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JOSEPH NICOLOSI, PSIQUIATRA ESPECIALISTA EN HOMOSEXUALIDAD

 

«Es posible dejar la vida gay cuando descubres que en esos sufrimientos hay causas emotivas»


Nicolosi ha logrado que miles de personas homosexuales que querían abandonar su orientación sexual pudieran hacerlo gracias a su efectiva Terapia Reparativa.


Actualizado 27 agosto 2010

Roberto Marchesini/Studi Cattolici

 

Joseph Nicolosi es psiquiatra desde hace varios años y trabaja la llamada terapia reparativa de la homosexualidad; es cofundador y director de la Asociación Nacional para la Investigación y la Terapia de la homosexualidad (NARTH), miembro de la Asociación Psicológica Americana, autor de numerosos libros y artículos científicos. Su último libro publicado en España se titula: «Quiero dejar de ser homosexual» (Ediciones Encuentro).


- Doctor Nicolosi, ¿qué es la homosexualidad?

- La homosexualidad es un síntoma de un problema emotivo y representa necesidades emotivas insatisfechas desde la infancia, especialmente en la relación con el progenitor del mismo sexo. En otras palabras: para el chico que no ha tenido una conexión emotiva con el padre, y para la chica que no ha tenido atención emotiva por parte de la madre, ello puede inducirles a desarrollar un síntoma de atracción hacia el propio sexo, u homosexualidad.

 

- ¿La homosexualidad es «normal»? ¿Y qué es normal?

- Yo no pienso que la homosexualidad sea normal. La población homosexual es alrededor del 2%, 1.5% - 2%. Por tanto estadísticamente no es “normal” en el sentido que esté muy extendida. Además de esto, no es normal tampoco en términos de natural designio. Cuando hablamos de ley natural, y de la función del cuerpo humano. Cuando miramos la función del cuerpo humano, la homosexualidad no es normal. Es un síntoma de algún desorden. La normalidad es aquello que cumple una función conforme al propio designio; éste es el concepto de ley natural – y en este sentido la homosexualidad no puede ser normal, porque la anatomía de dos hombres, los cuerpos de dos hombres, o dos mujeres, no son compatibles.

 

- ¿Cuáles son las causas de la homosexualidad? ¿Y existe una causa genética?

- Como he dicho, las causas de la homosexualidad se remontan a la autopercepción del niño o de la niña en la primera infancia. El chico necesita de una relación con su padre para desarrollar su substancial identidad masculina, la chica necesita de una unión emotiva o relación con su madre para desarrollar su feminidad. Es el sentido del género que determina la orientación sexual; en otras palabras, cuando un chico se siente seguro de su masculinidad, se siente naturalmente atraído por las mujeres. Y la misma cosa es cierta para las mujeres: cuando una joven chica se siente segura de su identidad femenina, se sentirá naturalmente atraída por los chicos. El homosexual es una persona que carece del sentido de género, y por ello trata de remediar, o busca un remedio a través de otras personas. Esta inclinación se hace sexualizada, y es por ello que manifiestan el síntoma de la homosexualidad.


Se habla mucho de las causas genéticas de la homosexualidad y más o menos hace veinte años en los Estados Unidos se hablaba en continuación del «gen gay», o de «cerebro gay», pero ningún estudio ha demostrado tal cosa. De hecho los activistas gay en los Estados Unidos ya no hablan tanto de bases biológicas o genéticas, porque ningún estudio lo ha demostrado y ha ofrecido tal confirmación. Son mucho más evidentes las causas familiares y ambientales, especialmente aquélla que llamamos la «clásica relación triádica» constituida por el chico con un padre distanciado y crítico, por una madre hiper-involucrada, intrusiva y a veces dominante y por un chico constitucionalmente sensible, introvertido y refinado que está expuesto a un riesgo mayor de sentirse falto en la identidad sexual. Nosotros vemos este esquema continuamente.


Nosotros reconocemos que en muchas personas hay una predisposición constitucional a la homosexualidad, pero es una cosa distinta a la pre-determinación, o a una “causa” directa. Esto es, el chico puede ser constitucionalmente proclive a la homosexualidad, en los términos de su constitución pasiva o delicada, y en su dificultad en crear un vínculo con el padre y en sentirse confiado para con el mundo masculino, pero es necesaria la “clásica relación triádica” ambiental para crear un problema homosexual a un chico con esta constitución.


- ¿Cuál es la diferencia entre “gay” y “homosexual”?

- Es esencial hacer esta importante distinción entre gay y homosexuales. Los activistas gay querrían que nosotros creyésemos que todos los homosexuales son gay. De hecho, incluso la jerarquía de la Iglesia católica cree que las personas homosexuales sean «gay». Nosotros no creemos que ellos sean gay. La palabra «gay» indica una identidad socio-política. Homosexual, en cambio, es simplemente una descripción de un problema psicológico, de una orientación sexual.


Las personas que vienen a nuestra clínica, que buscan una ayuda, tienen un problema homosexual, pero rechazan la etiqueta de gay. No quieren ser llamados “gay” porque no se reconocen en aquella identidad socio-política y con el estilo de vida gay.


- ¿El movimiento gay es un movimiento para los derechos humanos?

- Desde un cierto punto de vista lo es, es un movimiento para los derechos humanos, o para los derechos civiles, porque todas las personas, no importa cual sea su orientación sexual, tienen que disfrutar de los derechos civiles – de todos modos ello no significa que la sociedad deba redefinir el matrimonio; ésto es otro argumento que va más allá del objetivo de esta conversación.


Nosotros creemos que muchos activistas gay han usado la cuestión de los derechos civiles o de las libertades civiles como una manera para oprimir personas que están tratando de cambiar, personas que están tratando de salir de la homosexualidad. Hay una población entera de individuos que han salido o que están saliendo de la homosexualidad, y este hecho es una amenaza para los activistas gay, y los activistas gay están tratando de suprimir y silenciar este punto de vista, esta población.


Infelicidad, depresión, suicidio...

- Los investigadores dicen que los homosexuales sufren mucho. ¿La causa de este sufrimiento es la homosexualidad o la homofobia social?

- Nosotros creemos que hay sufrimiento para las personas homosexualmente orientadas en la sociedad, porque la cultura gay es minoritaria en esta sociedad y porque los objetivos sociales del movimiento gay constituyen una amenaza para el cuerpo social porque los gay quieren redefinir el matrimonio, la naturaleza de la paternidad, y la norma social fundamental acerca del género y del sexo, por ello la sociedad ha resistido a la normalización de la homosexualidad y a la visibilidad de los gay. Y reconocemos que ello sea difícil para las personas que se identifican como gay.


De todos modos, de lo que no se habla es del desorden intrínseco en la condición homosexual. Nosotros creemos que la homosexualidad sea intrínsecamente desordenada, y contraria a la verdadera identidad del individuo; y muchos de los síntomas de los que sufren las personas gay y lesbianas no son causados por la homofobia social sino porque la condición misma es contraria a su verdadera naturaleza.


Muchísimos estudios demuestran que los homosexuales son más infelices, depresivos, predispuestos a los intentos de suicidio, tienen relaciones pobres, son incapaces de mantener relaciones a largo plazo, tienen comportamientos autolesionistas e inadaptados. Pero no se puede simplísticamente decir que todo ello esté causado por la homofobia de la sociedad. En parte lo es; pero yo creo que la mayor parte de los sufrimientos se deba a la naturaleza desordenada de la misma homosexualidad – porque se opone a nuestra naturaleza humana.


- ¿El cambio es posible?

- El cambio es realmente posible. Nosotros vemos cada vez más individuos que quieren dar un paso al frente y dar su testimonio. Hace cinco años hubiera sido muy difícil encontrar un ex homosexual que quisiera exponerse, pero felizmente hoy hombres y mujeres que eran declaradamente gay y lesbianas, que vivian un estilo de vida gay, ahora quieren discutir abiertamente de su proceso de cambio. Muchos de ellos están casados con niños, y les habían dicho que no tenían otra opción que ser gay, y que tenían un gen de la homosexualidad, y que tenían que aprender a aceptarlo, pero estas personas han sido capaces de ir a fondo en las causas de su atracción hacia el propio sexo. Y entonces han descubierto que muchos de sus sufrimientos eran debidos a causas emotivas. Y cuando estas necesidades han sido reconocidas honradamente y satisfechas de manera sana, su deseo homosexual ha disminuido.


Hay un camino para salir de la homosexualidad

- ¿Qué es la terapia reparativa?

- La terapia reparativa es un particular tipo de psicoterapia que es aplicada a los individuos que quieren superar su atracción homosexual. Es una terapia particular que mira a los orígenes y a las causas de esta condición, que ayuda al cliente a comprenderse, enseñándole a entender qué ha ocurrido en su infancia, a entender los sucesos particulares que le han ocurrido, especialmente en los términos de las relaciones con su madre y con su padre, y a ir más allá de todo ello, a apoyar al cliente en crear aquellas nuevas relaciones que son sanas, que son benéficas, y que compensan el vacío emotivo que se ha creado en su desarrollo.


La terapia reparativa estudia realmente a fondo las técnicas que son más eficaces para disminuir la homosexualidad de una persona y a desarrollar su potencial heterosexual.


- ¿Cuáles son las bases teóricas de la terapia reparativa?

- Fundamentalmente la terapia reparativa comienza, teóricamente, con la terapia psicodinámica, esto es, aquella que estudia las fuerzas subconscientes que gobiernan el comportamiento de las personas.


Desde el punto de vista teórico nosotros creemos que las necesidades emocionales no satisfechas se expriman indirectamente bajo forma de síntomas, y en el caso de la homosexualidad como atracción homosexual; pero que la homosexualidad no afecte realmente al sexo, cuanto más bien el intento de adquirir satisfacciones emotivas e identificación, complemento, a través del comportamiento homosexual; intento que sin embargo no funciona, y es ésta la razón por la que las personas vienen a buscarnos.


Muchos de los desarrollos teóricos están basados en la teoría psicodinámica clásica: nosotros usamos muchos conceptos freudianos – como es notorio, Freud pensaba que la homosexualidad fuera un desorden del desarrollo, y que fuera una condición que podía someterse a tratamiento. Aunque el mismo Freud fuera un defensor de los derechos de los gay, creía que el tratamiento tenía que estar disponible para aquellos que querían cambiar, y nosotros seguimos la misma línea de tradición.


Nosotros usamos también muchas de las “teorías del apego” de John Bowlby, de aquella de las relaciones objetuales y de la self-psychology, muy popular en los Estados Unidos. Nosotros trabajamos también con la familia de origen, ayudando al paciente a entender sus relaciones con su familia, y su papel en la familia, y cómo el sitio ocupado por él en la estructura familiar lo ha conducido al fracaso en la adquisición del propio género”.

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=10556

27 Augustus MMX


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De la Cierva publica, por primera vez en España, los rituales de la masonería, incluído el grado 33


Es el último libro del famoso historiador: «Los rituales secretos de la Masonería anticristiana», publicado recientemente en la editorial Fénix. 01.VIII.MMX


Luis del Real Espanyol/ReL

Era uno de los secretos mejor guardados de la Masonería: sus rituales, incluído el grado máximo: el 33. Ricardo de la Cierva, famoso historiador y una de los estudiosos de referencia sobre la sociedad secreta más importante del mundo, desvela ahora en un libro de obligada lectura, los rituales de iniciación de cada grado.


Rituales de iniciación

De la Cierva había publicado en «El triple secreto de la Masonería (o la Palabra Perdida)» (Fénix) los rituales de los tres primeros grados, la llamada Masonería azul, sin embargo, estaba todavía por desvelar los grados que van del cuarto al 33, que son los verdaderamente importantes, y que ahora los ofrece en «Los rituales secretos de la Masonería anticristiana» (Fénix).


«Una autoridad en la Masonería como Albert Pike considera -dice De la Cierva- que los tres primeros grados son una auténtica engañifa y se trata con ellos de confundir al masón que ingresa. Lo curioso es que en los altos grados ocurre lo mismo. Es decir, no se crea que por alcanzar el grado 33 ya uno tiene todos los conocimientos más profundos e íntimos de la Masonería Universal. De hecho, sólo una minoría de masones llega al cenit, verdaderos adeptos que conocen los secretos profundos de la orden. Las Masonería es el secreto por el secreto y los masones están empeñados en mantenerlo. La Masonería está repleta de misterios: una vida secreta, una actividad secreta y una finalidad secreta».


El grado 18, importantísimo

«El Muy Sabio Soberano da un golpe que es repetido por el Primer y Segundo General». Así comienza el ritual de iniciación del grado 18.


«Muy Sabio Soberano: Hermanos, ayudadme a abrir el capítulo de Príncipes Rosa Cruz de Heredom. (Todos se levantan)...».


De la Cierva señala en su libro que el grado 18 es de los más importantes y significativos dentro del esquema de la Masonería.


En el ritual de iniciación al grado 18 «prohíbe expresamente que el Candidato haya pertenecido a alguna orden monástica o a la Compañía de Jesús».


«El grado 18 es probablemente el más gnóstico de todos(...). Cuando se nos da el auténtico significado de la palabra perdida que se nos comunica también en el grado 18 y se nos dice que esa palabra perdida es JAHABU LON. A mí me parece el argumento más importante, pues ratifica el carácter pagano de la Masonería: es un sincretismo del verdadero Dios para los cristianos, con un ídolo nefando para cualquier cristianoasirio o sirio Baal y un dios egipcio, como Osiris».


Grado 33

«El candidato se prepara quitándosele sus zapatos y su sombrero; se viste con un traje negro, sin espada y sin insignias; una vela encendida a su derecha y un cable negro, alrededor de su cuello el final del cual es sostenido por el Ilustre Gran Maestro General de Ceremonias, en el tiempo adecuado. El Ilustre Gran Mariscal se retira a la Cámara de Reflexión, y cuando todo está preparado, da un golpe en la puerta de la sala del Consejo». Así está descrito en el libro de Ricardo de la Cierva el comienzo del rito de iniciación del grado 33, el más alto en la Masonería.


De la Cierva afirma en su libro que en el grado 33 «explícitamente se intenta destruir la cristiandad y hacer de la Masonería la religión del mundo. La Masonería primero se empeñó en demostrar que no era una religión. Después, en los últimos grados, se presenta como una superreligión, que está por encima de cualquier fe o credo. En realidad, lo que pretende es sustituir al cristianismo».

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=10194


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... que la homosexualidad no es lo mismo que la heterosexualidad y por tanto no puede dar lugar a situaciones legales iguales, y esto ni es homofobia, ni es discriminación, ni es intolerancia ni es inopia ni nulidad, y que una mujer no es lo mismo que un hombre, pasmosas constataciones que hoy en día debemos realizar en voz muy alta pues se han convertido casi en blasfemias….


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La tolerancia y el liberalismo no pueden, en ningún caso, constituirse al margen de la realidad. No pueden, de ningún modo, caer en la trampa de los consensos y de las definiciones de lo válido a partir de lo acordado.


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Más sobre la homosexualidad


La homosexualidad es la atracción sexual hacia una persona del mismo sexo. Es una aberración duramente castigada en la Biblia. Es el caso de Sodoma y Gomorra . Y por eso a los homosexuales se les llama sodomitas.

También San Pablo condena la homosexualidad .

Y el Levítico dice (18:22):«No cometerás pecado de sodomía, porque es una abominación»


«Los actos homosexuales son objetivamente desordenados. Son contrarios a la ley natural. No pueden recibir aprobación en ningún caso» .


La homosexualidad es una anormalidad según el "DSM-IV. Criterios Diagnósticos de los Trastornos Mentales". Así lo señala la psicopedagoga Mª Mar Martín Ayllón.


La homosexualidad es una enfermedad. Así la cataloga la Organización Mundial de la Salud: La OMS dedica un apartado de su clasificación de las enfermedades psiquiátricas CIE 10, el número F66.1.x1, al que denomina Trastorno de la orientación sexual egodistónica, homosexualidad.


Aunque la Asociación Americana de Psiquiatría sacó la homosexualidad de su lista de desórdenes, está demostrado que lo hizo por presión política de los gays, no por razones médicas.


«Una definición más o menos adecuada de la homosexualidad es: una anomalía que consiste en la desviación de la atracción afectivo-sexual, por la cual el sujeto prueba atracción, e incluso puede mantener relaciones, con personas de su mismo sexo.


»Esta desviación puede responder a causas puramente morales (perversión moral) o causas morales y psicológicas. Los orígenes del fenómeno en las personas que se descubren "constitucionalmente" homosexuales, no son del todo claros; hay varias hipótesis.


