos, la invisible fundación de la iglesia que él establecerá, pero Pedro es nombrado por él como el secundario y, porque él y sus sucesores permanecerán sobre la tierra, la visible fundación. Pedro puede ser la fundación solamente porque Cristo es el Primero.
Consideremos otra analogía: A veces les pedimos a nuestros amigos que recen por nosotros y oramos por ellos. Nuestras oraciones le piden a Dios especial ayuda para el uno y para el otro. ¿Qué estamos haciendo cuando rezamos? Estamos actuando como mediadores, como intercesores. Estamos suplicando a Dios en favor de otro. ¿Es esto contra la declaración de Pablo que Cristo es el único mediador (1 Tim. 2:5)? No, porque nuestra mediación es enteramente secundaria y depende de la mediación de Cristo. Él es el único Dios-Hombre, la única persona que es puente entre Dios y el hombre, pero nuestra intercesión por otra persona no interfiere con la mediación de Cristo. En realidad, en los cuatro versos anteriores de 1 de Timoteo 2:5, Pablo manda a los cristianos orar los unos por los otros. Cristo pudo haber establecido su mediación de cualquier modo que hubiera querido, pero él escogió que nosotros también participáramos cuando él mismo nos manda a rezar los unos por los otros (Mateo 5:44, 1 Tim. 2:14, Rom. 15:30, Hechos 12:5). Así, como puede haber intercesores secundarios y un principal, también puede haber una fundación secundaria y una principal.
Una mirada al Arameo
Los que se oponen a la interpretación católica de Mateo 16:18 algunas veces argumentan que en el texto griego el nombre del apóstol es "Petros", mientras que "roca" es traducido como "piedra" (petra). Ellos dicen que la primera palabra (petros) significa una pequeña piedra y que la segunda (petra) es una gran masa de roca, entonces, si Pedro fue pensado para ser una gran roca ¿por qué su nombre no es "Petra"? Ahora bien, observe que Cristo no habló a sus discípulos en griego. Él habló en arameo, el lenguaje popular en la Palestina de entonces. En ese lenguaje la palabra para "roca" es "Kefa", que es la que Jesús usaba en su lenguaje común (fíjese que en Juan 1:42 él dijo: "Te llamarás Kefas"). Lo que Jesús dijo en Mateo 16:18 fue esto: "Tú eres Kefa, y sobre esta kefa estableceré mi Iglesia."
Cuando el evangelio de San Mateo fue traducido del arameo original al griego resultó un problema que no confrontó el evangelista cuando él compuso este compendio de la vida de Cristo. En arameo la palabra kefa tenía el mismo sentido final para referirse a una gran roca o a un nombre personal masculino. En griego, la palabra para traducir roca, petra, es del género femenino. El traductor pudo usarlo en la segunda vez que aparece la palabra en la oración, pero no para la primera porque sería inapropiado dar a un hombre un nombre femenino. Por eso el traductor puso un final masculino en esto, y éste fue Petros.
Además, la premisa del argumento contra Pedro como roca es simplemente equivocada. En el siglo primero las palabras griegas "petros" y "petra" eran sinónimos. Previamente habían poseído el significado de "pequeña piedra" y "roca grande" en la temprana poesía griega pero para el siglo primero esta distinción se perdió, así lo admiten algunos protestantes estudiosos de la Biblia (Véanse los comentarios de D. A. Carson en "Expositor´s Bible Commentary" [Grand Rapids: Zondervan Books]).
Algunos de los efectos del juego de palabras de Cristo se perdieron cuando esto se tradujo del arameo al griego, pero eso fue lo mejor que pudo hacerse en griego. En inglés, como en arameo, no hay problemas con las finales, porque en la traducción al inglés podría leerse: "Tú eres Roca, y sobre esta roca edificaré mi iglesia". [Lo mismo puede decirse en español, así como en arameo, la frase no se presta a ninguna confusión, tal como se lee la traducción hoy día: "Tú eres Pedro (nombre propio masculino que significa piedra), y sobre esta piedra (sustantivo común que hace referencia al sustantivo propio anterior) edificaré mi iglesia". Nota del Traductor.]
Considerando otro punto de vista: si la palabra roca se refiriera directamente a Cristo (como dicen algunos anticatólicos, basándose en 2 Corintios 10:4, "y la Roca era Cristo" –aunque la roca era literalmente una roca física que viajaba con los israelitas en el desierto durante el éxodo; cf. Ex. 17:6, Núm. 20:8), ¿por qué Mateo dejó el pasaje como estaba? En el arameo original, y en el inglés que es más parecido al arameo que al griego, el pasaje es claro. Mateo pudo darse cuenta que sus lectores entenderían el obvio sentido de "Pedro… piedra"
Si Mateo se refirió a Cristo como la roca, ¿por qué no lo dijo claramente? ¿Por qué dio la oportunidad y dejó a Pablo escribir clarificando el texto (presumiendo, desde luego, que 1 Corintios fue escrito después del evangelio de Mateo, y si fue primero, ¿por qué no escribió para clarificar este asunto?
La razón, desde luego, es que Mateo conocía muy bien que la frase quería decir lo que realmente está diciendo. Y fue Simón, débil como era, quien fue elegido para ser la roca el primer eslabón en la cadena del papado.
Agradecemos la fuente y al autor.-
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Roma- año 25ca. antes de Cristo.
El lugar del Primado
El dos de septiembre ha desaparecido la gran arqueóloga que descubrió la tumba y los huesos de san Pedro en Roma, confirmando así los datos de la tradición. Hace un año moría Federico Zeri, historiador del arte que se contaba entre los más autorizados del mundo. Les recordamos publicando sus intervenciones, inéditas, en una conferencia en el Centro Cultural de Milán en 1990
"Margherita Guarducci es una punta de diamante". Así la definió una vez Federico Zeri, contraponiéndola a los estudiosos, filólogos y arqueólogos que pertenecen a otro tipo de personas: aquellos que someten su propio credo a las intrigas académicas, a las conveniencias ideológicas, al comercio de los cargos y de la clientela. "No es creyente en sentido estricto, pero ama el valor de la verdad". Así, Margherita Guarducci correspondía, a distancia, a las consideraciones de Zeri, sin que ni el uno ni la otra supiesen que se profesaban recíproca estima. Entre los dos había cierta sintonía, pero quizá por discreción lo demostraban sin ostentaciones. Trabajaban en distintos ámbitos de la cultura; Guarducci, insigne epigrafista, había adiestrado a Zeri en la lectura de las lápidas de su muestrario. Zeri, como historiador del arte, había defendido vigorosamente a la señorita Guarducci en lo que se refiere a la estatua de bronce del siglo séptimo de san Pedro en el Vaticano, que otros habían atribuido al escultor del siglo trece Arnolfo di Cambio.
Así, desde púlpitos distantes, y sin embargo muy sólidos, los dos habían establecido una alianza, con carácter inoxidable, que les aseguraba prudencia y resultaba vencedora. Una especie de conjunción solidaria en la denuncia de la mezquindad del pequeño mundo de los filólogos sofocados en la estrechez de sus especializaciones, ajenos a cualquier anhelo ideal. Si este cometido, en Guarducci, extraía su vigor del compromiso a defender, también a través de la cultura, la tradición de la Iglesia, en el laico Zeri se traducía en la investigación más densa y variada posible de los estímulos culturales que pudiesen contribuir a comprender el sentido de la vida.
( Marco Bona Castellotti)
MARGHERITA GUARDUCCI
Qué dice desde hace siglos la tradición de la Iglesia? Dice que Pedro, el pescador de Galilea, que el propio Cristo consideraba protos, el primero de sus discípulos, el príncipe de los apóstoles en aquel momento, vino a Roma a predicar la buena nueva; en Roma murió mártir bajo el mandato de Nerón en el 64, en el Circo Vaticano, fue sepultado a escasa distancia del lugar de martirio y sobre su tumba, a principios del siglo cuarto, el emperador Constantino hizo construir la gran basílica vaticana.