»La más plausible indica que si bien puede haber predisposiciones orgánicas y funcionales, el origen más claro se remonta generalmente a una intrincada red de relaciones afectivas y sociales. Han sido estudiados los eventuales factores hereditarios, sociológicos, e incluso hormonales; pero de todos, el más influyente parece ser el clima educativo familiar, especialmente en el período que va de los 6 a los 12 años» .


El catedrático Aquilino Polaino, el 20 de junio de 2005, dijo en el Senado Español lo siguiente: «Voy a entrar ahora en un tema que me resulta más próximo: en cuál es el perfil psicopatológico de las personas con conducta homosexual.


»Muchos de los datos que voy a darles proceden también de la investigación de numerosos autores y asimismo de mi propio ejercicio en la práctica clínica, al que he dedicado muchos miles de horas, lo que me hace sentirme seguro de lo que estoy diciendo, y es que a estas alturas pasan de los 160 los hombres y mujeres de conducta homosexual que han solicitado mi ayuda humanitaria como terapeuta.


»Por hacer uso de un cierto orden sistemático empezaré haciendo la siguiente pregunta: ¿Qué núcleos estructuradores de la psicopatología encontramos?


»En primer lugar, las relaciones familiares.( Voy a limitarme a leer sin hacer comentarios porque se me iría el tiempo). Muchos de ellos y de ellas describen y perciben al padre durante la infancia como un padre hostil, distante, violento o alcohólico. Puedo citar a Aperson (1978), a Bene (1975), a Sipoa (1983), a Vilar (1988) o a Fisher (1998). La madre es percibida como sobreprotectora más por los niños que por las niñas que al llegar a adultos tiene conducta homosexual. Ahí están los trabajos de Vider (1971), de Norton (1979) o de Nicolós (2004). La madre es considerada por su hijo como necesitada de afecto, fría y muy exigente.


»Hay un buen trabajo de Fitz Gibbons de 1999. La madre es percibida por su hija lesbiana como emocionalmente vacía, y a ese respecto están fundamentalmente los trabajos de Bradley (1979) y de Eisenwood (1982).


»Los padres no fomentaron la identidad ni la identificación del niño con el propio sexo, y a ello se refieren los trabajos de Zucker de 1995. En esos chicos y chicas hay ausencia de juegos. Los chicos renuncian a los juegos violentos, en relación a lo cual están los trabajos de Friedman y de Haven (1987 y 1967). Hay ausencia de identificación con sus iguales del mismo sexo, Thomson (1993); hay ausencia de empresas motoras, especialmente de aquellas relacionadas con la práctica de deportes violentos y masculinos -hay trabajos al respecto pero no entraré en ellos-. Hay una incapacidad para defenderse físicamente de sus compañeros iguales en situaciones de violencia. Pueden haber sufrido en la temprana infancia abuso sexual o violación por padre, madre o algún familiar. En eso la colección bibliográfica, incluida mi experiencia en España es muy abundante. Con arreglo a los datos de que dispongo podría decir que casi el 30 por ciento de las personas que he visto han sufrido estos problemas. Hay también fobia social o timidez extrema, como muestra el trabajo de Goldwing en el año 1993. En algunos casos se produce la pérdida del padre por muerte o divorcio o la separación de uno de los padres durante una etapa crítica el desarrollo, como revela el trabajo de Suker, o el rechazo de los padres adoptantes cuando uno de ellos es homosexual o lesbiana» .


Algunos médicos opinan que la homosexualidad puede curarla un psicólogo.


«La legalización jurídica de parejas homosexuales va en contra de la naturaleza humana, y revela una corrupción grave de la conciencia moral ciudadana» ha dicho D. Elías Yanes, ex- Presidente de la Conferencia Episcopal Española .


Hoy estamos padeciendo lo que se llama LA INQUISICION ROSA. Los homosexuales persiguen a los que no piensan como ellos.


Carrie Prejean, Mis California, fue despojada de su título por decir en la televisión que para ella el matrimonio debía ser entre un hombre y una mujer.


Y Christian Vanneste ha padecido un calvario judicial por haber dicho que la homosexualidad es inferior a la heterosexualidad.


Grupos homosexuales han solicitado expulsar a Lituania de la UNION EUROPEA por prohibir las relaciones homosexuales a menores de 18 años. Etc., etc.


Erich Kock, en una entrevista al diario Avvenire, dice: «Estamos ante una propaganda masiva a favor de la homosexualidad. Hablar de discriminación, como se ha hecho, está fuera de lugar. No hay que marginarlos. Pero esto no quiere decir que haya que equiparar sus uniones a los matrimonios» .


«Equiparar las “uniones homosexuales” al matrimonio es una aberración contra la ley natural.

»Se hace responsable de los graves efectos negativos que tendría para la sociedad la legitimación de un mal moral.

»Permitir que esas personas adopten niños es atentar contra los derechos de estos niños que el día de mañana, cuando caigan en la cuenta de la realidad, sufrirán taras psíquicas al compararse con el resto de sus compañeros.

»Destacados científicos están en contra de la adopción de niños por parejas homosexuales, por los traumas psíquicos que esto sería para el niño» .


¡Menudo trauma para el niño cuando caiga en la cuenta de que sus padres son unos anormales, pues todos sus compañeros tienen un padre y una madre!


Por eso José Ramón de Verda, Profesor de Derecho Civil en la Universidad de Valencia aseguró que los niños adoptados por homosexuales pueden desembocar en problemas psicológicos.


Además , según la Dra. Judith A. Reisman, ex profesora de investigación de la American University, en el estudio científico Crafting Gay Children, afirma que los pederastas heterosexuales son el 9%, mientras que los pederastas homosexualoes llegan al 60%, según Psychiatric Journal, University of Ottawa, J. W. Bradford et al., 1988 .


Por otra parte, es cosa conocida la facilidad con la que los homosexuales cambian de pareja. Según un estudio norteamericano, el 42% de las mujeres lesbianas tuvieron más de diez compañeras sexuales, y el 43% de los hombres homosexuales tuvieron más de quinientos compañeros sexuales. ¿Cuántos padres y madres iban a tener esos niños adoptados por parejas homosexuales? ¡Pobres niños!


Por eso Mons. Juan José Asenjo, arzobispo de Sevillla dijo en su día que «sería el colmo de los despropósitos que se permitiera a las parejas homosexuales la posibilidad de adoptar niños» .


Dice Ahmed Okasha, Presidente de la Asociación Mundial de Psiquiatría: «Un niño criado por homosexuales tendrá alteraciones emocionales» .


No hay que confundir los homosexuales auténticos, que no tienen ningún interés en corregirse, con el hombre de apariencia feminoide de lo cual no es responsable, y que puede no ser homosexual.


La homosexualidad es una anormalidad, pero no es pecado, a no ser que se ejerza. Si se ejerce y además hay corrupción de menores, constituye peligrosidad social.


No es lo mismo el homosexual por vicio, que el que nace así, o sufrió el impacto de una desgraciada experiencia de su infancia.


No somos responsables de nuestras tendencias. Pero sí somos responsables de nuestros actos voluntarios. No es lo mismo “tendencia homosexual” que “conducta homosexual”.


«Hay una enorme diferencia entre una tendencia que experimentas interiormente, y una tendencia que satisfaces con tus actos.


»Si te resientes de una tendencia homosexual pero sin llegar jamás a prácticas homosexuales, tienes muchas posibilidades de que esa tendencia no se haga irreversible.


»Será una dificultad, no un grave obstáculo.


»Por el contrario, si cedes a tal tendencia, quizás pasajera en sí misma, corres el riesgo de enraizarla en ti y de encerrarte en la homosexualidad. (...)


»El pensamiento cristiano es especialmente severo con lo que podríamos llamar “la cultura homosexual”; o sea, la voluntad deliberada de justificar y hasta de exaltar la homosexualidad. (...)


»En este espíritu San Pablo liga la cultura homosexual al rechazo de Dios y a la idolatría. (...)


»El comportamiento homosexual es intrínsecamente negativo.


»Y este carácter negativo no queda suprimido por el hecho de que tenga una tendencia involuntaria a ese comportamiento.


»Hay personas (como los sádicos) que tienen una tendencia profunda a gozar haciendo sufrir.


»Otros (los cleptómanos y pirómanos) a robar o incendiar. La presencia de esta tendencia involuntaria no impide que los actos realizados para satisfacerla sean gravemente responsables».


El homosexual de nacimiento que domina su tendencia y no es corruptor del ambiente, pervertidor de menores o escandaloso público, no hay por qué considerarlo como peligro social. La peligrosidad social no depende de lo que la persona es, sino de lo que hace.


El homosexual de nacimiento es tan responsable de su tendencia, como lo puede ser de su defecto el miope o el tartamudo.


Por lo tanto, al homosexual que domina su inclinación no hay que considerarlo corruptor, perverso ni degradante; si domina su inclinación, puede alcanzar notable virtud.

Debe poner todo su empeño en dominarse. Y que confíe en Dios que le ayudará. Él lo ve todo y es justo.


El homosexual debe dominarse lo mismo que el casado al que le gusta su vecina.


Y el homosexual que se domina puede llegar a santo, que es lo más grande que se puede ser en la Tierra. Y, en ese caso, la Iglesia lo pondrá en los altares.


«Los homosexuales que lleven una vida casta pueden ser santos» dice el diario de la Santa Sede .


Ser comprensivo con los homosexuales, que luchan por dominarse, no es justificar su actuación homosexual.

Una cosa es aceptar a la persona, y otra aprobar su comportamiento.


El homosexual tiene que dominar su tendencia lo mismo que el heterosexual, que no puede irse con todas las mujeres que le apetecen.


El homosexual tiene que dominar su tendencia desordenada lo mismo que el cleptómano tiene que dominar su tendencia a apropiarse de lo ajeno.


La Madre Angélica le dice al homosexual: «La homosexualidad es tu cruz. Y debes darte cuenta de que es una cruz.


»Debes soportarla como tal, y no como un estilo de vida, o como justificación para el pecado» .


Pero este respeto que debemos tener hacia el homosexual que no es peligro social porque no atenta contra el bien común, no significa que consideremos al homosexual como una persona normal que tiene derecho a ejercer su tendencia de acuerdo con su inclinación.


Si el homosexual tiene derecho a vivir como él es, y no como debe ser, lo mismo podríamos decir del ladrón y del asesino.


El hombre debe acomodar su conducta a los auténticos valores humanos.


El respeto a la persona del homosexual no considerándolo perverso o peligroso mientras su conducta sea correcta, no elimina el que no se pueda considerar al homosexual como una persona normal.

Es como si el jorobado quisiera que consideráramos natural el tener joroba.


Llamar intolerantes a los que no aceptan el ejercicio de la homosexualidad es como llamar intolerantes a los que no aceptan el error de que la Tierra es plana.


«Una cosa son los homosexuales y sus derechos civiles como personas y ciudadanos, y otra distinta la aceptación ética y moral de su comportamiento. (...)

»La moralidad de los actos humanos no depende de mayorías o minorías, de lo que a cada uno apetece o conviene, sino de lo que objetivamente está ordenado por Dios» .


En una ocasión intervine en un debate televisivo. Intervenía un homosexual que criticaba a la Iglesia por no aprobar la homosexualidad como una cosa natural y lícita.


Asistía al debate un Catedrático de la Universidad de Cádiz, Julio Pérez Serrano, que dijo: «En culturas primitivas, anteriores al cristianismo, ya existía hostilidad a la homosexualidad por considerarla antinatural».


«Los homosexuales que declaran su homosexualidad son, casi siempre, personas que consideran su comportamiento o su estilo de vida homosexual como ´indiferente o, sin más, bueno´, y por eso digno de aprobación pública» .


Estos normalmente usan el logan de la «discriminación sexual» como un arma política para manipular la sociedad.


Y el objetivo último es lograr la aprobación de sus comportamientos homosexuales.


«Una táctica asumida por los movimientos homosexuales o "gay" es la de culpar de discriminación contra ellos a cuantos resisten a sus campañas pretendiendo "sexo libre" e igualdad absoluta para aspirar a cualquier cargo o función en la sociedad.


»Para tratar de superar la poca vergüenza que les queda, algunos llegan a hablar de "orgullo gay", para ahuyentar en los no adictos el pudor que los aleja instintivamente de ese camino.


»No está justificado el maltrato a los homosexuales, como lo ha declarado también la Iglesia en varias oportunidades.


»Pero esto no implica que la sociedad y en particular los padres de familia no tengan derecho a impedir el proselitismo que fácilmente pueden desarrollar los homosexuales militantes, si se les permite ocupar cátedras con alumnos niños y adolescentes.


»La criminalidad de la corrupción de menores es bastante extensa como para ignorarla; ya que está comprobado que suele ser el camino de la iniciación en las prácticas homosexuales, de las que luego no resulta fácil librarse.


»Los padres de familia, pues, tienen derecho a exigir a los institutos educativos que no asuman como profesores a quienes son conocidos como homosexuales.


»Si la ley no reprime las prácticas homosexuales penalmente mientras están restringidas a la vida privada, esto no significa que los homosexuales no puedan ser excluidos de la docencia, como tampoco se aceptan como cajeros de banco a los cleptómanos, ni choferes a los ciegos.


»Esto no viola los derechos humanos, ni es discriminación injusta: no queremos que sean maestros de nuestros hijos quienes pretenden que es normal la práctica de la homosexualidad o la drogadicción o el robo.


»Esta actitud es tachada de antievangélica y opuesta a la misericordia de Jesús; pero quienes lo dicen olvidan que el Señor perdonaba a los pecadores arrepentidos, mientras que, de los que escandalizaban a los niños dijo: "sería preferible que les ataran al cuello una piedra de moler y lo hundieran en el fondo del mar"» .


El Papa Juan Pablo II, en respuesta al Parlamento Europeo que equiparaba la unión homosexual al matrimonio natural, ha dicho: «La Iglesia rechaza la discriminación de los homosexuales, pero considera moralmente inadmisible la aprobación jurídica de la práctica homosexual. Ser comprensivo con quien peca no equivale a aprobar el pecado. Cristo perdonó a la adúltera, pero le dijo que no pecara más» .


La Comisión Permanente del Episcopado Español publicó una nota el 24 de junio de 1994 donde se dice: «El homosexual, como persona humana que es, es digno de todo respeto inherente a la persona humana» (nº 18) ; «pero la inclinación homosexual, aunque no sea en sí misma pecaminosa, debe ser considerada como objetivamente desordenada; ya que es una tendencia, más o menos fuerte, a un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral» (nº 7).


La razón del aparato genital es la generación. Y el ejercicio del sexo en un homosexual no tiene nada que ver con la generación.


Las cosas usadas contra su naturaleza de estropean: si un lápiz lo usamos de destornillador, lo destrozamos.


Dice Marc Oraison: «No vacilo en afirmar que la realización de la pareja homosexual es de por sí imposible» .


Para el Dr. John Loraine, de la Universidad de Edimburgo, donde está encargado de la Cátedra de Endocrinología, el homosexual es un enfermo cuyas hormonas sexuales se han desquiciado.

Tras sus experimentos, Loraine, afirma que el homosexual es un paciente para los endocrinólogos, pues sufre una serie de trastornos fisiológicos gonadales que hoy pueden medirse a la perfección .


«Hay que reconocer que, fuera de algunos casos de perversión voluntaria, en la mayor parte de los homosexuales, su tendencia desviada debe ser considerada como una enfermedad. De aquí que, por una parte, se merezca todo el respeto y la ayuda que como a personas humanas les es debida; pero, por otra, la sociedad, por todos los medios adecuados, deba defenderse de su devastador contagio, tan pernicioso y destructivo para la naturaleza humana en su presente y en su futuro» .


Hay mujeres que tienen el vicio de saciar su apetito sexual con otras mujeres. Esto es una aberración.

El afecto de dos muchachas no debe repercutir en los órganos genitales. Si es así, esa amistad es desaconsejable.


La homosexualidad en la mujer se conoce desde seiscientos años antes de Cristo en la isla griega de Lesbos. Por eso a la mujer homosexual se le llama lesbiana.


Hay que distinguir entre la auténtica lesbiana que busca otra mujer para su actividad sexual, y el afecto muy frecuente en adolescentes hacia mujeres mayores que ellas por las que llegan a sentir verdadera adoración; pero con ausencia total de actividad sexual.


Esta tendencia desaparecerá en cuanto se enamoren de un hombre. El que gusten las personas guapas del mismo sexo no es señal de homosexualidad, si este atractivo no pone en marcha el aparato genital.


Un adolescente puede pensar que es homosexual porque le gusta una persona del mismo sexo. Pero esto no es necesariamente por ser homosexual. Puede deberse a distintas causas. Lo que sería preocupante es que ese atractivo pusiera en marcha su aparato genital.