Esta tradición secular de la Iglesia comenzó, a partir de cierto momento, a suscitar disensiones por parte de los adversarios de la Iglesia, y los disidentes llegaron hasta el punto de que alguno se creía en la obligación de decir, contra toda veracidad histórica, que Pedro no había ido jamás a Roma, para poder negar así la presencia de la tumba de Pedro en el Vaticano. Esto es de suprema importancia, ya que decir tumba de san Pedro en Roma, en el Vaticano, significa, en cierto sentido, decir primado de la Iglesia de Roma.
Es necesario llegar a Pío XII, hombre de altísimo ingenio, de gran cultura, de enorme humanidad y dotado de un espíritu verdaderamente previsor. A penas elegido Papa, en 1939, quiso abrir a la ciencia los subterráneos de la basílica vaticana y buscar respuesta a la pregunta centenaria.
Las excavaciones comenzaron, y duraron hasta 1949. Fueron unas extrañas excavaciones, en las cuales muchos hallazgos se destruyeron y se cometieron cosas casi inauditas.
Altares como "matrioscas"*
Encontraron una necrópolis, un antiguo y vasto cementerio, que se extendía de este a oeste, paralelo al Circo de Nerón, el mismo circo en el que Pedro había sufrido el martirio. Esta gran necrópolis estaba repleta de tierra, porque Constantino, o alguien en su nombre (el papa Silvestre fue su gran consejero), quería construir la base sobre la cual se debía fundar la primera basílica en honor a Pedro.
¿Qué encontraron sobre el altar papal? Una sucesión de monumentos y de altares: unos debajo de otros, unos dentro de otros. Esto significaba que aquel lugar, el lugar de la confesión, había sido ya desde hacía tiempo, desde siglos atrás, objeto del culto a Pedro. Debajo del altar papal, que es el actual altar de Clemente VIII (1594), se encontró uno anterior, el de Calixto II (1123); dentro del altar de Calixto II, se encontró el altar de Gregorio Magno (590-604); el altar de Gregorio Magno, a su vez, se apoyaba sobre el monumento que Constantino, aún antes de construir la basílica, había mandado erigir sobre el lugar de la tumba de Pedro, y este monumento constantiniano puede ser datado entre el 321 y el 326. El monumento de Constantino comprendía otro más antiguo que se remontaba al siglo II, el primer monumento a Pedro. Después ¿qué se incluyó? Se incluyó una parte de un pequeño edificio que se encontraba adosado a un muro revocado en rojo que hacía de fondo al primer monumento de Pedro. En este pequeño edificio, había un muro cubierto de símbolos y de antiguas inscripciones (naturalmente anteriores al monumento de Constantino, ya que fueron incluidas dentro de este), cubiertas de epígrafes que indicaban, por su abundancia, la inmensa devoción de los fieles. Después, detrás de esto, se ve que el primer monumento de san Pedro tenía en el pavimento una tapadera, la cual indicaba la presencia de una antigua tumba en la tierra, sobre la que se habían superpuesto todos estos monumentos. Bajo esta tapa, desgraciadamente, no había nada. Se encontró la tierra devastada y vacía.
Mensaje de radio revolucionario
Este era el estado de las cosas cuando concluyeron las excavaciones del 1940-49. Pío XII, en su mensaje de radio de la Navidad de 1950, notificó al mundo lo sucedido en las excavaciones y dijo que se había hallado la tumba de Pedro.
Comencé a ocuparme de las excavaciones de san Pedro, después de que hubieran terminado y se publicara la relación en 1952.
Uno de los excavadores había publicado, si bien no correctamente, uno de los epígrafes que se había encontrado en el lugar donde estaba el muro cubierto de inscripciones del que he hablado antes.
Ya había tenido ocasión de ver uno de los epígrafes, en el que había intuido la lectura "Petros eni" ("eni" en el sentido de "enesti": Pedro está dentro).
Fue entonces cuando pedí a Pío XII visitar las excavaciones, pues nadie podía acceder a ellas. Pío XII me concedió el permiso. Entonces comencé a buscar la inscripción, este "Petros eni", y no estaba porque uno de los excavadores se lo había llevado a casa.
Entrado ya el 1952, trabajé hasta el 1965, han sido años de un trabajo muy intenso.
Comencé a estudiar el muro de las inscripciones, que estaba dentro del monumento constantiniano. Ahora, este muro era una selva salvaje, y yo desesperaba de la empresa pero con paciencia, empecé a tratar de descifrarlo.
Esta tarea duró meses. Fue una de las más difíciles que había hecho. Después, en un determinado momento, aferré el hilo de la madeja y llegué a comprender. Se había usado una criptografía mística, es decir, se jugaba, en cierto sentido, con las letras del alfabeto. Allí sobreabundaba el nombre de Pedro, expresado con las letras P, PE, PET, vinculado normalmente al nombre de Cristo, con el símbolo de Cristo, con la sigla de Cristo y con el nombre de María, y sobre todo dominaban, en este muro, las aclamaciones a la victoria de Cristo, Pedro y María. También se recordaba a la Trinidad, a Cristo, segunda persona de la Trinidad y así sucesivamente. En fin, toda la teología del momento estaba allí, exhibida en este muro.
A golpe de martinete
Después empecé a interesarme por los huesos de Pedro. En un primer momento ni se me pasaba por la cabeza la idea de que un día llegaría a encontrar los huesos de Pedro.
Sin embargo, mientras aún estaba descifrando las inscripciones (todavía en 1953), me acercaba cada vez más a los huesos de Pedro. Los huesos de Pedro estaban en la tumba, en la tierra, bajo la tapa, como había sostenido siempre la tradición de la Iglesia. Después, cuando Constantino quiso hacer el monumento en honor al Apóstol, los huesos fueron sacados de la tierra y envueltos en un precioso manto de púrpura y oro y depositados en este nicho, y después, se cerró el nicho para siempre. Sucedió que durante las excavaciones, los excavadores, queriendo indagar en este lugar que la tradición indicaba como el lugar de la sepultura de Pedro, no se anduvieron con chiquitas. A golpe de martinete (un instrumento para clavar los palos en el terreno duro) derribaron el altar de Calixto II para llegar, lo antes posible, a la tumba. ¿Y qué pasó? Bajo los fuertes golpes del martinete cayó, del interior del muro, una cantidad de escombros, del interior y del exterior, quiero decir, del antiguo muro revocado en rojo, y todo se volcó en esta cavidad, sobre los desgraciados huesos que Constantino había depositado en el nicho del monumento. Así, aparecieron un montón de deshechos y no se reconocieron los huesos.
En aquel momento, el jefe de la Fabrica de San Pedro era un hombre inteligente, muy pío, muy sensible para no dejar al descubierto los huesos de quien fuese, fuesen cristianos o paganos. Monseñor Cas (hombre de confianza de Pío XII) notó que entre los escombros del nicho había unos huesos. Hizo apartar los escombros, guardar los huesos dentro de una caja y la metió en un armario de las grutas vaticanas, donde permanecieron ignorados durante diez años.
Había algunos huesos con hilos de oro y minúsculos pedacitos de tejido color púrpura.
Un antropólogo de mi confianza, el profesor Correnti, examinó el grupo de huesos de la caja, y me dijo: "Mira, hay algo extraño, porque todos los otros grupos que me han hecho examinar eran de distintos individuos, estos son de uno solo". Le pregunté: "¿De qué sexo?". Me dijo? "Masculino". "¿Edad?". "Avanzada". "¿Complexión?". "Robusta".