La heterosexualidad es una inclinación de la misma naturaleza personal del hombre. Pero el homosexual aunque no sea un pervertido, es un invertido, que ha sufrido una desviación del instinto sexual natural.

Los defensores de la homosexualidad generalizan esta tendencia queriéndola hacer pasar como una sexualidad distinta pero natural, y así poder actuar libremente sin restricciones a su tendencia. Para eso incluyen entre los homosexuales a todos los que han tenido alguna vez alguna experiencia homosexual.


Pero esto no es serio. Con este mismo criterio podríamos considerar no homosexual a todos los homosexuales que hayan tenido un contacto heterosexual.


Puede una persona, por una circunstancia casual y transitoria, haber practicado la homosexualidad, lo cual, aunque es inmoral, no la constituye en homosexual.

Lo que caracteriza al homosexual no es haber tenido más o menos contactos homosexuales, sino la tendencia hacia las personas del mismo sexo y la consiguiente repugnancia hacia la relación heterosexual.

«Mientras cifras falseadas (ej. Informe Kinsey) pretenden, por ejemplo, que los homosexuales constituyen el 10% de la población norteamericana; los investigadores serios están de acuerdo en que es el 2,5%».


«Científicos de varios países han demostrado la falsedad del Informe Kinsey porque los datos fueron estadísticamente manipulados».


Luis Mª Ansón, escribió en LA RAZÓN que según el Instituto Nacional de Estadística los homosexuales en España son el 0,1% de la población, es decir, uno de cada mil. Y cuenta que le dijo un mejicano que «viendo la televisión española parece que el 50% de los españoles son maricones o lesbianas».


Richard Cohen, Psicoterapeuta y Educador, que ha curado a muchos homosexuales, durante catorce años, dice en su libro "Comprender y sanar la homosexualidad" (LibrosLibres) : «Muchos dirán que no se puede salir de la homosexualidad. Esto es sencillamente un mito, porque el cambio es posible».


Para que un homosexual cambie, lo primero, es indispensable que quiera cambiar, y después que quiera someterse a un tratamiento psicoterápico: «sólo la psicoterapia le podrá ayudar».


Gerard Van den Aardweg, psicólogo holandés, que ha dado cursos en universidades de Estados Unidos, Canadá y Brasil, opina que la homosexualidad se puede curar. Afirma que el 30% vuelven a los hábitos sexuales normales, en otro 30 % el cambio es gradual, y un pequeño porcentaje peor, debido a su estado neurótico, puede mejora. También opina que muchos casos se evitarían si al niño se le educa como niño y a la niña como niña, pues unificar ambos roles es absurdo.


«El profesor Van den Aardweg, licenciado en psicología en Amsterdam y notorio especialista de nivel internacional en terapia de la homosexualidad, describe numerosos casos de curación, confirmados por otros psicólogos, como Paul C. Vitz de la Universidad de Nueva York, y otros de todo el mundo. Noel B. Mosen, en una carta publicada por la revista New Zealand de junio de 1994 escribe: “Fui homosexual activo durante 21 años, hasta que me hice cristiano y me convencí de la necesidad de cambiar. Con la ayuda y la fuerza de Dios, lo conseguí. Ahora llevo seis años felizmente casado y no experimento ninguno de los deseos y tentaciones homosexuales que antes dominaban mi vida”.


»Conocidos expertos en sexología, sin vinculación religiosa, como D. J. West, M. Nicholson y L. J. Hatterer, han descrito muchos casos de homosexuales que se convierten en heterosexuales».


En un estudio del Dr. Robert L. Spitzer, de la Universidad de Columbia (EE.UU.), presentado en el Congreso Anual de la Asociación de Psiquiatría de Estados Unidos, y publicado en la revista Archives of Sexual Behaviour afirma que doscientas personas homosexuales, tratadas por él, habían cambiado su orientación homosexual a la heterosexual.

 

Los homosexuales pueden cambiar

Una publicación oficial de la American Psychological Association (APA) (ver www.aciprensa.com), difundió los resultados de un nuevo estudio que insiste en que las personas que presentan una conducta homosexual pueden cambiar de vida.


La publicación Professional Psychology: Research and Practice, incluye la investigación de Warren Throckmorton, médico del Grove City College, sobre el cambio de orientación sexual entre personas homosexuales. Throckmorton sostiene que se apoya en los "resultados, empíricos y clínicos, obtenidos de las investigaciones iniciales referentes al proceso del cambio para ex homosexuales".


El artículo de Throckmorton expone el resultado de las experiencias de miles de individuos que sienten que su sexualidad han cambiado como resultado de la reorientación y asesoramiento de su terapia .

Joseph Nicolosi, psicólogo clínico norteamericano, promotor de la Terapia Regenerativa de la Homosexualidad, en su libro Quiero dejar de ser homosexual, (Ed. ENCUENTRO), expone su experiencia con pacientes que se liberaron de su homosexualidad.


El Dr. Juan Antonio Vallejo-Nágera, en su preciosa obra "La puerta de la esperanza" (Planeta), afirma que «la educación en la castidad es sanísima y ayuda mucho a superar los problemas de la edad juvenil. En cambio, la presunta libertad sexual que se predica ahora, ésa sí que llena de pacientes la consulta del psiquiatra. Y no digamos, la moda de decir que la homosexualidad es una alternativa tan válida como cualquier otra. Mentira. El ser homosexual es complicadísimo. Deben merecer toda nuestra comprensión y cariño, pero para intentar curarlos; no para animarlos a serlo».


«Se dice que la inversión sexual es constitucional, de carácter congénito biológico. Otros buscan las causas en factores de orden psíquico, como falsa educación, ambiente, experiencias que se remontan a la infancia, etc. Para otros, los factores de la homosexualidad son innatos y ambientales juntamente».


Que la homosexualidad no es algo genético se deduce de que dos hermanos gemelos, uno es homosexual y el otro no . Si la homosexualidad estuviera determinada genéticamente, los dos serían homosexuales.


Parece más bien que la homosexualidad se debe a factores ambientales y de educación.


Algunos terminan en homosexuales como consecuencia del alcoholismo y las drogas.


Por supuesto que la homosexualidad no tiene la misma importancia en la edad adulta que en la infantil. Entre niños puede ser casi un juego que puede no significar desviación enfermiza.


Aunque sí puede perjudicar a su psicología.


En 1983 el Vaticano ha publicado un documento sobre la educación sexual donde dice: «No hay ninguna justificación moral a los actos homosexuales» .«Los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados y no pueden recibir aprobación en ningún caso» . La homosexualidad se condena en la Biblia en varios pasajes . Se considera un pecado muy grave . La Biblia manda castigar con pena de muerte a los que realizan actos homosexuales.


Y San Pablo dice que los homosexuales no entrarán en el Reino de los Cielos. Se entiende, naturalmente, a los que no se dominan y ejercen de homosexuales.

Se llaman transexuales los homosexuales que se cambian los órganos genitales. El cambio de los órganos genitales sólo es lícito para corregir un «error» de la naturaleza, pero no por gustos particulares. Aunque un loco se considere lombriz, no se le pueden cortar los brazos.


Hoy están sobre el tapete «las parejas de hecho».

Grupos políticos quieren igualar los derechos del matrimonio normal a las parejas de homosexuales y lesbianas.


Pero el matrimonio, en toda la historia de la humanidad, está constituido por un hombre y una mujer. Las leyes humanas no pueden cambiar la naturaleza. Aunque saliera una ley permitiendo volar a los burros, a éstos no les saldrían alas para volar.


Si una pareja de homosexuales o de lesbianas tienen los mismos derechos que un matrimonio de un hombre y una mujer, ¿por qué no tienen los mismos derechos dos hermanas que viven juntas, o dos amigas que viven juntas pero no son lesbianas?


El P. José Mª Díaz Moreno, S.I., Profesor de Derecho Matrimonial en la Facultad de Derecho (ICADE) de la Universidad de Comillas de Madrid, en un artículo sobre este tema, resume así su pensamiento:

a) Los católicos tenemos el derecho y el deber de defender la institución matrimonial como la única válida.


b) Hay obligación moral grave de oponerse a la posibilidad de que la pareja homosexual o lesbiana pueda adoptar niños, por el daño que éstos recibirían.


c) A los familiares que hayan optado por una «unión de hecho» se les debe ayudar, con cariño, a que reestructuren su vida en conformidad con las leyes de Dios y de la Iglesia.


El ABC de Madrid publicó el 10 de Julio de 1997 un estudio del Ministerio de Trabajo según el cual la equiparación del matrimonio a las «parejas de hecho» costará al Estado 30.000 millones en pensiones de viudedad . Es lógico que no queramos que nuestro dinero se dedique a financiar esas uniones. Nos parece mejor que ese dinero se dedique a ayudar a las familias numerosas, pues en España tenemos el índice de natalidad más bajo del mundo .


Digamos que la pederastia (con niños) y de la zoofilia (con animales) es algo repugnante para toda persona normal. Pero hoy hay una tendencia a presentar como normal las aberraciones más degradantes. Algunos parecen haber perdido el sentido común.¿Qué diríamos a uno que le gusta hacerlo con una gallina? Hay cosas repugnantes a toda persona normal.


Los homosexuales están hoy haciendo enorme presión en los Medios de Comunicación Social para que sus uniones se consideren auténtico matrimonio. Esto es una injusticia y un disparate. Una injusticia porque dos cosas distintas no pueden ser iguales. Una pareja de homosexuales no puede engendrar hijos como un matrimonio natural. Por lo tanto no pueden tener los mismos derechos, pues no pueden otorgar nuevos ciudadanos a la patria.


Las uniones de homosexuales deben tener su nombre propio, pero no el de matrimonio. Quizás se le podía llamar “homomonio”. Cada cosa tiene su nombre. A una tarta de manzana no la llamamos pastel de chocolate.


Tomado del libro PARA SALVARTE, n° 68,24

De JORGE LORING, S.I.

COMUNIDAD JESUITAS

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=9978


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en nombre de la “norma” se han cometido las peores violaciones de la dignidad de las personas y del género humano


Pío Moa ¿homófobo?


El interesante y muy fructífero debate suscitado en www.libertaddigital.com por Pio Moa a raíz de una entrada de su blog titulada “Soy homófobo, naturalmente”, que ha concitado las réplicas de Jose María Marco, Albert Esplugas y finalmente del propio Federico Jiménez Losantos (estoy a la espera de la entrada en escena de César Vidal) se ha desenfocado, desde mi punto de vista, por parte de sus interlocutores. Y este desenfoque tiene que ver con el plano del discurso en el que se sitúan las réplicas.


Las objeciones que sus críticos presentan a Moa tienen que ver con el cuestionamiento que éste hace de la homosexualidad como excepción de una “norma” en la sexualidad de la especie y como falta de respeto a lo que se entiende que son libertades individuales irrenunciables en un modelo de sociedad liberal. O bien no se ha entendido lo escrito por Moa o bien no se ha querido entender, siendo ésto lo más probable.

En sus reflexiones sobre la naturaleza humana, Habermas titula una de sus obras del siguiente modo: “Entre naturalismo y religión”. Pues bien, los términos de esta ecuación son erróneos. Siendo que hoy en día la preocupación ontológica, la residual reflexión sobre el “ser de las cosas” ha quedado reducida al discurso científico, ocurre que esos “restos” de reflexión filosófica sobre la realidad en cuanto “lo que es” se han situado ya sin ninguna ambigüedad en el entorno del cristianismo, y aquí hay que prescindir de “lo moral” como criterio.

De este modo encontramos en la réplica de Losantos afirmaciones del siguiente calibre: “En cuanto a la realidad, no es lo que se dice fácilmente aprehensible. De hecho, llevan dos mil años discutiéndola los filósofos y los que no lo son”. De acuerdo. Pero precisamente en esta discusión se establecen las dos posturas dominantes hoy en día, la de los que niegan la posibilidad de un conocimiento de la realidad en sí misma, deteniéndose en el universo de las representaciones, y la de los que afirman que aún es posible una cierta ontología.

En los recientes debates tanto sobre los matrimonios gays como sobre todo en lo tocante a la ley del aborto, hemos visto a los principales sistemas morales de cuño religioso, principalmente el cristiano, acudir una y otra vez a los datos de la biología en defensa de sus tesis, siendo así que asistimos hoy en día a un acercamiento entre ciencia desnuda y religión, entre ese naturalismo y la religión a la que se refería Habermas. De hecho, la pretensión ontológica pervive ante todo en el discurso científico y, paradójicamente, también en el religioso, si bien por una via neotomista.

Por el contrario, el antagonista de esta posición genérica a la que podemos llamar “realismo”, en tanto que posición que pretende un conocimiento de las cosas con el referente último de la realidad tal cual es, no es otro que eso que también genéricamente podemos llamar el “constructivismo”, termino que hace referencia a una concepción del conocimiento humano como construcción social, lo que en última instancia nos hace concebir también la realidad como un constructo.

Pues bien, sostengo que la discrepancia de posturas en este debate se debe a la diferente posición de las partes con relación al tema: mientras Pio Moa parte de una posición “realista”, sus críticos se sitúan, conscientemente o no, en una posición “constructivista”. Y aquí el debate se desliza hacia una serie de falsos problemas, originados por la lógica falta de espacio para explicitar las premisas discursivas.

En primer lugar, Moa se planta en una posición de resistencia activa ante un discurso “oficial” aplastante sobre la homosexualidad, al que denomina con gran acierto “homosexualismo”. Tal discurso, procedente de instancias oficiales y gubernamentales, plantea el tema desde una constructivismo descarnado y radical, en el que cada individuo es lo que ha decidido ser, y aquí es donde el liberalismo de tipo más ortodoxo suele caer en la trampa de los ingenieros sociales que tratan de uniformar las mentalidades de toda la colectividad. Que un individuo de la especie “homo sapiens” jamás podrá ser lo que haya decidido ser es una evidencia palmaria que una y otra vez pone de relieve la simple y desnuda biología, dato al que los constructivistas se niegan en rotundo a prestar atención.

El error, en el que incurre Losantos desde mi punto de vista, es centrar la polémica en el concepto de “normalidad” entendido desde su sentido sociológico. Que la “norma” es un constructo social dependiente de los consensos cambiantes con los tiempos históricos es algo que se admite sin demasiadas discusiones. Como también que en nombre de la “norma” se han cometido las peores violaciones de la dignidad de las personas y del género humano. Pero me parece evidente que Moa no se refiere a la “norma” sociológica, sino al dato biológico y científico. No faltarán quienes traten de buscar un filonazismo en esta afirmación, del tipo de comparar esta apelación a la ciencia con las apelaciones de ciertos alemanes a la “ciencia racial” en su momento. No tengo tiempo para atender bobadas.

Y me parece que Moa se expresa con una claridad meridiana; hombre + mujer = reproducción de la especie = supervivencia. Huelga decir que el recurso a las grandes posibilidades de las modernas tecnologías para enmendarle la plana a la biología que he leído en otra réplica sólo me remite a Huxley. Se trata, por tanto, de un malentendido generado por lo de siempre: donde unos están utilizando un registro discursivo científico, otras saltan a otro plano discursivo para situarse en el sociológico, y así se entremezclan dos tipos de discurso de distinta naturaleza.

En segundo lugar, plantear como hace Moa que el dato biológico es el previo inexcusable sobre el que el individuo puede y debe construir su propio proyecto vital no es ni homofobia, ni discriminación, ni negación de la dignidad de ninguna persona, términos de los que le acusan sus críticos partiendo de un plano discursivo diferente, el constructivista, desde el cual apelan a los sentimientos y afectos de los individuos y a las circunstancias particulares en cuanto vivencias diferentes de la sexualidad. Precisamente el mismo plano del discurso que se impone desde instancias gubernamentales, en el que los derechos y la propia legislación toman como referente los estados subjetivos de las personas, lo cual es una aberración que está en la base del nuevo totalitarismo.

De aquí se pasa al peor malentendido, el que expresa Marco en una frase de su réplica: “La presencia política y mediática de esas "mafias" o "lobbies" se debe a su militancia, claro está, pero también a la inopia o la nulidad de quienes se proclaman defensores de una sociedad tolerante y liberal sin creer en ella” El recurso al insulto no suele cargar de razones al que lo emplea, y considerar que Moa está en la inopia o es una nulidad pone de manifiesto que Marco parte de unos presupuestos que ya no son teóricos. Y sumando a esto las réplicas de Esplugas y de Losantos, pone de manifiesto también la existencia de un complejo.

La tolerancia y el liberalismo no pueden, en ningún caso, constituirse al margen de la realidad. No pueden, de ningún modo, caer en la trampa de los consensos y de las definiciones de lo válido a partir de lo acordado. En todo esto se respira mucho a Habermas. No pueden, de ninguna forma, sentar su tolerancia en la misma premisa que esa cosa a la que aún muchos se refieren como “progresismo” según la cual, “todo tiene el mismo valor por igual”, cuando la realidad de los hechos sociales y aún mucho más de los datos naturales claman exactamente en el sentido contrario.

Y lo único que ha hecho Moa es levantar una voz clara y cristalina contra la nueva dictadura, sólo para afirmar verdades de perogrullo: que la homosexualidad no es lo mismo que la heterosexualidad y por tanto no puede dar lugar a situaciones legales iguales, y esto ni es homofobia, ni es discriminación, ni es intolerancia ni es inopia ni nulidad, y que una mujer no es lo mismo que un hombre, pasmosas constataciones que hoy en día debemos realizar en voz muy alta pues se han convertido casi en blasfemias.

Y es ahí donde cierto liberalismo ortodoxo se ve constreñido por muchos complejos ¿intolerantes nosotros? ¡no, nunca! ¿carcas y retrógrados? ¡jamás en la vida, somos lo más avanzado en lo social y lo político! ¿Libertades individuales? ¡todas y absolutas! ¿Absolutas? Yo quiero volar, y he decidido ser alguien con capacidad para el vuelo, pero he aquí que una estúpida fuerza de la naturaleza me lo impide. Espero que se legisle adecuadamente para dar cumplimiento a mi derecho a volar. A fin de cuentas, debo ser lo que he decidido ser, sin discriminaciones y sin que nadie se inmiscuya en mi intocable y absoluta libertad individual. 20.VII.MMX          Alejandro Campoy

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=9947


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POLÉMICAS DECLARACIONES DEL FAMOSO CINEASTA

 

Zeffirelli, homosexual confeso, tacha el Orgullo Gay de «horrendo» y politizado


Es un hombre libre que no tiene miedo a las presiones y amenazas del lobby gay. Habla claro y directo. Es Zeffirelli en estado puro.


Actualizado 5 julio 2010

Fernando Arnó/ReL

«Soy homosexual, no lo escondo, pero no gay, una palabra que me parece ofensiva y obscena. Lo que uno hace en la cama es cosa suya, es un asunto privado», así de claro habla Franco Zeffirelli, el famoso cineasta que ha recibido hasta 14 nominaciones a los Oscar y, entre la que destaca «Jesús de Nazareth», rodada en 1977.


No al Orgullo Gay

«No soporto el exhibicionismo, me parece una cosa horrenda los desfiles del Orgullo Gay. Y me irrita profundamente que haya gente que quiera convertir ese asunto privado en una cuestión política», declara Zeffirelli al Magazine de El Mundo.


Contra los matrimonios homosexuales

«Estoy en contra de los matrimonios homosexuales, me parece una provocación, una forma de atacar a la iglesia. Existen medios legales para hacer un pacto con tu pareja; sólo tienes que ir al abogado y firmar un contrato privado».


Sobre la adopciones de niños por parte de los homosexuales tampoco se muerde la lengua: «Un niño necesita de un padre y de una madre. Yo lo sé mejor que nadie. Mi madre murió cuando yo tenía seis años y mi padre fue siempre una figura ausente. Sé que me hago muchos enemigos diciendo estas cosas, pero es lo que pienso».

Font: religionenlibertad.com 


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Lo que Hitler decía sobre la Iglesia: conversaciones con Hermann Rauschning



Hitler quería un cristianismo vacío, panteísta, inmanente, al servicio de la nación y el Estado, de jóvenes. Contra el clero, películas que lo denigraran. (Publicado el 19 de octubre de 2007)


A pesar de las muchas mentiras vertidas sobre la relación entre Hitler y la Iglesia Católica, ésta constituyó siempre un dolor de cabeza para el Führer. Como todos los totalitarismos, Hitler intentó destruir a la Iglesia Católica empezando por la alemana.

Así nos lo demuestra Hermann Rauschning en su libro de 1939 «Hitler me dijo...», tristemente descatalogado. Rauschning, terrateniente de familia militar prusiana, fue nazi de 1926 a 1934. Arrepentido del nazismo, escribió sobre las ideas de Hitler. En el capítulo VII, titulado El Anticristo, recoge una conversación con el dictador acerca de la Iglesia Católica y lo que pensaba sobre ella.


Repasemos el pensamiento de Hitler detenidamente.

Sobre las religiones en general y el cristianismo en particular:
 
«¿Las religiones? Tanto valen unas como otras. Ninguna tiene porvenir, para los alemanes cuando menos. El fascismo puede, si quiere, hacer su paz con la Iglesia. Yo haré lo mismo. ¿Por qué no? Ello no me impedirá en absoluto extirpar el cristianismo de Alemania. Los italianos, gentes candorosas, pueden ser al mismo tiempo paganos y cristianos. Los italianos y los franceses, si radican en el campo, son paganos. Su cristianismo es superficial, epidérmico. Pero el alemán es distinto. Toma las cosas en serio: es cristiano o pagano, pero no ambas cosas. Por otra parte, como Mussolini nunca hará de sus fascistas héroes, poco me importa que sean paganos o cristianos.

Para nuestro pueblo, por el contrario, la religión es una cuestión capital. Todo depende de saber si permanecerá fiel a la religión judeocristiana y a la moral servil de la piedad, o si tendrá una fe nueva, recia, heroica, en un dios inmanente, en la Naturaleza inmanente, en la nación misma, en un dios inseparable de su destino y de su sangre.».

«Dejemos a un lado las sutilezas. Que se trate del Antiguo Testamento, o del Nuevo, o de las solas palabras de Cristo, como quiere Houston Stewart, Chamberlain, todo ello no es más que un solo y mismo bluf judaico. ¡Una Iglesia alemana! ¡Vaya una broma! Se es o bien cristiano, o bien alemán; mas no se puede ser ambas cosas a la vez. Podréis expulsar a Pablo de la cristiandad. Otros ya lo hicieron.

Puede hacerse de Jesús una noble figura y negar a un tiempo su divinidad. Es cosa de todos los tiempos. Hasta creo que existen en América y en Inglaterra, aún hoy, cristianos de esa catadura, llamados «unitarios» o algo por el estilo. Todas esas exégesis no sirven propiamente para nada. Por ese camino nunca llegaremos a libertarnos de ese espíritu cristiano que queremos destruir. No más hombres de mirar torcido hacia el «más allá». Queremos hombres libres, que sepan y sientan que Dios está en ellos.».


¿Cuál era el programa a seguir para destruir a la Iglesia?:

«Y nosotros, ¿qué programa deberemos seguir? Exactamente el de la Iglesia católica cuando impuso su religión a los paganos: conservar lo que puede conservarse y reformar lo demás.

Por ejemplo, la Pascua no será ya la Resurrección; será la eterna renovación de nuestro pueblo. Navidad será el nacimiento de nuestro Salvador, es decir, del espíritu de heroísmo y de manumisión.

¿No creéis que profesarán así nuestro dios en sus iglesias esos sacerdotes liberales, que ya no tienen creencia alguna y que ejercen una mera función? ¿No reemplazarán su cruz por nuestra cruz gamada?

En lugar de celebrar la sangre de su Salvador de antaño, celebrarán la sangre pura de nuestro pueblo; harán de su hostia el símbolo sagrado de los frutos de nuestra tierra alemana y de la fraternidad de nuestra grey. Claro que sí, yo os lo aseguro: comerán ese pan, y entonces, Streicher, se llenarán de nuevo las iglesias. Si lo queremos, será nuestro el culto celebrado. Pero aún es temprano para esto.»

«Por el momento, puede permitirse que las cosas sigan su curso. Mas eso no durará. ¿Para qué una religión unitaria, una Iglesia alemana, desvinculada de Roma? ¿No ven que todo ello está superado? ¡Cristianos alemanes, iglesias alemanas, cristianos cismáticos! Todo eso sabe a viejas historias. Bien sé lo que debe fatalmente suceder, y llegado el momento favorable, ya nos encargaremos de que suceda así. Sin religión propia, el pueblo alemán no puede tener estabilidad. ¿Cuál será esa religión? Nadie lo sabe de momento. Lo presentimos, nada más».

«(…) esos profesores y esos ignorantes, constructores de mitos nórdicos, no nos sirven para nada. Estorban mi acción. Me preguntaréis por qué los tolero. Porque contribuyen a la descomposición, porque provocan desorden, y porque todo desorden es creador. Por vana que sea su agitación, dejémosles hacer, ya que nos ayudan a su manera, lo mismo que los curas. A unos y a otros los obligaremos a destruir por dentro sus religiones, vaciándolas de toda autoridad y todo contenido viviente, sin que subsista más que un vano ritual de frases huecas ».


Es realmente curioso como mucha de las medidas preconizadas por Hitler para acabar con ella, se siguen aplicando hoy en nuestra sociedad posmoderna.

Hitler le reconocía un gran valor a la Iglesia católica. Él fue católico y eso le daba, a su entender, una ventaja sobre Bismarck, que era protestante, y por eso fracasó cuando aplicó su Kulturkampf: 


«La Iglesia católica es una gran cosa. No por nada ha podido mantenerse durante dos mil años. Nos da una gran lección que aprender. Tal longevidad implica inteligencia y gran conocimiento de los hombres. ¡Oh, esos ensotanados conocen bien el corazón humano y saben exactamente dónde les aprieta el zapato! Pero su hora pasó. Ya lo saben bien. Tienen bastante entendimiento para comprenderlo y para no dejarse arrastrar al combate. Si, a pesar de ello, se les antojara entablar la lucha, no haría ciertamente de ellos mártires. Me contentaría con denunciarlos como vulgares criminales. Les arrancaré de la cara su máscara de respetabilidad. Y si esto no bastare, los tornaré ridículos y despreciables.

Haré filmar escenas que contarán la historia de los hombres negros. Entonces se podrá ver de cerca el cúmulo de locura, de egoísmo sórdido, de embrutecimiento y engaño que es la Iglesia.

Se verá cómo sacan dinero de cada país, cómo rivalizaron en avidez con los judíos, cómo favorecieron las prácticas más vergonzosas. Organizaremos el espectáculo de tal manera excitante, que todo el mundo querrá verlo, y habrá largas colas a las puertas de los cines. Y si los cabellos se erizan sobre la cabeza de los burgueses devotos, tanto mejor. La juventud será la primera en seguirnos. La juventud y el pueblo.

En cuanto a los otros, no los necesito. Les garantizo que, si yo lo quiero, aniquilaré a la Iglesia en pocos años, con lo que probaré lo hueco, frágil y engañoso del aparato religioso. Bastará un golpe serio para demolerlo. Los buscaremos por el lado de la rapacidad y de su gusto proverbial por la buena vida. Los emplazo, cuando mucho, para de aquí a algunos años. ¿A qué preocuparnos? Aceptarán todo, a condición de poder conservar su situación material. Sucumbirán sin combatir.

Ya husmean de dónde sopla el viento, pues no son mentecatos, ni mucho menos. Desde luego, la Iglesia fue algo en otros tiempos. En la actualidad nosotros somos sus herederos, porque somos también una iglesia. Conocen su impotencia. No resistirán. Y si resistieran, nos da lo mismo. Desde el momento en que la juventud está conmigo, me es indiferente que los viejos vayan a enmohecerse al confesionario, si les viene en gana. Para la juventud la cosa es distinta, y ése es asunto mío.»


A raíz de estas palabras, Rauschning recuerda cuando Hitler persiguió posteriormente «a los sacerdotes católicos por tráfico de divisas o por atentado a las costumbres, a fin de presentarlos a los ojos de la masa cual criminales, quitándoles de antemano la palma del martirio y la gloria de la persecución.»


Para extirpar el catolicismo de las clases campesinas, Hitler pensaba en revitalizar el paganismo que, según él, se encontraba en el sustrato de las creencias de dichas clases:

«Sobre eso edificaremos. Nuestros campesinos no han olvidado sus creencias de otros tiempos; la vieja religión vive siempre. La cubre la mitología cristiana, que al superponérsele, cual capa de hollín, conserva el contenido del envase.»

«Tengo dicho a Darré –prosiguió- que era tiempo de abordar la verdadera Reforma. Darré me hizo proposiciones asombrosas, que aprobé en seguida. Rehabilitaré las antiguas costumbres por todos los medios. Durante la Semana Santa y en las exposiciones agrícolas ambulantes difundiré nuestro credo religioso por la imagen, y de un modo tan expresivo, que el campesino más obtuso comprenderá. No haremos lo que antes: no evocaremos el pasado con cabalgatas y mascaradas románticas. El campesino debe saber lo que la Iglesia le ha hurtado: la intuición misteriosa y directa de la Naturaleza, el contacto instintivo, la comunión con el espíritu de la tierra. Así es como debe aprender a odiar a la Iglesia. Debe aprender progresivamente de qué trucos se han valido los sacerdotes para robarles el alma a los alemanes. Rascaremos el barniz cristiano y volveremos a hallar la religión de nuestra raza. Hay que comenzar por la campiña, y no por las grandes ciudades.

«(…) No vamos a complicarnos en la estúpida propaganda marxista del ateísmo. En las grandes ciudades no queda absolutamente nada. Allí donde todo ha muerto es imposible reanimar nada. Mas nuestros campesinos viven aún sobre un fondo de creencias paganas, y partiendo de ahí podremos evangelizar algún día a las multitudes de nuestras ciudades. Aunque, como es natural, estamos aún lejos de ello».


Todo esto, como sabemos, se cumplió después.


Hitler fue derrotado, pero su insidiosa ideología, ¿ha desaparecido realmente?

Isaac García Expósito 17.V.MMX forumlibertas.com


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la izquierda protege, ampara y propicia la pederastia, no lo dicen abiertamente


La izquierda y la pederastia



“La Ley sobre el aborto, que se titula de salud sexual y reproductiva, trata también de proteger a la pederastia. No lo dice abiertamente, pero queda claro para quien sabe leer entre líneas”


Es indudable que los católicos y especialmente los sacerdotes nos sentimos dolidos y escandalizados ante el hecho que algunos sacerdotes hayan incidido en prácticas de pederastia, así como de la actuación nada correcta de unos cuantos obispos y cardenales que han intentado echar tierra sobre el asunto. Pero a medida que se va haciendo luz sobre el asunto, también me estoy sintiendo escandalizado con la actitud de los que han intentado aprovechar la ocasión para echar fango a la Iglesia Católica.


Unos cuantos medios de comunicación, encabezados por el New York Times y seguidos por los medios afines a nuestro gobierno, han intentado, y todos lo hemos leído en varios artículos, el culpar al celibato de estos delitos. Pero cuando hemos empezado a conocer cifras me he convencido de dos cosas: el problema es mucho más grave de lo que parecía, revela una sociedad muy enferma y los sacerdotes, pese al celibato o muy posiblemente gracias a él, no son ni con mucho los más numerosos en este delito, aunque un solo caso ya son demasiados casos. Un sacerdote incriminado de cada dos mil quinientos casos en Alemania revela que hay muchas profesiones en mucho peor situación y que, desde luego, la culpa no la tiene el celibato. Por ejemplo, en Estados Unidos hay cien sacerdotes y cinco mil profesores de educación física y monitores deportivos condenados. Y sin embargo, a pesar que está claro que es mucho más fácil que un niño sea corrompido por un entrenador, ¿han leído ustedes algo contra éstos? Sospecho que debe ser algo políticamente incorrecto.


Y si pasamos del plano práctico al teórico está claro que una Iglesia que condena la fornicación, con mayor motivo condena como muy grave pecado la pederastia. En su alocución del 23 de Abril de 2002, con motivo de los escándalos norteamericanos de pedofilia, Juan Pablo II recuerda que no puede haber tolerancia con la pedofilia y que ésta es un delito ante la sociedad y un pecado horrendo para la Iglesia, especialmente grave si sus autores son sacerdotes o religiosos cuya misión es ayudar a la gente joven, no precisamente ocasionarles sufrimiento y escándalo. Recientemente, el 19 de Marzo, en una Carta Pastoral a los católicos irlandeses, Benedicto XVI condena este gravísimo pecado, que también deben castigar los Tribunales civiles.


Es evidente que nuestra izquierda condena la pederastia, si la realizan sacerdotes o religiosos católicos. Pero nuestra izquierda, concretamente todos aquéllos que votaron a favor de la Ley del aborto, ¿condenan o promueven la pederastia, cuando quienes la realizan no son estas personas?