No por "casualidad"
En el 64, las investigaciones habían terminado. En el 65 salió mi libro Las reliquias de san Pedro bajo la confesión de la basílica vaticana, y allí comenzó a desencadenarse la tempestad porque algunos, muchos de hecho, estaban contentos con el resultado; otros no. Después de mi revisión del libro, que salió en el 67, Pablo VI se vio obligado a anunciar que los huesos de Pedro se habían vuelto a encontrar.
Nosotros sabemos que Cristo fundó su Iglesia sobre la roca de Pedro y le prometió la victoria sobre las fuerzas del mal. Ahora, creo que no es simple casualidad que los huesos del príncipe de los apóstoles, se hayan - por una excepción milagrosa - conservado y que estén, precisamente, dentro de la basílica vaticana, esto es, en el centro de aquella Iglesia que - por definición - es universal. Ustedes saben que catholicós significa en griego universal.
FEDERICO ZERI
Me honra y me alegra hablar junto, y a continuación, de la profesora Margherita Guarducci, de la cual he ad- mirado siempre tanto su saber como su integridad moral. Esto lo digo en voz alta. Por otro lado, hace falta que advierta enseguida de que hablo como outsider, ya que no soy un creyente.
Tenía unos veinte años cuando oí hablar de los inicios de esas excavaciones. No me fue posible acceder a ellas. Y después, según fueron saliendo las publicaciones, he seguido con extrema atención, leído y meditado aquello que se escribía, y puedo decir que apenas intervino en las discusiones la profesora Guarducci, quedé profundamente convencido de sus ideas. [...]
Cuando salieron las noticias a cerca del nicho, del pequeño agujero, y al final el asunto de los huesos, quedé totalmente convencido y debo decir esto: que lo que más me ha persuadido de que los huesos encontrados en aquel nicho son los que la tradición atribuía a san Pedro, o mejor, que en la época de Constantino eran considerados los huesos de san Pedro, es el hecho de que estaban envueltos en aquel tejido del que acabamos de ver algunas diapositivas, esto es, un tejido de púrpura ( teñido con la concha que venía de la costa de Siria, de la costa libanesa) y entretejido con hilos de oro. Un tejido de este género estaba reservado exclusivamente a la máxima autoridad sagrada del imperio, esto es, al emperador, al augusto; sólo el augusto tenía este atributo de la púrpura y el oro. No existe en absoluto otra posibilidad: el mismo emperador debía de haberlas hecho envolver en aquel tejido preciosísimo, que era el símbolo de su autoridad e incluso de su voluntad. Púrpura y oro, sobre todo en la época constantiniana, son precisamente el emblema del que es la suma autoridad de ese estado universal que era el imperio romano.
Sin embargo yo, después, había hecho siempre otro razonamiento, que coincide con los descubrimientos de la profesora Guarducci, y tiene en cuenta la particular posición de Constantino con respecto a la ciudad de Roma.
La ciudad de Roma era pagana, era en su gran mayoría pagana, y los cristianos, que en el siglo tercero habían tenido la oportunidad de multiplicarse tras los muros de las grandes ciudades e incluso de tener algunos momentos felices, se habían visto rechazados.
Los cristianos habían sido totalmente el chivo expiatorio de aquella gran reconstrucción del imperio que inició Aureliano, después llevaron adelante Diocleciano y Maximiliano, y que llevó a término Constantino. [...]
En la segunda mitad de los años 20 del siglo IV, esto es en torno al 322-323, Constantino inició la construcción de los grandes edificios sagrados, dedicados a la religión cristiana. [...]
Me ha parecido siempre extraordinario que para hacer esta gran basílica, que era de enormes proporciones (tenía cinco naves y una grandiosidad sólo comparable a la del Santo Sepulcro de Jerusalén. Las máximas iglesias construidas por Constantino son la del Santo Sepulcro - el Martirion, con la añadida Anastasis, esto es, el lugar de la resurrección -, y la gran basílica construida en Roma, en la capital del imperio, edificada sobre la tumba de san Pedro); es algo extraordinario que para hacer este inmenso edificio costosísimo, importantísimo, por el cual se importó mármol de todas las partes del imperio, por el cual se sacrificaron algunos inmensos cedros del Líbano, uno de los cuales todavía existía en el momento de la demolición de la basílica al inicio del 500 bajo Julio II, y en efecto, se encontró una viga, dicen las fuentes, llena de topos y otros animales, pero que llevaba el sello del "Dominus Noster Costantinus Auguster"... para hacer esta basílica Constantino había sacrificado totalmente un edificio muy importante de la Roma pagana, el Circo de Calígula en el Vaticano.
Ahora, siempre me ha parecido que para atreverse a un acto tan importante y tan mal visto como meter mano en un circo donde había un obelisco (que permaneció en pie posteriormente hasta que Sixto V a final del 500 no quiso llevarlo a la basílica de san Pedro); que haya metido mano en este circo, que haya enterrado una gran necrópolis, donde había tumbas de importantes familias de la Roma pagana; me parece imposible que hubiese tomado esta decisión si efectivamente debajo, en el lugar donde construía esta basílica, no hubiese algo de extraordinario. No es posible creer que, ante las malignas críticas de los paganos - los cuales criticaron siempre, en los primeros siglos, la religión cristiana, o la obstaculizaron de todas las maneras posibles -, ante las críticas, Constantino no se diera cuenta de que había que edificar la basílica sobre algo concreto.
A mi entender, que allí estuviese la tumba de san Pedro con los huesos de san Pedro era algo notorio en toda la Roma pagana, bien conocido e irrefutable. [...]
Cuando han aparecido las noticias de las excavaciones y después de las investigaciones de la profesora Guarducci, he tenido la certeza de que estas investigaciones no hacían más que convalidar algo que yo, por mi cuenta, siempre había pensado, y esto es, que aquella era verdaderamente la tumba de san Pedro. [...]
Creo que muchas de las críticas dirigidas contra las investigaciones de la profesora Guarducci, contra las excavaciones, pertenecen a esa clase de crítica que no se basa tanto sobre los datos de hecho, como sobre una especie de prejuicio ideológico. Es decir, no se debían encontrar los huesos de san Pedro, no hacía falta decir que aquella era la tumba de san Pedro. Es algo muy frecuente, sobre todo cuando el asunto tiene que ver con la religión, en el caso específico, el primado de la Iglesia de Roma. [...]
Todo lo que ha dicho lo suscribo plenamente, y estoy lleno de admiración por la fuerza, la tenacidad y la constancia con la que ha conducido sus indagaciones y ha llegado a sus conclusiones. Puedo decir que si yo hubiese tenido que afrontar ciertas maldades (porque algunas han sido verdaderamente pérfidas maldades, de una sutileza casi diabólica), quizás hubiese cedido, me hubiese rendido. La profesora Guarducci ha sido un raro ejemplo de constancia, integridad y absoluta dedicación a la búsqueda de la verdad. Os lo repito, la profesora Guarducci habla como creyente, yo no soy creyente. Lo que no me impide expresarle mi alta admiración y
suscribir hasta la última palabra todo lo que ha dicho.
Agradecemos la fuente y al autor.Tomado de
http://www.conoze.org
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¿Estuvo el apóstol Pedro en Roma?
Tomado de http://www.apologetica.org
Testimonios de la Escritura y la antigüedad cristiana.
Gentileza de Catholic Answers
Tradujo Joaquín Zaragoza Rojas
Lo que se dice contra el papado
Al igual que otros protestantes, los fundamentalistas dicen que Pedro nunca fue designado por Cristo para ser la cabeza terrenal de la Iglesia por la sencilla razón de que la Iglesia no tiene cabeza terrenal y nunca se quiso decir que tuviera una. Cristo es el único fundamento de la Iglesia, en todos los sentidos de esa palabra.
El papado, dicen, es una institución que surgió de la política de los siglos V y VI, tanto la secular como la eclesiástica; no tiene ninguna conexión que no sea la mitológica, con el Nuevo Testamento. No fue establecido por Cristo, aun cuando los supuestos "sucesores" de Pedro (y sus defensores) pretendan que sí. En el mejor de los casos el papado es un engaño; en el peor, una obra del diablo. En cualquier caso, es una institución diseñada para dar a la Iglesia Católica una autoridad que sencillamente no tiene.
Además, prosigue su argumentación, Pedro nunca estuvo en Roma y de este modo no pudo haber sido el primer papa, y eso convierte en una mentira el hablar de sus "sucesores"; la cadena ininterrumpida se rompe en el primer eslabón. ¿Cómo pueden los católicos hablar del origen divino del papado cuando su afirmación sobre el paradero de Pedro está equivocada?
Fijémonos en esta última acusación, reservando para otro estudio una mirada al puesto de Pedro entre los apóstoles y en la Iglesia primitiva.
Cómo entender la argumentación
A primera vista, podría parecer que la cuestión de si Pedro fue o no a Roma y murió allí es intrascendente. Y en cierto modo lo es. Después de todo, su estancia en Roma no probaría por sí misma la existencia del papado; sería una falsa inferencia decir que tiene que haber sido el primer papa dado que estuvo en Roma y los papas siguientes reinaron desde Roma. Siguiendo esa lógica, Pablo también habría sido el primer papa dado que fue apóstol y estuvo en Roma.
Por otra parte, si Pedro nunca llegó a la capital del imperio romano, aún así podría haber sido el primer papa, pues uno de sus sucesores podría haber sido el primero en desempeñar ese ministerio en Roma. Después de todo, si el papado existe, fue establecido por Cristo durante su vida, mucho antes del tiempo en que se dice que Pedro llegó a Roma. Ha de haber un periodo de algunos años en que el papado no tenía aún conexión con Roma.
Así, si el apóstol llegó allí sólo mucho después, eso podría tener algo que decir sobre quienes serían sus legítimos sucesores (y así ocurre, salvo que el hombre elegido obispo de Roma es automáticamente el nuevo papa basándose en que Pedro fue el primer obispo de Roma y el Papa es simplemente sucesor de Pedro), pero nada nos diría sobre el status del ministerio papal. No dejaría sentado que el papado fuera instituido por Cristo en primer lugar.
Así las cosas, la cuestión sobre la presencia de Pedro en Roma, si bien es históricamente interesante, no parece ser esencial para el auténtico problema, a saber, si el papado fue fundado por Cristo o no. Aún así, la mayoría de las organizaciones anticatólicas recogen el guante y se toman considerables molestias para “demostrar” que Pedro no pudo haber estado en Roma. ¿Por qué? Porque piensan que pueden sacar ventaja de ello.
"Aquí hay un punto sobre el que podemos mostrar la falsedad de las afirmaciones católicas", dicen. "Los católicos hacen retroceder el origen del papado a Pedro, y dicen que fue martirizado en Roma tras encabezar la Iglesia de allí. Si podemos demostrar que nunca fue a Roma, eso minaría –psicológicamente ya que no lógicamente- su aseveración de que Pedro fue el primer papa. Si la gente concluye que la Iglesia Católica está equivocada sobre este punto histórico, llegarán a que está equivocada sobre el mayor, la supuesta existencia del papado". Tal es el razonamiento –el auténtico razonamiento- de los principales anticatólicos.

Contenedores de ungüento, en vidrio romano, periodo Pedro en Roma
Los cargos resumidos
El caso es expuesto quizá de forma más sucinta, si bien no tan abiertamente, por Loraine Boettner en el más conocido de sus libros, Catolicismo Romano (p. 117): "Lo reseñable, sin embargo, sobre el supuesto obispado de Pedro en Roma es que el Nuevo Testamento no dice una sola palabra sobre ello. La palabra Roma aparece sólo nueve veces en la Biblia [en realidad aparece diez veces en el Antiguo Testamento y diez veces en el Nuevo], y Pedro jamás es mencionado en conexión con ella. No hay ninguna alusión a Roma en cualquiera de sus dos epístolas. El viaje de Pablo a la ciudad es narrado con gran detalle (Hechos 27 y 28). Lo cierto es que no hay base en el Nuevo Testamento ni pruebas históricas de ningún tipo de que Pedro estuviese alguna vez en Roma. Todo se basa en la leyenda".
Bien, ¿qué hay que decir sobre ello? Cierto, la Biblia no dice explícitamente en ningún sitio que Pedro estuviera en Roma; pero por otra parte no dice que no estuviera. Del mismo modo que el Nuevo Testamento nunca dice: "Pedro fue entonces a Roma", tampoco dice: "Pedro no fue a Roma". De hecho, se dice muy poco acerca de adónde fueron él o cualquiera de los otros apóstoles aparte de Pablo en los años posteriores a la Ascensión. En su mayor parte tenemos que apoyarnos en libros distintos del Nuevo Testamento para informarnos sobre lo que les pasó a los apóstoles, Pedro incluido, en los años siguientes (aunque Boettner está bastante equivocada al descalificarlos como "leyenda": los documentos históricos tempranos no pueden ser descalificados de buenas a primeras como simples portadores de "leyendas": son pruebas históricas genuinas, como reconoce cualquier historiador profesional).
Lo que dice la Biblia
Boettner está también equivocada cuando afirma: "no hay alusión alguna a Roma en ninguna de las epístolas [de Pedro]". Sí que las hay, en el saludo al final de la primera epístola: "Os saluda la Iglesia que está en Babilonia, elegida como vosotros, y mi hijo Marcos" (1 Pe 5,13). Babilonia es una palabra para designar secretamente a Roma. Se usa de esta forma seis veces en el último libro de la Biblia y en fuentes extrabíblicas como los Oráculos Sibilinos (5,159f), el Apocalipsis de Baruc (2,1) y 4 Esdras (3,1). Eusebius Pamphilius, en La Crónica, compuesta hacia el 303 D.C., advirtió que "Se dice que la primera epístola de Pedro, en la cual hace mención a Marcos, fue compuesta en la misma Roma; y que él mismo indica esto, refiriéndose figurativamente a la ciudad como Babilonia".
Consideremos ahora las otras citas del Nuevo Testamento: "Un segundo ángel lo siguió diciendo: "¡Cayó, cayó Babilonia la grande, la que dio de beber a todos los pueblos el vino de su fornicación!" (Ap. 14,8). "La gran ciudad se abrió en tres partes, y se desplomaron las ciudades de las naciones. Y Babilonia la grande fue recordada en la presencia de Dios, para darle la copa de vino de la indignación de su cólera" (Ap. 16,19). "[Y] en su frente un nombre escrito que es un gran misterio: ´La gran Babilonia, la madre de las fornicaciones y de las abominaciones de la tierra´" (Ap. 17,5). "Gritó con voz potente: ‘¡Cayó, cayó Babilonia la grande!’" (Ap. 18,2). "[S]e quedarán a distancia por temor a sus tormentos, y dirán: ´¡Ay!,¡ay! ¡La gran ciudad, Babilonia, ciudad poderosa, porque en una hora ha llegado tu castigo!´" (Ap. 18,10). "Con esta impetuosidad será arrojada Babilonia, la gran ciudad " (Ap. 18,21).
Estas referencias no pueden serlo a la Babilonia que en otros tiempos era la capital del imperio babilónico. Aquella Babilonia se había visto rebajada a ser un pueblo sin importancia con el paso de los años, las derrotas militares y el sometimiento político; ya no era una "gran ciudad". No tuvo ningún papel importante en la historia reciente del mundo antiguo. La única auténtica "gran ciudad" en tiempos del Nuevo Testamento era Roma.