La pregunta puede parecer un disparate, por eso hay que examinarla con calma. No nos olvidemos que estamos ante un hatajo de hipócritas que en la misma Ley que proclama el aborto un derecho, eso sí bajo la ambigua fórmula «se reconoce el derecho a la maternidad libremente decidida» (art. 3.2), proclaman nada menos que cinco veces, con expresiones engañabobos, el que «la vida prenatal es un bien jurídico merecedor de protección que el legislador debe hacer eficaz».


Y ahora empecemos a hablar sobre la pedofilia. Recordemos que ya nuestro permisivo Código Penal de 1995 dice que sólo «se consideran abusos sexuales no consentidos los que se ejecuten sobre menores de trece años» (art. 181.2). Si interviene engaño, el abuso sexual también es punible entre los trece y los dieciséis (art. 183.1). Es decir, si un chico o chica de trece años consiente en tener relaciones sexuales con un adulto, los padres legalmente no pueden hacer nada, pues la ley española le considera maduro para tener relaciones homosexuales o heterosexuales con adultos. Diga lo que diga la Ley: ¿es pedofilia sí o no?


La Ley sobre el aborto, que se titula de salud sexual y reproductiva, trata también de proteger a la pederastia. No lo dice abiertamente, pero queda claro para quien sabe leer entre líneas. Así declara que es un objetivo a conseguir «la educación sanitaria integral y con perspectiva de género» (art. 5 e), así como el que «la formación de profesionales de la salud se abordará con perspectiva de género» (art. 8). Si eso se pretende de los educadores, es que se quiere que, a su vez, eduquen en esta mentalidad a los educandos.


La «ideología del género» considera la sexualidad como un elemento cuyo significado fundamental es de convención social. La diferencia entre varón y mujer sería mera construcción cultural. El significado del sexo depende de la elección propia de cada uno sobre cómo configurar su propia sexualidad, resultando justificable cualquier actividad sexual, homo, hetero o bisexual pues serían simplemente modos alternativos de expresar la sexualidad. En esta mentalidad, el hombre y la mujer eligen su sexo y lo podrían cambiar, cuantas veces lo estimen oportuno, hasta el punto de que las diferencias entre hombres y mujeres no tienen relación con las causas naturales o biológicas, sino que se deben a determinaciones sociales. Personalmente debo decir que la primera vez que me explicaron en qué consistía la ideología de género, creí que me estaban tomando el pelo, porque no me podía suponer que hubiese gente capaz de tomarse en serio eso. Pero por lo visto la hay, y hasta intenta imponerla a nuestros niños, adolescentes y jóvenes. Debo decir que no se trata de ninguna novedad, sino que ya se está pretendiendo hacer en Educación para la Ciudadanía, a favor del RD 1631/06.


Termino con dos preguntas dirigidas a nuestros legisladores, fundamentalmente a los socialistas, que por algo tienen la mayoría: ¿a partir de qué años no es escandaloso enseñar a un niño a masturbarse o que puede irse a la cama con un coetáneo o coetánea suya?, ¿a partir de qué años del chico o chica puede un adulto tener relaciones sexuales con él?. Puede que sea legal, pero puede que muchos padres y abuelos piensen que lo que se quiere hacer con sus hijos y nietos su sentido común lo llama corrupción de menores o pederastia. Por ello estad atentos y no dejéis que éstos, que ya han destrozado la familia, destrocen la vida de vuestros hijos y nietos. 07.IV.MMX

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No me extraña en un Papa de la calidad humana y sensibilidad espiritual e intelectual, más su enorme bagaje teológico. La Iglesia está viviendo hoy día en un mundo canalla y degradado, y siendo como es la Iglesia Católica con Benedicto XVI a la cabeza, el único bastión moral e intelectual que le hace frente, no es de extrañar la intensidad de los ataques. En el Papa tiene que haber un hondísimo pesar y una perplejidad total por el tremendo daño hecho a las víctimas y la traición que al sacerdocio han hecho los depravados pederastas. Pero tiene el papa algo que no lograrán quitarle los enemigos de la Iglesia: primero e intensamente el Amor de Dios y su fortaleza, así como el de nuestra Madre María; en segundo lugar el amor y cercanía del resto de prelados y sacerdotes, así como el de los católicos de a pie, entre los que me incluyo. ¡Ánimo Santidad! Lleva usted un Pontificado magnífico, a pesar de todas estas vicisitudes.

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La idea de que por la Sangre de Cristo hemos sido arrancados de "esta generación perversa" juntamente con la conciencia clara y humilde de que todos somos pecadores, y los cristianos los primeros, no debería haber sido erradicada de la predicación y de la praxis eclesial.


El Príncipe de este mundo es el mismo desde hace muchos milenios y obviarlo es engañarse.


Nos hemos emborrachado de buenismo y hemos llegado a sustituir la caridad, la verdadera caridad, por buenismo. De hecho, aprovechamos a suplantar la palabra caridad por ‘solidaridad’; a esta última la ejecutan hasta los interesados, mientras que la caridad sólo es cuando todo se hace por Cristo, en nombre de Cristo, manifestando a Cristo que actúa en su Iglesia.

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Un principio de respuesta es que él es atacado sistemáticamente precisamente por lo que hace, por lo que dice, por lo que es.


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El caldo de cultivo de la pedofilia

 

El hecho es que la exaltación de la sexualidad en todas sus modalidades implica admitir la pedofilia, en la teoría y en la práctica. Muchos experimentos de «estilos alternativos de vida», que proliferan durante los años setenta y ochenta en occidente, con esas comunas en las que, en principio, todo se compartía, también incluían la iniciación sexual de los pequeños.


Hace veinticinco años, el partido de Los Verdes de Renania Westfalia pidió  la supresión de los artículos 174 a 176 del Código Penal alemán, relativos a los abusos sexuales en situación de dependencia y a la pedofilia. Para justificar esa petición se decía: “La sexualidad practicada de común acuerdo es una forma de comunicación entre seres humanos de cualquier edad, sexo, religión o raza, y debe estar a salvo de toda limitación”. El sexo con niños “resulta para ambas partes agradable, productivo, estimula el desarrollo; en resumen: es algo positivo”. “Las relaciones sexuales entabladas de mutuo acuerdo no se deben criminalizar… No es aceptable que se amenace con penas de hasta diez años de prisión a adultos que se toman en serio los deseos sexuales de niños y adolescentes y mantienen con ellos relaciones amorosas”.  Ese texto se modificó posteriormente, pero de entrada se aprobó con 76 votos a favor y 53 en contra y pasó a formar parte del programa del partido. El caso de los verdes alemanes no constituye un hecho aislado. En el contexto de la revolución sexual de los sesenta  y de la convergencia de planteamientos inspirados en Marx y en Freud, socavar los viejos tabúes de la moral sexual tradicional parecía un objetivo inseparable de la lucha contra el orden social capitalista-burgués. El fenómeno rebasa el ámbito de la política y se hace  perceptible en la pedagogía y en la cultura en general. La erosión de los viejos valores se convierte en un elemento central del programa educativo antiautoritario y emancipador.

El hecho es que la exaltación de la sexualidad en todas sus modalidades implica admitir la pedofilia, en la teoría y en la práctica. Muchos experimentos de “estilos alternativos de vida”, que proliferan durante los años setenta y ochenta en occidente, con esas comunas en las que, en principio, todo se compartía, también incluían la iniciación sexual de los pequeños.

Conocemos el estrepitoso fracaso de esas fórmulas sociales pretendidamente revolucionarias, pero parece que nos cuesta extraer todas las lecciones que nos brinda su experiencia. Si se ponen determinadas causas, resulta inevitable que se sigan los efectos correspondientes. Ante los escandalosos sucesos de pedofilia que ocupan la atención pública de diversos países es de rigor la aplicación de la tolerancia cero y, en consecuencia, el castigo penal de los responsables. Parece igualmente oportuno revisar y endurecer códigos y reglamentos allí donde la legislación era demasiado laxa o dejaba inquietantes zonas de sombra.

Y además de atender a las víctimas y castigar a los culpables, es urgente adelantarse y trabajar en la prevención. Si no se incide en los factores culturales y educativos que, en buena medida, están en el origen de esos lamentables incidentes, gastaremos nuestra energía en perseguir efectos sin atacar las causas que los producen. La promiscuidad sexual como programa y como forma de vida tiene consecuencias. Algunas manifestaciones de la ideología de género, herederas de la revolución de los sesenta, pretenden haber dejado atrás los conceptos de naturaleza y de normalidad. Incluso la idea de identidad de género, construcción socio-cultural con que se intenta desplazar al sexo biológico, llega a estorbar, pues la mera noción de identidad impone limitaciones. Ahora priman conceptos como el de “transición”: no hay una identidad estable, sino un juego libre de transiciones, ayudadas o no por la cirugía y los tratamientos hormonales. El papel lo soporta todo, pero la realidad es notoriamente tozuda (ahí siguen sin inmutarse los virus y bacterias responsables de la extensión casi epidémica de las infecciones de transmisión sexual, que van a lo suyo al margen  de lo políticamente correcto).

Se entiende, por ejemplo, que el gobierno inglés se muestre consternado por los numerosos casos de abusos físicos y sexuales producidos en los famosos internados británicos. Pero se entiende menos que, simultáneamente, ese mismo gobierno y el parlamento saquen adelante una ley de familia, infancia y educación que, pasando por encima de la voluntad de los padres, establece la educación sexual a partir de los cinco años de edad, con un enfoque que apunta de modo inevitable a la sexualización de la infancia.  Otro ejemplo: el gobierno suizo va a distribuir millón y medio de preservativos de tamaño reducido, para uso de los chicos de doce años.

La ministra sueca de educación declaraba en los años sesenta: “Hay que enseñar a la gente a servirse de su sexo como a manejar los cubiertos. Cuando se sabe estar a la mesa, no se piensa más en ello. Con el sexo debe pasar lo mismo, no plantearse más el problema. Por otra parte, nada está mal, nada es anormal”. Quien siembra vientos, desde luego, recoge tempestades.


Alejandro Navas – 15. IV. MMX

Publicado en Diario de Navarra y en la Fundación Burke

http://www.infocatolica.com/?t=opinion&cod=6075


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La izquierda española se escandaliza de la pederastia en los curas, pero la fomenta en los demás. Nuestro Código Penal dice: “se consideran abusos sexuales no consentidos los que se ejecuten sobre menores de trece años” (art. 181.2). Es decir, si un chico o chica de trece años consiente en tener relaciones sexuales con un adulto, los padres legalmente no pueden hacer nada, pues la ley española lo autoriza.

La Ley sobre el aborto fomenta también la pederastia. Uno de sus objetivos es: “la educación sanitaria integral y con perspectiva de género” (art. 5 e), así como el que “la formación de profesionales de la salud se abordará con perspectiva de género” (art. 8). Ello significa que resulta justificable cualquier actividad sexual, homo, hetero o bisexual. En esta mentalidad, el hombre y la mujer eligen su sexo y lo pueden cambiar, cuantas veces lo estimen oportuno. Esto es lo que se quiere enseñar e imponer a nuestros niños, adolescentes y jóvenes. Debo decir que no se trata de ninguna novedad, sino que ya se está pretendiendo hacer en Educación para la Ciudadanía, a favor del RD 1631/06.

Simplemente añado: padres, espabilad. Se pretende corromper a vuestros hijos. Un saludo Pedro Trevijano.

15/04/2010 1:18 PM


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»   Pedofilia - B: paidofilia psiquiatría, soldados pedofilos Haití; New York Time

La acción del Times demuestra «qué bajo están dispuestos a caer quienes tratan de derribar la Iglesia», dice Weigel. Lo asombroso es que la evidencia documental que muestra el diario refuta las acusaciones, pero sólo importa transmitir la imagen de la Iglesia como «una conspiración global de abusadores sexuales». Cada año, en los Estados Unidos se denuncian 39 millones de abusos sexuales entre menores; entre un 6 y un 10% de los alumnos de colegios públicos los sufren, añade el escritor. Y sin embargo, «la historia mediática es prácticamente sólo católica», pese ser la Iglesia, «en términos empíricos, el entorno más seguro para los menores».

Ahora que, pecadores dentro de la Iglesia, los habrá siempre. No debemos escandalizarnos hipócritamente. «A veces en la misma Iglesia se reduce la fe a una ética, y la moralidad, a un intento imposible y solitario de cumplir las leyes», dice un comunicado de Comunión y Liberación sobre la Carta del Papa a los católicos de Irlanda. Debemos, como dice Benedicto XVI -continúa el comunicado-, «salir de la ilusión de la autosuficiencia para descubrir y aceptar la propia indigencia, nuestra exigencia de su perdón. He aquí el abrazo de Cristo, dentro de nuestra humanidad herida indigente, y más fuerte que el mal que podamos cometer. Si la Iglesia no pudiese ofrecer este abrazo al mundo, incluso a las víctimas de esta barbarie, entonces sí que estaríamos perdidos». Así lo decía en ABC 03.MMX Juan Manuel de Prada: «El día en que los católicos llegaran a creer que la misión de la Iglesia depende de su condición de hombres sin tacha, las puertas del infierno habrían prevalecido». IV.MMX


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En el mundo hay 400 mil sacerdotes católicos

En el mundo hay 400 mil sacerdotes católicos. En los últimos 50 años no es exagerado decir que más de 1 millón de personas han sido sacerdotes. Casi todos los sacerdotes son gente honorable y muchos son auténticos santos. Sin embargo, algunos han cometido crímenes horribles (afortunadamente mucho más en el pasado que hoy).

Me pregunto qué colectivo de similares dimensiones podría soportar, sin que su imagen pública se viera afectada, un goteo constante de noticias referidas a crímenes cometidos por una minoría en los últimos 50 años. Cojamos cualquier colectivo, no importa la elevada opinión que, con razón, tengamos del mismo. Si todos los medios empiezan a poner en portada, día tras otro, los crímenes de hasta hace 50 años de unos pocos destrozaremos la imagen y el honor de todo el colectivo. Acabaremos con la presunción de inocencia. Iniciaremos una caza de brujas. Cometeremos una grave injusticia. IV. MMX

Miquel Mundet i Riera forumlibertad.com


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Arzobispo de Milwaukee: “Los errores no se cometieron en Roma, sino aquí”

El responsable del juicio contra el P. Murphy critica la negligencia de algunos medios


MILWAUKEE, jueves 1 de abril de 2010 (ZENIT.org).- El arzobispo de Milwaukee, monseñor Jerome E. Listecki, negó la responsabilidad que el New York Times y otros medios de comunicación han atribuido recientemente a Benedicto XVI en el caso del sacerdote acusado de abusar de niños sordos en su diócesis en los años 70.

“Los errores no se cometieron en Roma en 1996, 1997 y 1998. Los errores se cometieron aquí en los 70, los 80 y los 90”, afirmó al final de la Misa Crismal celebrada este martes en la catedral de Milwaukee.

“El Santo Padre no me necesita para defenderle a él o sus decisiones -dijo-. Creo, y la historia lo confirmará, que sus acciones en respuesta a esta crisis, rápidas y resueltas, y su respuesta compasiva a las víctimas/supervivientes, hablan por sí mismas”.

Y continuó: “El Santo Padre ha sido firme en su compromiso para combatir el abuso sexual por parte del clero; sacarlo de la Iglesia; llegar a los afectados, y responsabilizar a los agresores”.

“Él ha sido un líder, reuniéndose con víctimas/supervivientes y castigando a obispos por su falta de sentencias y de liderazgo”, añadió.

Monseñor Listecki reconoció que la Iglesia, las autoridades civiles, los oficiales eclesiásticos y los obispos” cometieron errores en su archidiócesis. “Y por eso, os pido perdón en nombre de la Iglesia y en nombre de esta archidiócesis de Milwaukee”, dijo.

También agradeció a las personas que han denunciado esos abusos propiciando que la Iglesia cambiara.

Una de las lecciones que señaló el arzobispo de Milwaukee es que ningún sacerdote con una denuncia fundamentada de abuso sexual a un menor puede volver a servir como sacerdote a la Iglesia.

También destacó que actualmente se toman medidas en la formación de los sacerdotes y se vigila, en parroquias, escuelas e instituciones, que los niños estén protegidos.

Recordó que profesionales jurídicos, médicos y de la comunicación también cometieron errores y afirmó: “Todos hemos aprendido mucho”.

“Nos hemos convertido en una Iglesia más prudente”, destacó, “hemos dado pasos para purgar este abuso de nuestra Iglesia e incluso del conjunto de la sociedad”.

Testigo directo

Entre las numerosas reacciones suscitadas por la acusación de que Joseph Ratzinger no fue lo suficientemente enérgico al gestionar este caso concreto, destaca también la del responsable del juicio eclesiástico contra el padre Murphy.

Se trata del padre Thomas T. Brundage, JCL, vicario judicial de la arquidiócesis de Milwaukee entre los años 1995 y 2003.

En un escrito publicado en Caholic Anchor, el semanario de la arquidiócesis de Anchorage en la que reside actualmente, acusa a los responsables de esta información y explica en primera persona lo que sucedió realmente.

“El hecho de que yo presidiera ese juicio y ninguna organización de noticias se haya puesto en contacto conmigo nunca, habla por sí mismo”, denuncia.

“Mi nombre y comentarios sobre el caso del padre Murphy han sido citados de manera generosa y a menudo errónea en el New York Times y en más de otros 100 diarios y periódicos on-line”, constata.

Por ello, continúa “me siento libre para contar parte de la historia del juicio al padre Murphy desde el lugar de los hechos”. “También escribo desde un sentido del deber a la verdad”, añade.

El artículo del padre Brundage subraya que el Papa Benedicto XVI ha hecho más que ningún otro papa u obispo contra el abuso sexual a menores en la Iglesia y destaca los esfuerzos de la Iglesia para sanar, así como su garantía de seguridad para los niños.

También explica detalladamente su experiencia de lo que significa abusar, para las víctimas y para los abusadores.

El sacerdote relata detalles del juicio: “En 1996 me presentaron la historia del padre Murphy, exdirector de la Escuela de San Juan para Sordos de Milwaukee”.

“Teníamos que tomar medidas enérgicas y rápidas respecto a los errores de varias décadas atrás”, recuerda, “procedimos a empezar un juicio contra el padre Murphy”.

Tras dos años de un duro trabajo que incluyó escuchar a numerosas víctimas de esos abusos, “en verano de 1998, ordené al padre Murphy que se presentara en una deposición en la cancillería de Milwaukee”.

Pero el vicario judicial recuerda que poco después, recibió una carta del médico del padre Murphy que decía que la salud del acusado era frágil y no podía viajar tanta distancia como la requerida.

De hecho, “una semana después, el padre Murphy murió por causas naturales en una localidad situada a unas 100 millas de su casa”, continúa.

Después de explicar estos hechos, el padre Brundage denuncia: “Respecto a la información errónea del New York Times, la Associated Press, y los que han utilizado esas fuentes, primero de todo, esas agencias de noticias nunca se pusieron en contacto conmigo, pero se sintieron libres para citarme”.

Y explica en concreto que “casi todas mis declaraciones son de un documento que puede encontrarse en internet con la correspondencia entre la Santa Sede y la arquidiócesis de Milwaukee”.

Se trata de un documento manuscrito del 31 de octubre de 1997, que pone algunas importantes declaraciones en boca del padre Brundage, quien considera que “el problema con esas informaciones que se me atribuyen es que están escritas a mano”.

“Los documentos no fueron escritos por mí, ni se parecen a mi letra -asegura-. La sintaxis es parecida a lo que yo podría haber dicho, pero no tengo ni idea de quién escribió esas declaraciones”.

El padre Brundage lamenta esta manera de ejercer la profesión del periodismo. “Cuando era alumno de la Escuela Universitaria de Periodismo Marquette, se nos pedía comprobar, volver a comprobar y una tercera comprobación de nuestros presupuestos si era necesario”, recuerda.

Pero en este caso, se queja, “nadie contactó nunca conmigo sobre este documento, escrito por una fuente que yo desconozco”.

“Discernir la verdad lleva tiempo y es evidente que el New York Times, la Associated Press y otros no se tomaron el tiempo para obtener la información correcta”, escribe.

Y continúa ofreciendo más detalles: “Además, en la documentación de una carta del arzobispo Weakland al entonces secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano, el arzobispo Tarcisio Bertone, en agosto de 1998, el arzobispo Weakland informó que me había dado instrucciones para reducir el proceso contra el padre Murphy”.

“El padre Murphy, sin embargo, murió dos días después y el hecho es que el día que el padre Murphy murió, todavía era acusado en un juicio eclesiástico criminal”.

“Nadie parece darse cuenta de esto -destaca-. Si me hubieran pedido reducir ese juicio, con seguridad yo habría insistido en apelar al tribunal supremo de la Iglesia, o al papa Juan Pablo II si hubiera sido necesario. Ese proceso habría llevado meses, si no más tiempo”.

Finalmente, “respecto a la función del entonces cardenal Joseph Ratzinger (ahora Papa Benedicto XVI) en esta cuestión, no tengo razones para creer que estuviera implicado -indica-. Colocarle este tema es saltarse la lógica y la información”.

Finalmente, el padre Brundage repasa los pasos dados por el Papa y por las diócesis para superar el problema de los abusos a menores por parte del clero.

En primer lugar, destaca que la competencia para conocer apelaciones de casos de abusos a menores ha pasado de la Rota Romana a la Congregación para la Doctrina de la Fe, agilizándose así los procesos.

También las reiteradas disculpas del Papa, así como sus encuentros con víctimas y sus reuniones con obispos sobre esta cuestión, la más reciente con los de Irlanda.

Y recuerda que, en los últimos 25 años, se han llevado acciones firmes en la Iglesia para evitar dañar a los niños, exhaustivos exámenes psicológicos a los candidatos al sacerdocio, y grandes esfuerzos para formar a los seminaristas en la protección del entorno de los niños.

Realmente, constata el sacerdote, en la última década, se han reducido mucho los casos de abusos a menores por el clero.

Las diócesis católicas de los Estados Unidos han llevado a cabo medidas extraordinarias para garantizar la seguridad de los niños y los adultos vulnerables, concluye.

Y señala como ejemplo las de la arquidiócesis de Anchorage, donde reside actualmente: los baños públicos de las parroquias tienen un cartel que pregunta si alguien ha sufrido algún abuso en la Iglesia, existe un número telefónico para informar sobre abusos, y todos los trabajadores de la diócesis están llamados a participar en sesiones formativas anuales sobre entorno seguro.

Obispos de EEUU

También los obispos de Estados Unidos recordaron este martes “que continuamos con nuestros esfuerzos para proporcionar un ambiente seguro para los niños en nuestras parroquias y escuelas”.

A través de un comunicado de la conferencia episcopal, recordaron que también “trabajamos con otras personas en nuestras comunidades para hacer frente a la prevalencia del abuso sexual en la sociedad en general”.

[Por Patricia Navas]


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Federico Gómez Pardo – 31-III.MMX forum.libertas.com

Pederastia y homosexualidad

De un interesante estudio del prestigioso psicólogo forense alemán, Hans Kröber, el cual se declara ateo, éste deduce y afirma que “el celibato no causa la pedofilia” puesto que el porcentaje de pederastia en sacerdotes y religiosos, que establece según las estadísticas en un 0,04 %,  es incluso menor que el que se da entre los heterosexuales de otras profesiones o al de la población global.



También afirma: “Los problemas que tiene ahora la Iglesia católica son problemas de sacerdotes homosexuales que no son capaces o no quieren vivir la abstinencia sexual”. Efectivamente; es sabido que en más del 90 % de los casos de pederastia, las agresiones sexuales se realizan a niños y adolescentes varones, lo que demuestra que está íntimamente ligada a la homosexualidad. No obstante, en lo mucho que se está escribiendo estos días sobre el tema, siempre se relaciona la pederastia con la circunstancia de ser los agresores sacerdotes o religiosos, y nunca con su condición homosexual. Pero, claro está, el poner de manifiesto algo peyorativo sobre la homosexualidad no es políticamente correcto y quien tal cosa haga puede ser acusado de homofobia; en cambio el cebarse con la Iglesia es más progresista, tiene más morbo y vende más.


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¿Se pueden justificar los escándalos de la Iglesia? 31.III.MMX


Los escándalos no se pueden justificar de ninguna manera, ni en la Iglesia ni en ninguna otra institución. Ciertamente en la Iglesia se han dado, se están dando y se darán muchos escándalos y muchos pecados. Pero ¿dónde no? ¿Es que las instituciones que critican a la Iglesia no han dado escándalos? ¿Están limpios, limpios, limpios?


Pero el que haya habido fallos fuertes en la Iglesia ¿justifica que se la ataque sin piedad diciendo, como se ha dicho, que es la gran prostituta? Y eso lo han dicho incluso algunos sacerdotes.


Hay como una constante en las críticas. Cuando hay un sacerdote que da un escándalo, suelendecir "todos son así, pero lo ocultan"; cuando hay un sacerdote ejemplar, dicen "si todos fueran así...", es decir, que tanto si somos buenos como si no, para mucha gente somos unos indeseables.


Otra constante es que cuando la Iglesia habla de alguna cuestión moral, viene enseguida la acusación: la Iglesia debiera callarse porque los obispos en tiempo de Franco cantaban el cara al sol con los brazos en alto. Pero diría yo: también los socialistas debieran callarse porque encabezaron la sublevación de Asturias en 1934. Y también los comunistas debieran callarse por lo que el comunismo hizo en España y en la Unión Soviética. Porque aunque unos y otros hayan tenido fallos, ¿por qué han de callarse en cualquier cuestión si tienen razón?


Puesto que parece que esté de moda hablar mal de la Iglesia, y en ciertos ambientes se la quiere hacer callar, ¿me permiten unas palabras para hablar bien de ella? Vamos allá.


Los dirigentes de cualquier asociación política ¿pueden compararse con los sacerdotes sobre el porcentaje de pecados de sexo, de abuso de menores, de apropiaciones injustas, de malversación de fondos, de aprovecharse de los más débiles... y de cosas por el estilo? Lo que pasa es que cualquier sacerdote en cualquier lugar del mundo comete un escándalo, y lo sacan a relucir todos los medios de comunicación del mundo. ¿Cabrían en un periódico los escándalos que cometen los políticos, o abogados o periodistas de todo el mundo? ¿Se atrevería alguien a hacer una encuesta a nivel sólo de España?


Y en cuanto a número de personas dedicadas gratuitamente al servicio de los hombres, ¿qué asociación puede compararse con la Iglesia? Ahí están miles y miles de sacerdotes de gran categoría, superiores a muchos que ostentan el poder, y que están viviendo en cualquier parroquia peque a, ganando lo mínimo para vivir; y miles de consagrados, hombres y mujeres trabajando gratuitamente en misiones, en barriadas pobres.


No sé cierto si era De la Quadra a quien preguntaron con motivo de sus reportajes en T.V. por qué siempre sacaba religiosos y religiosas ayudando en el amplio Tercer Mundo. Respondió: es que no hay otros. Y ahí están con sus vidas entregadas para siempre en la tarea evangelizadora y social.


LA IGLESIA ES SANTA

Lo digo con plena convicción. Cuando nosotros decimos que la Iglesia es santa, decimos una verdad recogida en nuestro Credo, (Creo en la Iglesia que es una, santa...) pero la santidad de la Iglesia no está condicionada a la santidad de los hombres que formamos parte de ella; la santidad le viene dada por el Espíritu.


La Iglesia no está formada por santos sino por hombres pecadores llamados a la santidad. De ahí que nunca quepa hablar de que la Iglesia es pecadora aunque esté llena de pecadores, aunque a ella perteneciesen sólo los mayores pecadores del mundo, ni aunque a ella sólo perteneciesen los pecadores.


De manera semejante, llamamos a un hospital, casa de salud, aunque esté lleno de enfermos; no lo llamamos casa de muerte a pesar de que mueran muchos en él. En la Iglesia está la fuente misma de santidad y su plenitud, porque en ella está Cristo que le da el calificativo de santa.


Lo cual no quiere decir, ni mucho menos, que no brille también la Iglesia por la santidad de muchísimos de sus miembros. Precisamente la presencia santificante del Espíritu en ella es causa de numerosos y extraordinarios frutos de santidad que impresionan cuando se les conoce de cerca. Y al hablar de santidad, no me refiero sólo a los santos canonizados, propuestos oficialmente como modelos a imitar.


Me refiero también a muchos hermanos que conviven entre nosotros, conocidos o ignorados, a quienes admiramos por su entrega desinteresada al bien de los demás, por su vivencia de fe, por su alegría en el dolor, por su serenidad ante la persecución de que son víctimas; que son capaces de las mayores renuncias, de comprender, de perdonar; y que también lo son de poner en juego sus vidas. Digo también que no hay asociación que se pueda comparar con la Iglesia a pesar de los fallos que hay en ella.


No es mi intención al estar diciendo esto, hacer una presentación triunfalista de la Iglesia. Sencillamente quiero decir que en la Iglesia, llena de pecadores, hay extraordinarios y abundantes frutos de santidad que manifiestan la presencia del Espíritu en ella.


Se habla tan negativamente de la Iglesia (también por parte de algunos eclesiásticos), que se vine dando la impresión de que la Iglesia tiene la culpa de todo lo que funciona mal en la sociedad y que es lo peor del mundo. Si en todas las casas (también en las más bonitas y lujosas) hay un cuarto para la basura, también lo hay en la Iglesia; pero hay quienes se empeñan en ver en ella sólo el cuarto de basura e, incluso, en decir que toda la Iglesia es un cuarto de basura.


No nos creamos los justos ni dentro de ella ni fuera. Caeríamos en la actitud del fariseo: "No soy como ésos". ¿No sería mejor centrar nuestro empeño en hacer nosotros personalmente el bien que queremos que hagan los demás? ¿No sería mejor imitar a tantos modelos de vida limpia y entregada al bien de los demás y a la defensa de los más pobres, como han hecho y están haciendo tantos santos, canonizados o no, que han entregado sus vidas y han actuado sin violencia y han hecho y están haciendo muchísimo bien en el mundo? Sí, señores. Estoy orgulloso de pertenecer a la Iglesia. ¿Usted también?


José Gea http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=7948


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LOS casos de pederastia cometidos por sacerdotes y religiosos están sirviendo como plataforma para una campaña sin precedentes contra la Iglesia Católica y, especialmente, contra el Papa Benedicto XVI, a quien, sin tapujos, se tacha de encubridor durante su etapa de Arzobispo de Múnich. Junto a críticas legítimas y justificadas por la pasividad de algunos obispos ante las denuncias de abusos, se están lanzando acusaciones generalizadas contra la Iglesia, que incluyen una deslegitimación de las condiciones actuales del sacramento del sacerdocio, como el celibato. De poco o nada sirven los datos objetivos y los estudios científicos que demuestran que el celibato no conduce a la pederastia, y que el pederasta ya lo era antes de tomar los hábitos. No se trata de minusvalorar los casos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes y religiosos. El propio Benedicto XVI los ha condenado sin paliativos en su carta a la Iglesia de Irlanda, en la que hablaba de «reparar las injusticias del pasado», de «los graves pecados cometidos contra niños indefensos», de los pederastas que han «traicionado la confianza», y de la «vergüenza y deshonor». Quienes señalan al Papa y le piden un «mea culpa» no leyeron en esa carta pastoral el duro reproche que dirigió a los obispos: «No se puede negar que algunos de vosotros y de vuestros predecesores han fracasado, a veces lamentablemente, a la hora de aplicar las normas, codificadas desde hace largo tiempo, del derecho canónico sobre los delitos de abusos de niños». Incluso el Papa desautorizó la práctica de algunos obispos de «evitar los enfoques penales de las situaciones canónicamente irregulares», razón por la que Benedicto XVI ordena a los culpables que se sometan «a las exigencias de la Justicia».

Diariamente se conocen casos de abusos a menores en los ámbitos más diversos (colegios, campamentos, gimnasios) y por personas que no están sometidas a celibato. Sólo una parte mínima se atribuye a sacerdotes o religiosos católicos. Esto no disculpa, en absoluto, la pasividad de ciertos prelados, que no actuaron decididamente contra los autores de los abusos. Pero a quienes reclaman que, en todo caso, se aplique el rigor de las leyes, deberían recordar que incluso las legislaciones civiles son conscientes del daño añadido que puede sufrir la víctima de violencia sexual con la recreación del crimen en un proceso penal. Aun así, la transparencia informativa, la denuncia de los pederastas ante la justicia civil y el amparo a las víctimas deben ser en lo sucesivo la guía de los obispos contra la pederastia. De esta forma, la Iglesia aparecerá de nuevo como la única institución comprometida incondicionalmente con el servicio al hombre. ‘ABC’ 31-III-MMX.


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Occidente está jugando con fuego

Josep Miró i Ardèvol

 

Cada vez con mayor frecuencia una parte de las fuerzas políticas, culturales y económicas que gobiernan el mundo Occidental, América del Norte y Europa, atacan los fundamentos de la Iglesia Católica en el mundo: su autoridad moral, el sacerdocio, y el papado. No es la primera vez en la historia, ni será la última. En este caso, la nueva ideología agresora está adscrita al liberalismo relativista de lo políticamente correcto, homicida y sucesor de la modernidad. Su foco está centrado sobre la Iglesia católica, la columna vertebral del cristianismo en el mundo, con sus más de 1.100 millones de fieles y veintiún siglos de generación de cultura. Una estructura que desde su vértice en Roma se extiende a los lugares más recónditos de la Tierra. Allí donde hay un ser humano llega la Iglesia. Se trata de la realidad más universal que existe.