"Pero no hay ninguna razón convincente para decir que ´Babilonia´ signifique ´Roma´", insiste Boettner. Ah, pero sí que la hay, y es la persecución. Pedro era conocido por las autoridades como un jefe de la Iglesia, y la Iglesia, según la ley romana, era considerada ateísmo organizado (el culto de cualesquier dioses distintos de los romanos se consideraba ateísmo). Pedro no se haría ningún favor, eso por no mencionar a aquellos que estuvieran con él, haciendo pública su presencia en la capital: a fin de cuentas, el servicio de correo de Roma era incluso peor que hoy, y las cartas eran leídas habitualmente por los funcionarios romanos. Pedro era un hombre buscado, como todos los jefes cristianos. ¿Por qué alentar una caza del hombre? También sabemos que los apóstoles se referían a veces a las ciudades con nombres simbólicos (cf. Ap. 11,8).
En cualquier caso, seamos generosos y admitamos que es fácil para un oponente del catolicismo pensar de buena fe que Pedro nunca estuvo en Roma, al menos si basa su conclusión solo en la Biblia. Pero restringir su investigación a la Biblia es cosa que no debiera hacer: las pruebas externas también han de tenerse en cuenta.
Testimonio cristiano temprano
William A. Jurgens, en su libro en tres volúmenes The Faith of the Early Fathers, un magistral compendio que cita extensamente de todas las obras que van desde la Didajé [el primer catecismo conocido de la historia de la Iglesia, N. del T.] a Juan Damasceno, incluye treinta referencias a esta cuestión, divididas, en el índice, casi a partes iguales entre las afirmaciones de que "Pedro vino a Roma y murió allí " y de que “Pedro estableció su Sede en Roma e hizo al Obispo de Roma su sucesor en el primado". Algunos ejemplos bastarán, pero estas y otras referencias tempranas demuestran que no puede haber duda de que la posición (uno vacila en usar la palabra "tradición", dado que algunos la leen como "leyenda") universal -y muy antigua- era que Pedro ciertamente acabó sus días en la capital del Imperio.
Dionisio de Corinto, al escribir su Carta a Sotero, el duodécimo papa, hacia el 170 D.C., decía: "También habéis, por vuestro mismo consejo, reconciliado a la semilla sembrada por Pedro y Pablo en Roma". Era comúnmente aceptado, desde los primeros tiempos, que tanto Pedro como Pablo fueron martirizados en Roma, probablemente en la persecución neroniana de los años 60 del siglo I.
Tertuliano, en La protesta contra los herejes (200 D.C.), hizo notar de Roma "lo feliz que es esa iglesia... donde Pedro sufrió una pasión como la del Señor, donde Pablo fue coronado con una muerte como la de Juan [se refiere a Juan el Bautista, decapitado al igual que Pablo]". Los fundamentalistas admiten que Pablo murió en Roma, así que la implicación de Tertuliano es que Pedro también tiene que haber estado allí.
Referencias muy tempranas
En el mismo libro Tertuliano escribió que "esta es la manera en que las iglesias apostólicas transmiten sus listas: como la iglesia de Esmirna, que registra que Policarpo fue colocado allí por Juan; como la iglesia de Roma, donde Clemente fue ordenado por Pedro". Este Clemente, conocido como Clemente Romano, sería más tarde el cuarto papa (Nótese que Tertuliano no dice que Pedro consagrara como papa a Clemente, lo cual habría sido imposible dado que un papa no consagra a su propio sucesor; simplemente ordenó sacerdote a Clemente). Clemente escribió su Carta a los Corintios quizá antes del 70 D.C., sólo unos pocos años después de que Pedro y Pablo fueran asesinados; en ella hacía referencia a Pedro acabando su vida donde Pablo acabó la suya.
En su Carta a los Romanos (110 D.C.), Ignacio de Antioquía observó que no podía mandar a los cristianos de Roma de la manera en que Pedro y Pablo lo hacían, comentario que solo tiene sentido si Pedro hubiera sido un jefe, si no el jefe, de la Iglesia de Roma.
Ireneo, en Contra los Herejes (190 D.C.), dijo que Mateo escribió su Evangelio "mientras Pedro y Pablo estaban evangelizando en Roma y echando los cimientos de la Iglesia". Dice luego que los dos abandonaron Roma, quizá para asistir al Concilio de Jerusalén (49 D.C.). Algunas líneas más abajo hace notar que Lino fue nombrado sucesor de Pedro –es decir, el segundo papa– y que los siguientes de la lista fueron Anacleto (conocido también como Cleto) y Clemente Romano.
Clemente de Alejandría escribió a comienzos del siglo III. Un fragmento de su obra Esbozos ha quedado conservado en la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea, la primera historia de la Iglesia. Clemente escribió: "Cuando Pedro predicaba la palabra públicamente en Roma, y anunciaba el evangelio por el Espíritu, muchos de los presentes pidieron que Marcos, que había sido por largo tiempo su seguidor y recordaba sus dichos, pusiera por escrito lo que se había proclamado".
Pedro de Alejandría fue obispo de esa ciudad y murió hacia el 311 D.C. Algunos años antes de su muerte escribió un tratado llamado Penitencia. En él dijo: "Pedro, el primero de los apóstoles, habiendo sido apresado a menudo y arrojado a la prisión y tratado con ignominia, fue finalmente crucificado en Roma".
Lactancio, en un tratado llamado La muerte de los perseguidores, escrito alrededor del 318 D.C., advirtió que "Cuando Nerón aún reinaba, Pedro llegó a Roma, donde, en virtud de ciertos milagros que obró por el poder de Dios que le había sido conferido, convirtió a muchos a la virtud y estableció un firme y tenaz templo a Dios". Nerón reinó del 54 al 68 D.C..
Estas citas podrían multiplicarse (Véanse los libros de Jurgens para otras fuentes y para citas más completas de éstas). Debería ser suficiente para hacer notar que ningún escritor antiguo afirmó que Pedro acabara su vida en otro sitio distinto de Roma. Muchos se refieren al hecho de que estuvo en cierto momento en Antioquía, pero prosiguen diciendo que fue desde allí a la capital. Recordémoslo, estas son las obras que forman la base de los escritos cristianos históricos en los siglos inmediatamente posteriores al Nuevo Testamento. Sobre la cuestión de adónde fue Pedro están de acuerdo, y sus testimonios acumulados son de un enorme peso.
Resumiendo, que Boettner no sabe de qué está hablando cuando afirma que “no hay prueba histórica de ninguna clase” y que “todo se basa en la leyenda". La verdad es que las pruebas históricas están del lado de la postura católica.

Dos bronces romanos años 60/70 encontrado en Roma,
contemporáneos a San Pedro en Roma.
Lo que demostró la arqueología
Hasta los fundamentalistas, que invocan la teoría del "sólo la Biblia", admiten que hay muchos pasajes en la Biblia que deben entenderse a la luz de lo que nos dice la arqueología, dado que proporciona información tangible sobre los pueblos y lugares que menciona la Biblia. De esta forma los descubrimientos de la arqueología son relevantes para determinar a qué ciudad se refería Pedro cuando decía que estaba en Babilonia.
Hay muchas pruebas arqueológicas de que Pedro estuvo en Roma pero Boettner, como otros apologistas fundamentalistas, se limita a desdeñarlas, pretendiendo que "los arqueólogos han llevado a cabo exhaustivas investigaciones a través de los siglos para encontrar alguna inscripción en las catacumbas y otras ruinas de lugares antiguos en Roma que indicarían que Pedro como mínimo visitó Roma. Pero todo lo que han encontrado han sido algunos huesos de origen incierto" (p. 118).