El intento de demolición irradia también sobre el más amplio conjunto del cristianismo, cuando se sitúa enfrente de este liberalismo relativista. Solo quedan a salvo aquellos grupos postcristianos que han substituido el vigor de la fe y la razón, es decir la búsqueda de la verdad y de la aprehensión de la realidad, por la fragmentada cultura de la desvinculación. Una concepción construida por el emotivismo, el hedonismo narciso y el hiperindividualismo, que considera que la única forma de realización personal radica en la satisfacción de la pulsión del deseo, muy marcada por la una sexualidad integrada en el régimen general del sobreconsumo.


Esta ideología ha desarrollado unos planteamientos políticos insólitos, que se concretan en las llamadas leyes del deseo -España es un excelente ejemplo-, que tienen algunos puntos de contacto, para nada accidentales, con los más primarios mecanismo políticos del Imperio Romano. El circo sangriento, la bacanal, el reparto de bienes (llámese trigo gratuito o subvenciones mil). La Iglesia Católica es el único intelectual orgánico de envergadura que se le opone en Occidente.


No es una confrontación baladí. Se contraponen los fundamentos de dos modelos de sociedad. Uno el vivido. El que ha permitido convertir a Occidente, en su variante norteamericana o europea, en el modelo a seguir. Con las mejoras o matices que se quieran, pero a imitar. Nadie en China, la India, en África, la mayoría del propio Islam, concibe un esquema distinto: Estado de Derecho, ejercicio de las libertades, democracia, libre empresa, mercado más o menos regulado, productividad, redistribución de la riqueza y estado del bienestar. Ese es el desiderátum y el resultado final de una civilización que ha transitado, no sin duros traumas, desde una cultura basada en el honor y el deber a otra basada en el razonamiento, la razón económica, y la  construcción del bienestar. Y esta última fase está ahora amenazada por el impulso de construir un modelo compuesto de dos partes necesariamente contradictorias entre sí, ´la sociedad-del deseo´.


En este contexto, el choque contra la Iglesia tiene diversos vectores: el liberalismo de lo políticamente correcto, la ideología de género y su extensión el homosexualismo político, una gran parte de la industria mediática basada en la cultura basura, y como supremo envolvente la lógica del beneficio y el mercado. Detrás de cada una de sus razones, y ahí Marx tenia razón -como en  otras cosas-, existe una razón económica.


Los ataques han  adoptado  muchas variantes que podríamos simbolizar en dos obras, El Código Da Vinci, o el contubernio maligno y bimilenario del catolicismo, y el film Ágora, que desarrolla visualmente la tesis del obscurantismo cristiano. Todo es puro invento, manipulación burda, pero que importa. Goebbels ya demostró que la verdad no interesa, solo importa la difusión mediática, y en este terreno la Iglesia siempre tiene la batalla perdida, como perdida la tenía ante la fuerza de las legiones del Imperio.


Esta nueva ola señala unos blancos vitales, el sentido del sacerdocio, la autoridad moral del Papado, y lo hace componiendo un relato donde los retazos ciertos se unen a manipulaciones o simples inventos para construir un argumento que no busca la verdad sino el daño.


Ha habido curas pederastas -cada vez menos-, como los ha habido ladrones, amantes de mujeres, u homosexuales. Claro que los hay, pero la manipulación está en presentarlo como un hecho masivo, cuando son la excepción y por tanto la regla es otra. Los sacerdotes son el grupo social que menores tasas de faltas y delitos sexuales y otros delitos graves comete. Esta es la evidencia de las cifras.


Para construir la ‘otra verdad’ se acude a:


·                     La acumulación. Por ejemplo se habla de 4.000 sacerdotes pederastas en Estados Unidos, pero los primeros casos se remontan a 1940. Se acumulan denuncias de más de 50 años. Hay otra forma de dar la cifra pero entonces ya no impresiona. En aquel país de 300 millones de habitantes, con más de 2,5 millones de estudiantes en centros católicos, se han dado a lo largo de medio siglo algo menos de 8 denuncias de pedofilia al año a cargo de sacerdotes, y bajando. En Alemania, y se trata también de denuncias, solo el 0,037%  acaecidas los últimos 15 años corresponden a sacerdotes. Es lo mismo que decir que el 99,9% de los pedófilos son seglares. ¿A nadie se le ocurre preguntar en qué cree este 99,9%?

·                     La agregación. Se presentan como ‘abusos’ en el área anglosajona -es el caso de Irlanda- y se añade o presupone que ´sexuales´ lo que es un bofetón o un insulto, algo que nada tiene que ver y que era común en la enseñanza no hace tantos años.

·                     La liquidación de la presunción de inocencia. Por definición, todo sacerdote acusado es culpable para la BBC, periódicos como The New York Times y buena parte de la prensa anglosajona y medios españoles como El País, la Ser, El Periódico, entre otros, o medios públicos como TV3 y Catalunya Ràdio. Se limitan a repetir una y otra vez, día tras día, las mismas tesis surgidas de las mismas fuentes, sin ningún afán de hurgar en los hechos. ¿Pereza periodística o leña al mono? Se habla de denuncias como si fueran sentencias, cuando en muchos casos no existe tal, o es absolutoria o es causa archivada. La diócesis de los Ángeles publicó en Febrero del 2004 un informe sobre 104 acusaciones. De ellos 43 eran casos muy antiguos y los denunciados -que no culpables- estaban muertos, otros habían abandonado el sacerdocio. De los 16 que sí permanecían solo 4 se enfrentaban a juicios, sobre los que todavía no existía sentencia. El 25% de los denunciados llegaron a ser considerados por la justicia civil. En un conocido informe, Deal Hudson y en relación a la diócesis de Boston, una de las más afectadas afirmó: “solo 4 de los más de 80 sacerdotes etiquetados por los medios de comunicación como “pedófilos” son en realidad culpables de abusar de niños pequeños”. Esto  es solo un 5% de las denuncias.

·                     La ocultación del papel de la homosexualidad. La ideología de lo políticamente correcto es censora por su propia lógica interna, y  no admite sobre la homosexualidad algo que no sea exaltación. Pero la realidad es que una gran parte de las denuncias presentadas como fruto de tendencias pedófilas corresponden a actos homosexuales. Según la Congregación para la Doctrina de la Fe, a la que llegan los casos diocesanos más graves, en relación a vulneraciones canónicas en el ámbito sexual, el 60% corresponden a relaciones homosexuales con jóvenes, el 30% con mujeres, y solo el 10% son de naturaleza pedófila. Muchos de los casos presentados en Estados Unidos como pederastia, o abusos de menores, respondían en realidad a tenor de la edad del afectado a una relación homosexual. Esto en Estados Unidos, donde la edad de emancipación sexual es en la mayoría de casos a los 18 años y en los menos los 16 años. En España, muchos de los que se desgarran las vestiduras ahora asumen, impasible el ademán, la relacione sexuales entre un adulto y un menor de 13 años cumplidos, perfectamente legal, si media como es lógico el consentimiento, porque aquí la ley es generosa con el pederasta. 

·                     La mentira. Pura y dura. Se ha presentado como un hecho que la Iglesia condena a la excomunión a las víctimas que denuncian el delito, cuando en realidad establecía en la instrucción ‘Crimen Solicitacionis’ de 1962, actualizada en la revisión del Código Canónico de 1983 delictis gravioribus; o que el Papa ‘tapó’ el caso del cura pedófilo Murphy denunciado en 1975, cuyo caso fue archivado por la justicia por falta de pruebas, y que ¡20 años después! viajó a Roma junto con otro caso en relación a la posible vulneración del sacramento de la Confesión, y que aún en este segundo hecho el entonces Cardenal Ratzinguer no intervino. ¿Cuál es la base para acusar a Benedicto XVI? Ninguna, pero el The New York Times y sus palmeros han llenado páginas con todo ello.

·                     Fuera de contexto. La suma del efecto de acumulación y agregación se multiplica a eliminar todo contexto de referencia. Solo en España, en un estudio de 1994 encargado por el Ministerio de Asuntos Sociales y realizado por el doctor Félix López, los abusos a menores cometidos por maestros y profesores afectaban al 23% de las niñas y al 10% de los niños. Pero de ahí nadie dedujo que estos profesionales en su conjunto eran una banda de pedófilos, porque hubiera sido desproporcionado e injusto. Con muchos menos mimbres tejen la acusación contra los sacerdotes.

 

Jugar con fuego


Para Europa, para Estados Unidos, los valores que promueve la Iglesia y por extensión el cristianismo son rocas donde se asienta el sistema de valores que permite que la sociedad y la economía funcione, con defectos, errores, pero de manera más satisfactoria que en ninguna otra parte. No hay otro sistema alternativo, porque el liberalismo de la desvinculación tiene capacidad destructiva pero carece de modelo solvente para efectuar la substitución. Es simplemente el salto a la nada, a la autodestrucción. Si la Iglesia queda muy dañada sobre todo en Europa, la que por ahora demuestra una mayor pérdida, quien acabará pagando los costes ante los graves desafíos que la atenazan, será la propia Europa, no la Iglesia que extendida por el mundo crece y se desarrolla en América Latina, que ya concentra la mitad de los católicos del Mundo, en África, en Oriente. Es una estupidez pensar que el fermento que la Iglesia aporta a una civilización la une inexorablemente a la misma. Antes que la europea vivificó la cultura siriaca y bizantina en oriente, y ellas fueron el centro del cristianismo durante siglos. Se articuló estrechamente con el Imperio Romano de Occidente hasta su destrucción. Son las civilizaciones las que mueren. La Iglesia permanece, crece, y vivifica nuevas culturas. La campaña contra ella es en realidad una práctica de autosuicidio de la ideología desvinculada, porque en este Occidente libre que depende del substrato cultural católico es el único hábitat donde la van a dejar vivir.  31.III.MMX


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Non praevalebunt

ESCRIBÍA Chesterton que Cristo «no eligió como piedra fundamental al brillante Pablo ni al místico Juan, sino a un pillastre, un fanfarrón, un cobarde y, en una palabra, un hombre. Sobre esa piedra construyó su Iglesia; y las puertas del infierno no han prevalecido sobre ella. Todos los imperios y los reinos han perecido a causa de su debilidad inherente y continua, a pesar de haber sido fundados sobre hombres fuertes y sobre hombros fuertes. Sólo la Iglesia cristiana histórica fue fundada sobre un hombre débil, y por esa razón es indestructible». Parece evidente que si Cristo hubiese querido elegir a un hombre sin tacha habría podido hacerlo; aunque, en honor a la verdad, ninguno de sus apóstoles puede considerarse un «hombre sin tacha»: el «místico Juan», por ejemplo, pecaba de vanidad, como demuestra el hecho de que solicitara sin rubor sentarse a la vera de Cristo en el cielo; y al «brillante Pablo» lo afeaba cierto apego a los títulos mundanos, pues en su seguimiento de Jesús no renunció a la ciudadanía romana. Y de ese apego que, en estricto sentido, contrariaba el designio de Cristo, que ordenaba «dejarlo todo», surgió un gran bien para la Iglesia, que fue la predicación a los gentiles.

La Iglesia, en efecto, ha contado desde el instante mismo de su fundación con la debilidad de los hombres; y la acción de la gracia ha inspirado a esos hombres débiles, aun cuando seguían aferrados a su debilidad, en misiones que han deparado un enorme bien a la Iglesia. Quizá el caso más evidente sea el de Alejandro VI, a quien siempre se ha considerado el prototipo de Papa corrompido, entregado a debilidades escandalosas que la literatura anticatólica ha divulgado hasta el hartazgo. Pero Alejandro VI fue el muñidor del Tratado de Tordesillas, que encomendó la evangelización del Nuevo Mundo a España y Portugal, quizá la empresa más gloriosa acometida por la Cristiandad. Parece evidente que Alejandro VI no era un «hombre sin tacha»; pero, con sus tachas a cuestas, la acción de la gracia actuó a través de él, convirtiéndolo en instrumento magnífico del designio divino. Que la Iglesia es -en palabras de San Agustín- «santa y meretriz» es algo que cualquier católico debería saber: santa por inspiración divina; meretriz porque esa inspiración se encarna en hombres débiles, corrompidos por flaquezas a las que no siempre saben renunciar. Y tal naturaleza inextricable adquiere mayor misterio cuando miembros de la Iglesia de probada flaqueza alumbran misiones que redundan en beneficio de la Iglesia; misterio que los enemigos de la Iglesia han aprovechado siempre para instilar el veneno del desaliento y la desafección entre los fieles. Así está ocurriendo ahora, tras el desvelamiento de las flaquezas que ensuciaron la vida de Marcial Maciel.

Que Maciel, como Alejandro VI, no fue un «hombre sin tacha» parece fuera de toda duda. Pero extender su tacha a la misión que alumbró sería tanto negar la acción de la gracia y la naturaleza misma de la Iglesia, que fue fundada sobre los hombros de «un pillastre, un fanfarrón, un cobarde y, en una palabra, un hombre». Los enemigos de la Iglesia, que niegan su inspiración divina (tal vez porque son quienes mejor la conocen), pretenden que los católicos, en esta hora de tribulación, olviden que la acción de la gracia actúa también sobre pillastres, fanfarrones y cobardes; en una palabra, sobre hombres débiles que cargan con una misión que pone a prueba sus fuerzas, que desafía sus fuerzas, que con frecuencia excede sus fuerzas; hombres, en fin, que a veces traicionan esa misión con sus actos, como Pedro traicionó a Cristo, después de haber sido elegido como piedra fundamental de su Iglesia. Los enemigos de la Iglesia saben, desde luego, cómo suscitar farisaicamente escándalo y desaliento entre los católicos; saben cómo instilar el veneno del orgullo puritano entre quienes fueron llamados, con sus flaquezas a cuestas, a una misión que excedía sus fuerzas. El día en que los católicos llegaran a creer que la misión de la Iglesia depende de su condición de «hombres sin tacha», las puertas del infierno habrían prevalecido.

www.juanmanueldeprada.com 29.III.2010


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¿Cuál debe ser nuestra respuesta ante los terribles escándalos de la Iglesia?


Homilía del sacerdote Franciscano P. Roger J. Landry, pronunciada en la Parroquia del Espíritu Santo en Fall River, MA (Estados Unidos) – 26.III.MMX  -  Autor: P. Roger J. Landry | Fuente: Texto enviado por Raymundo Trujillo


pintor autor: Luis de Morales - Esp.


La nota de ocho columnas de la semana pasada no se la llevó el desfile del Super Bowl ni quién sería el mariscal de campo, ni tampoco el discurso del Presidente al Estado de la Unión hablando de los operativos terroristas en los Estados Unidos. Nada de esto fue la noticia principal. Los encabezados fueron capturados por la muy triste noticia de que algunos sacerdotes en la Arquidiócesis de Boston abusaron de jóvenes a quienes estaban consagrados a servir.


Es un escándalo mayúsculo, uno que muchas personas que durante largo tiempo han tenido aversión a la Iglesia a causa de alguna de sus enseñanzas morales o doctrinales, lo están usando como pretexto para atacar a la Iglesia como un todo, tratando de implicar que después de todo ellos tenían razón. Muchas personas se han acercado a mí para hablar del asunto. Muchas otras hubieran querido hacerlo, pero creo que por respeto y por no querer sacar a relucir lo que consideran malas noticias, se abstuvieron; pero para mí era obvio que estaba en su mente. Y por eso, hoy quiero atacar el asunto de frente. Ustedes tienen derecho a ello.


No podemos fingir como si no hubiera sucedido. Y yo quisiera discutir cuál debe ser nuestra respuesta como fieles católicos a este terrible escándalo. Lo primero que necesitamos hacer, es entenderlo a la luz de nuestra fe en el Señor. Antes de elegir a Sus primeros discípulos, Jesús subió a la montaña a orar toda la noche. En ese tiempo tenia muchos seguidores. Él habló a Su Padre en oración acerca de a quiénes elegiría para que fueran sus doce Apóstoles, los doce que Él formaría íntimamente, los doce a quienes enviaría a predicar la Buena Nueva en Su nombre. Él les dio el poder de expulsar a los demonios. Les dio el poder para curar a los enfermos. Ellos vieron como Jesús obró incontables milagros. Ellos mismos obraron en Su nombre numerosos milagros.