Boettner entregó su libro a la imprenta en 1962. Su libro original y sus revisiones posteriores han olvidado mencionar los resultados de las excavaciones debajo del altar mayor de la Basílica de San Pedro, excavaciones que habían estado en curso durante décadas, pero que fueron acometidas con ahínco después de la Segunda Guerra Mundial y fueron concluidas aproximadamente hace una década. Lo que Boettner desdeñó despreocupadamente como "algunos huesos de incierto origen" eran de hecho los contenidos de una tumba en la Colina Vaticana que estaba cubierta con inscripciones primitivas que daban fe del hecho de que los restos de Pedro estaban en su interior. (Usando la técnica de Boettner, uno podría rechazar despreocupadamente los restos que hay en las tumbas de Napoleón, Washington y Lincoln o cualquier otra figura histórica como si solo fueran "algunos huesos de incierto origen").
Después de la publicación inicial del libro de Boettner, las pruebas han ido aumentando en número hasta el punto de que el papa Pablo VI pudo anunciar oficialmente algo que había sido discutido en la bibliografía arqueológica y en las publicaciones religiosas durante años: que la auténtica tumba del primer papa había sido identificada de manera concluyente, que los restos al parecer estaban allí y que en las cercanías de su tumba había inscripciones que identificaban el lugar como el sitio donde estaba enterrado Pedro, lo cual significaba que los primeros cristianos sabían que el Príncipe de los apóstoles estaba ahí. La historia de cómo todo esto fue determinado con precisión científica es demasiado larga para volver a contarla aquí. Es estudiada con detalle en el libro de John Evangelist Walsh, The Bones of St. Pedro [Los huesos de San Pedro, N. del T.]. Basta decir que la combinación de pruebas históricas y científicas es tal que nadie con voluntad de fijarse en los hechos con mente abierta puede dudar que Pedro estuvo realmente en Roma. Negar ese hecho es dejar que el prejuicio domine a la razón.
NOTA DEL TRADUCTOR: Para los pasajes del Nuevo Testamento he utilizado la traducción de ANTONIO FUENTES MENDIOLA, publicada en España por EDICIONES RIALP.
Agradecemos vivamente al autor y la fuente. Agradecemos a la fuente; tomado de http://www.apologetica.org
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¿Estuvo San Pedro en Roma?

Así era Roma, año 70, Pedro muere crucificado 64/67ca.
Tomado de http://www.defiendetufe.org
Agradecemos a la fuente
PREGUNTA
Saludos. Muchos protestantes me dicen que lo del Papa es falso. Que incluso el apóstol Pedro nunca estuvo en Roma y que no hay pruebas bíblicas ni históricas sobre eso. ¿Como puedo explicarles o mostrarles pruebas sobre esto?
RESPUESTA
Pedro si estuvo en Roma y murió allí:
Las sectas fundamentalistas alegan que Pedro no puede haber sido el Obispo de Roma, y el primer Papa, porque la Biblia no dice que él haya estado nunca en Roma. La Biblia, sin embargo, no niega que el haya estado en Roma tampoco. Examinemos los escritos de la Iglesia en sus comienzos, y toquemos un poco de arqueología.
Pruebas bíblicas
Pedro fue el primer Obispo de Roma, y el que tenga esta posición, es el Papa. Su tumba fue encontrada mas tarde bajo el altar de la Basílica de San Pedro en 1965. Está sencillamente marcada con su nombre y hay restos humanos en ella. Pedro dijo en 1Pd 5:13, "Os saluda la Iglesia de Babilonia (Roma), partícipe de vuestra elección, y mi hijo Marcos." Como los Apóstoles estaban siendo perseguidos, y los Romanos estaban buscándolos, ellos usaron códigos y Babilonia era el código para Roma, entonces Pedro estaba escribiendo desde Roma. Además, Pablo escribió a los Colosenses desde Roma, e indica que Marcos estaba con él allí en Col 4:10.
Testimonios de cristianos de los primeros siglos
Otros escritos muestran que Pedro fue martirizado en Roma siendo crucificado en posición invertida en 67 A.D. Estando Pedro en Roma se escribió acerca de él por muchos escritores de la Iglesia de esos tiempos, algunos de los cuales están listados aquí...
1. St Irineo en ´CONTRA LAS HEREJÍAS´: CAP. I.--LOS APÓSTOLES NO COMENZARON A PREDICAR EL EVANGELIO... 3. "...en el dialecto propio de ellos, mientras Pedro y Pablo estaban predicando en Roma, y estableciendo los cimientos de la Iglesia."
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2. St Irineo, CAP. III.-- A REFUTACIÓN DE LOS HEREJES, POR EL HECHO DE QUE, EN LAS DIVERSAS IGLESIAS, UNA SUCESION PERPETUA DE OBISPOS SE MANTUVO. 2. "...la muy antigua, y universalmente conocida Iglesia fundada y organizada en Roma por los dos apóstoles mas gloriosos, Pedro y Pablo; como también [señalando] la fe predicada a los hombre, la cual llega a nuestros tiempos por medio de las sucesiones de los Obispos.
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3. Tertuliano, ´”LA OBJECIÓN CONTRA LOS HEREJES´: CAP.XXXII.--NINGUNO DE LOS HEREJES RECLAMAN SUCESIÓN DE LOS APÓSTOLES. 8. "...como la iglesia de Smyrna, la cual establece que Policarpio fue colocado ahí por Juan; como también la iglesia de Roma, la cual presenta a Clemente como si hubiera sido ordenado en manera similar por Pedro.
Quien ordena a los sacerdotes? Los Obispos. Clemente fue ordenado por el Obispo de Roma, Pedro.
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4. Lactantius, ´LA MANERA POR LA CUAL LOS PERSEGUIDORES MURIERON: Esta carta está dirigida a Donatus. No solamente muestra que Pedro estaba actualmente en Roma, sino que murió ahí a manos de Nero. CAP. II. Sus apóstoles eran en ese tiempo once en número, a los cuales se agregaron Matías, en el lugar de Judas el traidor, y enseguida Pablo. Después se dispersaron a través de toda la tierra a predicar el Evangelio, como el Señor el Maestro les había ordenado; y durante 25 años, y hasta los comienzos del reino del Emperador Nero, ellos se ocuparon de asentar los cimientos de la Iglesia en cada provincia y ciudad. Y mientras Nero reinaba, el Apóstol Pedro vino a Roma, y, a través del poder de Dios comprometido en él, realizó ciertos milagros, y, al volverse muchos a la verdadera religión, edificó un templo fiel y estable al Señor. Cuando Nero escuchó estas cosas, y observó que no sólo en Roma, pero en todas partes, una gran multitud se rebelaba diariamente a la adoración de ídolos, y, condenando sus caminos viejos, iban a la nueva religión, él, un odiado y pernicioso tirano, saltó adelante para arrasar el angélico templo y destruir la verdadera fe. El fué el primero en perseguir a los siervos de Dios; el crucificó a Pedro, y asesinó a Pablo: el no se escapó con impunidad, pues Dios vio la aflicción de Su gente, y por lo tanto el tirano, despojado de autoridad, y precipitado desde lo alto del imperio, de repente desapareció, e incluso el lugar de entierro de esa perniciosa bestia salvaje no se vió en ninguna parte.
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Otros escritos que muestran que Pedro estuvo en Roma...
5. Dionisio de Corinto en su carta al 12avo Papa Soter in 170 D.C
6. Clemente de Corinto en su carta a los Corintios en 70 D.C.
7. Pedro de Alejandria, en su trabajo llamado ´Penitencia´ en 311.
8. Sn. Ignacio de Antioquia, en su carta a los Romanos, alrededor de 107.
Si eres evangélico no olvides que estos testimonios de cristianos afirmando que Pedro vivió y murió en Roma los puedes comprobar leyendo libros sobre el cristianismo primitivo en cualquier Instituto o seminario evangélico. Si eres católico da gracias a Dios y da testimonio como un verdadero cristiano.
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¿Y los Papas Corruptos?
Tomado de http://www.apologetica.org
Testimonios de la Escritura y la antigüedad cristiana.
Respuesta a una consulta de lectores
Estimado Oscar:...
El tema que trata su carta es muy importante. Usted menciona la posibilidad de que los Papas sean personas corruptas, y se pregunta si la Iglesia registra estos hechos.
Cuando Jesucristo estableció su Iglesia, la quiso construir sobre los Apóstoles, aunque se sobreentiende que es el mismo Jesucristo el fundamento último, y que nadie puede poner otro fundamento, como dice la misma Biblia en 1Cor 3,11; pero la misma Biblia nos habla de los Apóstoles como de “columnas” o “fundamentos” o “piedras”, de modo que debemos entender que Jesús ha hecho participar a otros de su oficio – se puede ver como ejemplo Efesios 2,20.
Pero Jesús no hizo que los Apóstoles fuesen “impecables” como lo era él, es decir, que fuesen necesariamente santos. Le doy un ejemplo útil: el mismo San Pedro, elegido por el Señor para “confirmar a sus hermanos” y pastorear “a sus ovejas”, etc., y habiendo recibido ya la plenitud del Espíritu Santo en Pentecostés, fue reprochado por San Pablo (ver Gálatas 2) porque “fingía”, y fingir en cuestiones importantes como lo que se narra en Gálatas, es un pecado grave; ¡y atención que estamos hablando del Pedro que recibió el Espíritu Santo en Pentecostés! Pues bien, ese mismo Pedro, sin errar en su doctrina, ciertamente cayó en la “corrupción” por su modo de obrar. En el ejemplo que le di, se trataba de que no quería comer con los gentiles, por miedo a los judíos: evidentemente una acción corrupta, que llevaba a gran escándalo a los cristianos; San Pablo se enojó mucho con él y lo corrigió en público; no sabemos la respuesta de Pedro, pero se puede suponer que se arrepintió y cambió su modo de obrar.
Pues bien, si San Pedro cayó en esa corrupción -no de doctrina, como sabemos, pues predicaba el evangelio correctamente; se trataba de una mala acción de él- ¿debemos pensar que Jesús renegó de él? ¿o que el evangelio de Pedro estaba equivocado? ¿o que la oración de Jesús falló cuando, según Lucas 22, 31-32, oró para que la fe de Pedro no caiga? ¿o que la Iglesia de Pedro no era la verdadera? O bien, usando las palabras que usted me pone en su carta, que le dicen los evangélicos, ¿acaso Jesús “ampararía estos hechos”? ¿Amparó el fingir de Pedro? Ciertamente que no; pero entonces, la acción corrupta de Pedro ¿indica que el cristianismo –del cual Pedro era sin duda un exponente principal- estaba equivocado? Es lo que de hecho dicen los evangelistas: como los papas (al menos a veces o muchas veces) se corrompen, luego la Iglesia católica no puede estar avalada por Cristo.
La solución a estas cosas es más sencillo de lo que a primera vista parece, y es esta: Jesús no prometió a ninguno de sus apóstoles, ni siquiera a Pedro, que habrían de ser IMPECABLES. Y la historia nos dice (ahí tiene el ejemplo de Pedro, ¡y habrá tantos otros!) que de hecho los pastores de la Iglesia han cometido pecados, quién más, quién menos. Todos eran (y son) pecadores.
Lo que Jesús le prometió a Pedro, y en comunión con él a todos los pastores de su pueblo, es la INFALIBILIDAD, que es algo totalmente distinto: se trata del don del Espíritu Santo que hace que la Iglesia predique sin error, hasta el último día de la historia, el evangelio trasmitido por el Hijo de Dios, Nuestro Señor Jesucristo; y hay que tener muy en cuenta que la promesa de la infalibilidad (“las puertas del infierno no podrán” contra la Iglesia, etc.) se refieren SOLAMENTE a las cuestiones de fe y de moral, y a nada más. En otras palabras, usted y yo podemos estar tranquilos en cuanto sabemos que el Espíritu Santo no permitirá (lo ha prometido Jesús) que la Iglesia, en cuestiones de fe y de moral, equivoque su enseñanza. Ahora bien, que tal Papa sea un santo, y tal otro un corrupto, no cambia nada. Claro está que el ejemplo de santidad es un testimonio vivo del evangelio, y la “corrupción” no lo es. Dios hubiese podido hacer de su Iglesia una sociedad de ángeles... pero no lo hizo. Es más, “quién dice que no tiene pecado hace a Dios mentiroso”, dice San Juan.
Algo que suelen repetir los evangélicos es que Jesús dijo que “el árbol bueno no puede producir frutos malos”, queriendo decir que los frutos malos de los católicos son una prueba clara de que el catolicismo es un “árbol malo”. Parece muy lógico e irrebatible, pero según ellos lo interpretan es un grosero error. El mejor modo de destruir este sofisma es preguntarle, a cualquier evangélico, si él (o ella) NO TIENEN NINGÚN PECADO. Pues si lo tienen, entonces también el evangelismo es un árbol malo, y si dicen que no lo tienen..., pues bueno, yo diría que con semejante respuesta está todo dicho. 1 Juan 1,10 lo dice de un modo clarísimo: “Si dijéremos que no hemos pecado, lo hacemos á él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”. También los versículos siguientes ayudan a entender el contexto (se refiere a los pecados de los cristianos).

"...antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces..." Cristo
Otro ejemplo breve pero eficaz: en las primeras comunidades cristianas se cometían también muchos pecados (ver las dos cartas de Pablo a los Corintios, por poner un ejemplo). Ahora bien, ¿podemos concluir entonces que esas comunidades no estaban avaladas por Jesús, siendo que fueron fundadas por los mismos apóstoles? Ciertamente Jesús no avala el pecado, pero el hecho de que alguien cometa un pecado no quiere decir que la comunidad a la que pertenece sea desaprobada por Jesús.
Lo que Jesús estaba diciendo con eso de los frutos y el árbol era que todo lo bueno viene de Dios, lo malo no viene de Dios. De allí a concluir que la religión cristiana querida por Dios es aquella donde NADIE comete NINGÚN pecado, es un abuso, ¿no le parece? En todo caso, tal religión no existió nunca, ni existe hoy.
La historia de la Iglesia ciertamente tiene numerosos ejemplos de Papas, cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos corruptos; también de Papas, cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos santos; y más que en cualquier otra religión. Esos no nos espanta NI SE OCULTA en la Iglesia; la Iglesia nunca enseñó que sus pastores eran todos santos (aunque algunos cristianos que no conocen demasiado su fe puede que lo piensen así). Al contrario, sabemos que somos todos grandes pecadores, y que el deseo de santidad y la santidad misma son un regalo de la misericordia de Dios. Ojalá tengamos siempre papas santos (como el actual, que creo yo es un gran santo), pero no necesariamente va a ser así. La potencia de Dios se muestra “en la debilidad”, como misteriosamente lo dejaba claro San Pablo (2Cor 12, 9-10); no confiamos en nuestra santidad, sino en la de Dios. Y si Jesús no quiso que los pastores sean necesariamente santos, pienso que tampoco lo debemos esperar nosotros. ¿Cómo puede ser que un Papa o un obispo sean grandes pecadores? Pues pregúntese primero: ¿cómo puede ser que usted y yo, bautizados, rescatados, nueva creación, nacidos de lo alto y de nuevo "por el agua y el Espíritu", creyentes en Jesús, experimentemos sin embargo todos los días los efectos del pecado? La respuesta es la misma para usted, para mí y para los papas.
Finalmente me pregunta usted si la Iglesia tiene registrados estos hechos (de Papas corruptos): pues bien, nada se oculta. Los hechos están ahí, registrados por la historia. Hay grandes enciclopedias con las vidas de los Papas, que se pueden consultar en las buenas bibliotecas. Todos los documentos pontificios y eclesiásticos en general se guardan en los archivos, abiertos a los historiadores sin restricción por motivos religiosos. La fábula de una Iglesia que "oculta" estos hechos es creación de mentes ofuscadas por el fanatismo. Me gustaría saber de alguna institución que se haga más responsable de su gente y de su historia que nuestra Iglesia.
Dios lo bendiga, P. Juan Carlos Sack - http://apologetica.org - Agradecemos a la fuente.
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El valor de una sociedad se define por el de sus instituciones, sobre todo las educativas. Y la Iglesia desde los albores de la edad media, instituye escuelas y universidades, después.
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Catecismo de la Iglesia Católica, 858-860
“Creo en la Iglesia ....apostólica” - Jesús es el enviado del Padre. Desde el comienzo de su ministerio, “llamó a los que él quiso, y vinieron donde él. Instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar.” (Mc 3,13-14). Desde entonces, serán sus “enviados” (es lo que significa la palabra griega ‘apostoloi’). En ellos continúa su propia misión: “Como el Padre me envió, también yo os envío.” (Jn 20,21; cf 13, 20; 17,18). Por tanto su ministerio es la continuación de la misión de Cristo: “Quien a vosotros recibe, a mí me recibe”, dice a los doce. (Mt 10,40). Jesús los asocia a su misión recibida del Padre: como “el Hijo no puede hacer nada por su cuenta” (Jn 5,19.30), sino que todo lo recibe del Padre que le ha enviado, así, aquellos a quienes Jesús envía no pueden hacer nada sin El (cf Jn 25,5) de quien reciben el encargo de la misión y el poder para cumplirla. Los apóstoles de Cristo saben por tanto que están calificados por Dios como “ministros de una nueva alianza” (2 Cor 3,5), “ministros de Dios” (2 Cor 6,4), “embajadores de Cristo” (2Cor 5,20), “servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios” (1 Cor 4,1). En el encargo dado a los apóstoles hay un aspecto intransmisible: ser los testigos elegidos de la resurrección del Señor y los fundamentos de la Iglesia. Pero hay también un aspecto permanente de su misión. Cristo les ha prometido permanecer con ellos hasta el fin de los tiempos (cf Mt 28,20). “Esta misión divina confiada por Cristo a los apóstoles tiene que durar hasta el fin del mundo, pues el evangelio que tienen que transmitir es el principio de toda la vida de la Iglesia. Por eso los apóstoles se preocuparon de instituir...sucesores” (LG 20).
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"Quien no obedezca a Cristo aquí en la tierra, el cual está en el lugar de Cristo en el Cielo, no participa del fruto de la sangre del Hijo de Dios... Para tantos momentos de la historia, que el Diablo se encarga de repetir, me parecía una consideración muy acertada aquella que me escribías sobre lealtad: -llevo todo el día en el corazón, en la cabeza y en los labios una jaculatoria: !Roma!..." [Catalina de Siena (+ 1380)].
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Cruz, trabajos, tribulaciones: los tendrás mientras vivas. —Por ese camino fue Cristo, y no es el discípulo más que el Maestro.
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De la diversidad de dones en la Iglesia - "Nunca se cansa el alma enamorada de mi verdad de ser útil a todo el mundo en general y en particular, en lo poco y en lo mucho según la disposición del que recibe y del ardiente deseo del que da. Pues éste ha hecho el bien a los demás por el amor unitivo que me tiene a mí y por ello ama a los demás, extendiendo su afecto a la salvación de todo el mundo, socorriendo su necesidad. Se las ingenia, pues se ha hecho bien a si mismo en engendrar la virtud en él, de donde ha conseguido la vida de la gracia, para fijar sus ojos en las necesidades del prójimo en particular. Del mismo modo que, como se dijo, en general se ama a toda criatura racional con el afecto de caridad, así se socorre también en particular a quienes se hallan más cercanos de acuerdo con las diversas gracias que yo le he concedido administrar; (1 Co 12, 4-6) unos, en la enseñanza con la palabra, aconsejando con franqueza y sin respeto alguno; otros con el ejemplo de vida, y esto es lo que todos deben hacer: edificar al prójimo con buena, santa y honesta vida. Estas y otras muchas otras virtudes que no podrías enumerar son las que se engendran en el amor al prójimo. ¿Y por qué yo las he distribuido tan diversamente que no las he dado todas a uno solo, sino que a uno le doy una y a otro otra diversa? Aun suponiendo que nadie puede tener una sola sin tenerlas todas, puesto que todas están unidas entre sí, no obstante, muchas veces doy una virtud como principio de todas las demás.
Y así a uno le daré principalmente la caridad; a otro la justicia; a quién la humildad; a quién la fe viva; a otros la prudencia, la templanza, la paciencia, o a otros la fortaleza. Y así, muchos dones y gracias tanto de virtud como de otras cosas espirituales y corporales, y digo corporales refiriéndome a las cosas necesarias a la vida del hombre, todas las he dado con tanta diferencia y no las he puesto todas en uno, para que así estéis por fuerza obligados a ejercer la caridad unos para otros, aunque bien habría podido proveer a los hombres de todo lo que necesitaban tanto en el alma cuanto en el cuerpo; pero quise que uno tuviera necesidad del otro y así fuesen administradores míos en administrar las gracias y dones que han recibido de mí. Así que, quiera o no el hombre, no puede menos de ejercer forzosamente el acto de la caridad. Es cierto, empero, que si no la ejerce y no la da por amor de mí, ese acto de caridad no tiene valor en cuanto a gracia".
Del Diálogo de santa Catalina de Siena, virgen y doctora (c.7, ed. G. Cavallini Roma, 1968, p. 8-19).
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La Iglesia, desde el inicio, es católica,
esta es su esencia más profunda, dice Pablo.
El nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, es un pueblo que proviene de todos los pueblos. La Iglesia, desde el inicio, es católica, esta es su esencia más profunda. San Pablo explica y destaca esto en la segunda lectura, cuando dice: "Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu" (1 Co 12, 13). La Iglesia debe llegar a ser siempre nuevamente lo que ya es: debe abrir las fronteras entre los pueblos y derribar las barreras entre las clases y las razas. En ella no puede haber ni olvidados ni despreciados. En la Iglesia hay sólo hermanos y hermanas de Jesucristo libres. S. S. Benedicto XVI – P.P. 2005
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Recomendamos vivamente:
1ª) LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.
2ª) NUEVE SIGLOS DE CRUZADAS. Autor el argentino-español Luis María SANDOVAL PINILLOS – Editorial CRITERIO-LIBROS. Idóneo para denunciar o aclarar invenciones contra la Iglesia, como para hacer, junto a una necesaria crítica, una apología sin complejos del derecho que asistía a los cristianos de defenderse.
3ª) AL-ANDALUS CONTRA ESPAÑA – LA FORJA DEL MITO. Autor Serafín FANJUL – Editorial SIGLO VEINTIUNO DE ESPAÑA EDITORES. Apto para deshacer los tópicos, falsedades y supercherías de diverso género sobre la herencia islámica y convivencia de cristianos en el suelo peninsular. MMII.
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Recomendamos vivamente: La vida cotidiana de los primeros cristianos Adalbert G. Hamman Trad. Manuel Morera - Ediciones Palabra, 1999 - Colección Arcaduz - 294 pág.
Iglesia católica, sus casi 300 antes de Constantino - En ese salto que va de "Hechos de los Apóstoles" a esa "iglesia oficial y corrupta" que algunos protestantes y neo-gnósticos sitúan en el 325, con Constantino, pasan unos 250 años de vida cotidiana, de los que sabemos bastantes cosas; las suficientes, al menos, para desmontar historietas neopaganas, gnosticoides y demás morralla en la estela de El Código da Vinci y otras revisiones fantasiosas de los evangelios apócrifos. 2006
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