Pero, a pesar de todo, uno de ellos fue un traidor. Uno que había seguido al Señor, uno, a quien el Señor le lavó los pies, que lo vio caminar sobre las aguas, resucitar a personas de entre los muertos y perdonar a los pecadores, traicionó al Señor. El Evangelio nos dice que Él permitió que Satanás entrara en él y luego vendió al Señor por treinta monedas en Getsemaní, simulando un acto de amor para entregarlo. "!Judas," le dijo Jesús en el huerto de Getsemani, "con un beso entregas al Hijo del hombre!" Jesús no eligió a Judas para que lo traicionara.


Él lo eligió para que fuera como todos los demás. Pero Judas fue siempre libre y usó su libertad para permitir que Satanás entrara en él y, por su traición termino haciendo que Jesús fuera crucificado y ejecutado. Así que desde los primeros doce que Jesús mismo eligió, uno fue un terrible traidor. A VECES LOS ELEGIDOS DE DIOS LO TRAICIONAN. Este es un hecho que debemos asumir. Es un hecho que la primera Iglesia asumió. Si el escándalo causado por Judas hubiera sido lo único en lo que los miembros de la primera Iglesia se hubieran centrado, la Iglesia habría estado acabada antes de comenzar a crecer.


En vez de ello, la Iglesia reconoció que no se juzga algo por aquellos que no lo viven, sino por quienes sí lo viven. En vez de centrarse en aquel que traicionó a Jesús, se centraron en los otros once, gracias a cuya labor, predicación, milagros y amor por Cristo, nosotros estamos aquí hoy. Es gracias a los otros once -todos los cuales, excepto San Juan, fueron martirizados por Cristo y por el Evangelio, por el cual estuvieron dispuestos a dar sus vidas para proclamarlo- que nosotros llegamos a escuchar la palabra salvífica de Dios, que recibimos los sacramentos de la vida eterna.


Hoy somos confrontados por esa misma realidad. Podemos centrarnos en aquellos que traicionaron al Señor, aquellos que abusaron en vez de amar a quienes estaban llamados a servir, o, como la primera Iglesia, podemos enfocarnos en los demás, en los que han permanecido fieles, esos sacerdotes que siguen ofreciendo sus vidas para servir a Cristo y para servirlos a ustedes por amor. Los medios casi nunca prestan atención a los buenos "once", aquellos a quienes Jesús escogió y que permanecieron fieles, que vivieron una vida de silenciosa santidad. Pero nosotros, la Iglesia, debemos ver el terrible escándalo que estamos atestiguando bajo una perspectiva auténtica y completa.


El escándalo desafortunadamente no es algo nuevo para la Iglesia. Hubo muchas épocas en su historia, cuando estuvo peor que ahora. La historia de la Iglesia es como la definición matemática del coseno, es decir, una curva oscilatoria con movimientos de péndulo, con bajas y altas a lo largo de los siglos. En cada una de esas épocas, cuando la Iglesia llegó a su punto más bajo, Dios elevó a tremendos santos que llevaron a la Iglesia de regreso a su verdadera misión. Es casi como si en aquellos momentos de oscuridad, la Luz de Cristo brillara más intensamente.


Yo quisiera centrarme un poco en un par de santos a quienes Dios hizo surgir en esos tiempos tan difíciles, porque su sabiduría realmente puede guiarnos durante este tiempo difícil. San Francisco de Sales fue un santo a quien Dios hizo surgir justo después de la Reforma Protestante. La Reforma Protestante no brotó fundamentalmente por aspectos teológicos, por asuntos de fe -aunque las diferencias teológicas aparecieron después- sino por aspectos morales. Había un sacerdote agustino, Martín Lutero, quien fue a Roma durante el papado más notorio de la historia, el del Papa Alejandro VI. Este Papa jamás enseñó nada contra la fe -el Espíritu Santo lo evitó- pero fue simplemente un hombre malvado. Tuvo nueve hijos de seis diferentes concubinas. Llevó a cabo acciones contra aquellos que consideraba sus enemigos. Martín Lutero visitó Roma durante su papado y se preguntaba cómo Dios podía permitir que un hombre tan malvado fuera la cabeza visible de Su Iglesia. Regresó a Alemania y observó toda clase de problemas morales.


Los sacerdotes vivían abiertamente relaciones con mujeres. Algunos trataban de obtener ganancias vendiendo bienes espirituales. Privaba una inmoralidad terrible entre los laicos católicos. Él se escandalizó, como le hubiera ocurrido a cualquiera que amara a Dios, por esos abusos desenfrenados. Así que fundó su propia iglesia. Eventualmente Dios hizo surgir a muchos santos que combatieran esta solución equivocada y trajeran de regreso a las personas a la Iglesia fundada por Cristo.


San Francisco de Sales fue uno de ellos. Poniendo en riesgo su vida, recorrió Suiza, donde los calvinistas eran muy populares, predicando el Evangelio con verdad y amor. Muchas veces fue golpeado en su camino y dejado por muerto. Un día le preguntaron cuál era su postura en relación al escándalo que causaban tantos de sus hermanos sacerdotes. Lo que él dijo es tan importante para nosotros hoy como lo fue en aquel entonces para quienes lo escucharon.


Él no se anduvo con rodeos. Dijo: "Aquellos que cometen ese tipo de escándalos son culpables del equivalente espiritual a un asesinato, destruyendo la fe de otras personas en Dios con su pésimo ejemplo". Pero al mismo tiempo advirtió a sus oyentes: "Pero yo estoy aquí entre ustedes hoy para evitarles un mal aún peor. Mientras que aquellos que causan el escándalo son culpables de asesinato espiritual, los que acogen el escándalo -los que permiten que los escándalos destruyan su fe-, son culpables de suicidio espiritual."


Son culpables, dijo él, "de cortar de tajo su vida con Cristo, abandonando la fuente de vida en los Sacramentos, especialmente la Eucaristía". San Francisco de Sales anduvo entre la gente de Suiza tratando de prevenir que cometieran un suicidio espiritual a causa de los escándalos. Y yo estoy aquí hoy para predicarles lo mismo a ustedes. ¿Cuál debe ser entonces nuestra reacción?


Otro gran santo que vivió en tiempos particularmente difíciles también puede ayudarnos. El gran San Francisco de Asís vivió alrededor del año 1200, que fue una época de inmoralidad terrible en Italia central. Los sacerdotes daban ejemplos espantosos. La inmoralidad de los laicos era aún peor. San Francisco mismo, siendo joven, había escandalizado a otros con su manera despreocupada de vivir. Pero eventualmente, se convirtió al Señor, fundó a los Franciscanos, ayudó a Dios a reconstruir Su Iglesia y llegó a ser uno de los más grandes santos de todos los tiempos. Una vez, uno de los hermanos de la Orden de Frailes Menores le hizo una pregunta. Este hermano era muy susceptible a los escándalos. "Hermano Francisco," le dijo, "¿qué harías tu si supieras que el sacerdote que está celebrando la Misa tiene tres concubinas a su lado?" Francisco, sin dudar un sólo instante, le dijo muy despacio: "Cuando llegara la hora de la Sagrada Comunión, iría a recibir el Sagrado Cuerpo de mi Señor de las manos ungidas del sacerdote."


¿A dónde quiso llegar Francisco? Él quiso dejar en claro una verdad formidable de la fe y un don extraordinario del Señor. Sin importar cuán pecador pueda ser un sacerdote, siempre y cuando tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia -en Misa, por ejemplo, cambiar el pan y el vino en la carne y la sangre de Cristo, o en la confesión, sin importar cuán pecador sea él en lo personal, perdonar los pecados del penitente, Cristo mismo actúa en los sacramentos a través de ese ministro. Ya sea que el Papa celebre la Misa o que un sacerdote condenado a muerte por un crimen celebre la Misa, en ambos casos es Cristo mismo quien actúa y nos da Su cuerpo y Su sangre.


Así que lo que Francisco estaba diciendo en respuesta a la pregunta de su hermano religioso al manifestarle que él recibiría el Sagrado Cuerpo de Su Señor que sus manos ungidas del sacerdote, es que no iba a permitir que la maldad o inmoralidad del sacerdote lo llevaran a cometer suicidio espiritual. Cristo puede seguir actuando y de hecho actúa incluso a través del más pecador de los sacerdotes. ¡Y gracias a Dios que lo hace!

Y es que si siempre tuviéramos que depender de la santidad personal del sacerdote, estaríamos en graves problemas.


Los sacerdotes son elegidos por Dios de entre los hombres y son tentados como cualquier ser humano y caen en pecado como cualquier ser humano. Pero Dios lo sabía desde el principio. Once de los primeros doce Apóstoles se dispersaron cuando Cristo fue arrestado, pero regresaron; uno de los doce traicionó al Señor y tristemente nunca regresó. Dios ha hecho los sacramentos esencialmente "a prueba de los sacerdotes", esto es, en términos de su santidad personal. No importa cuán santos estos sean o cuán malvados, siempre y cuando tengan la intención de hacer lo que hace la Iglesia, entonces actúa Cristo mismo, tal como actuó a través de Judas cuando Judas expulsó a los demonios y curó a los enfermos.


Así que, de nuevo, les pregunto: ¿Cuál debe ser la respuesta de la Iglesia a estos actos? Se ha hablado mucho al respecto en los medios. ¿Tiene la Iglesia que trabajar mejor, asegurándose que nadie con predisposición a la pedofilia sea ordenado? Absolutamente. Pero esto no sería suficiente. ¿Tiene la Iglesia que actuar mejor para tratar estos casos cuando sean reportados? La Iglesia ha cambiado su manera de abordar estos casos y hoy la situación es mucho mejor de lo que fue en los años ochenta, pero siempre puede ser perfeccionada.


Pero aún esto no sería suficiente. ¿Tenemos que hacer más para apoyar a las víctimas de tales abusos? ¡Sí, tenemos que hacerlo, tanto por justicia como por amor! Pero ni siquiera esto es lo adecuado. El Cardenal Law ha hecho que la mayoría de los rectores de las escuelas de medicina en Boston trabajen en el establecimiento de un centro para la prevención del abuso en niños, que es algo que todos nosotros debemos apoyar. Pero ni siquiera esto es una respuesta suficiente ¡La única respuesta adecuada a este terrible escándalo, -, como San Francisco de Sales reconoció en 1600 e incontables otros santos han reconocido en cada siglo-, es la SANTIDAD!


¡Toda crisis que enfrenta la Iglesia, toda crisis que el mundo enfrenta, es una crisis de santidad! La santidad es crucial, porque es el rostro autentico de la Iglesia. Siempre hay personas -un sacerdote se encuentra con ellas regularmente, ustedes probablemente conocen a varias de ellas también-, que usan excusas para justificar por qué no practican su fe, por qué lentamente están cometiendo suicidio espiritual. Puede ser porque una monja se portó mal con ellos cuando tenían 9 años. O porque no entienden las enseñanzas de la Iglesia sobre algún asunto particular.


Indudablemente habrá muchas personas estos días -y ustedes probablemente se encontraran con ellas- que dirán: "¿Para qué practicar la fe, para qué ir a la Iglesia, si la Iglesia no puede ser verdadera, cuando los así llamados elegidos son capaces de hacer el tipo de cosas que hemos estado leyendo?" Este escándalo es como un perchero enorme donde algunos trataran de colgar su justificación para no practicar la fe. Por eso es que la santidad es tan importante. Estas personas necesitan encontrar en todos nosotros una razón para tener fe, una razón para tener esperanza, una razón para responder con amor al amor del Señor.


Las bienaventuranzas que leemos en el Evangelio de hoy son una receta para la santidad. Todos necesitamos vivirlas más. ¿Tienen que ser más santos los sacerdotes? Seguro que sí. ¿Tienen que ser más santos los religiosos y religiosas y dar un testimonio aún mayor de Dios y del Cielo? Absolutamente. Pero todas las personas en la Iglesia tienen que hacerlo, ¡incluyendo a los laicos! Todos tenemos la vocación de ser santos y esta crisis es una llamada para que despertemos.


Estos son tiempos duros para ser sacerdote hoy. Son tiempos duros para ser católicos hoy. Pero también son tiempos magníficos para ser un sacerdote hoy y tiempos magníficos para ser católicos hoy. Jesús dice en las bienaventuranzas que escuchamos hoy: "Bienaventurados serán cuando los injurien, y los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a ustedes."Yo he experimentado de primera mano esta bienaventuranza, al igual que otros sacerdotes que conozco.


A principios de esta semana, cuando terminé de hacer ejercicio en un gimnasio local, salía yo del vestidor con mi traje negro de clérigo. Una madre, apenas me vio, inmediata y apresuradamente apartó a sus hijos del camino y los protegió de mí mientras yo pasaba. Me miró cuando pasé y cuando me había alejado lo suficiente, respiró aliviada y soltó a sus hijos como si yo fuera a atacarlos a mitad de la tarde en un club deportivo.


Pero mientras que todos nosotros quizá tengamos que padecer tales insultos y falsedades por causa de Cristo, de hecho debemos regocijarnos. Es un tiempo fantástico para ser cristianos hoy, porque es un tiempo en el que Dios realmente necesita de nosotros para mostrar Su verdadero rostro. En tiempos pasados en Estados Unidos, la Iglesia era respetada. Los sacerdotes eran respetados. La Iglesia tenía reputación de santidad y bondad. Pero ya no es así. Uno de los más grandes predicadores en la historia estadounidense, el Obispo Fulton J. Sheen, solía decir que él prefería vivir en tiempos en los que la Iglesia sufre en vez de cuando florece, cuando la Iglesia tiene que luchar, cuando la Iglesia tiene que ir contra la cultura.


Esas épocas para que los verdaderos hombres y las verdaderas mujeres dieran un paso al frente y contaran. "Hasta los cadáveres pueden flotar corriente abajo," solía decir, señalando que muchas personas salen adelante fácilmente cuando la Iglesia es respetada, "pero se necesita de verdaderos hombres, de verdaderas mujeres, para nadar contra la corriente." ¡Qué cierto es esto!


Hay que ser un verdadero hombre y una verdadera mujer para mantenerse a flote y nadar contra la corriente que se mueve en oposición a la Iglesia. Hay que ser un verdadero hombre y una verdadera mujer para reconocer que cuando se nada contra la corriente de las críticas, estamos más seguros que cuando permanecemos adheridos a la Roca sobre la que Cristo fundó su Iglesia. Este es uno de esos tiempos. Es uno de los grandes momentos para ser cristianos.


 Algunas personas predicen que en esta región la Iglesia pasará tiempos difíciles y quizá sea así, pero la Iglesia sobrevivirá, porque el Señor se asegurará de que sobreviva. Una de las más grandes réplicas en la historia sucedió justamente hace unos 200 años. El emperador francés Napoleón engullía con sus ejércitos a los países de Europa con la intención final de dominar totalmente el mundo.


En aquel entonces dijo una vez al Cardenal Consalvi:

"Voy a destruir su Iglesia" El Cardenal le contestó: "No, no podrá". Napoleón, con sus 150 cm. de altura, dijo otra vez: "¡Voy a destruir su Iglesia!" El Cardenal dijo confiado: "No, no podrá.! Ni siquiera nosotros hemos podido hacerlo!"

Si los malos Papas, los sacerdotes infieles y miles de pecadores en la Iglesia no han tenido éxito en destruirla desde su interior -le estaba diciendo implícitamente al general- ¿cómo cree que Ud. va a poder hacerlo?


El Cardenal apuntaba a una verdad crucial. Cristo nunca permitirá que Su Iglesia fracase. El prometió que las puertas del infierno no prevalecerían sobre Su Iglesia, que la barca de Pedro, la Iglesia que navega en el tiempo hacia su puerto eterno en el cielo, nunca se volcará, no porque aquellos que van en ella no cometan todos los pecados posibles para hundirla, sino porque Cristo, que también está en la barca, nunca permitirá que esto suceda. Cristo sigue en la barca y Él nunca la abandonará.


La magnitud de este escándalo podría ser tal, que de ahora en adelante ustedes encuentren difícil confiar en los sacerdotes de la misma manera como lo hicieron en el pasado. Esto puede suceder y podría no ser tan malo. ¡Pero nunca pierdan la confianza en el Señor! ¡Es Su Iglesia! Aún cuando algunos de Sus elegidos lo hayan traicionado, Él llamará a otros que serán fieles, que los servirán a ustedes con el amor que merecen ser servidos, tal como ocurrió después de la muerte de Judas, cuando los once Apóstoles se pusieron de acuerdo y permitieron que el Señor eligiera a alguien que tomara el lugar de Judas y escogieron al hombre que terminó siendo San Matías, quien proclamó fielmente el Evangelio hasta ser martirizado por él.


¡Este es un tiempo en el que todos nosotros necesitamos concentrarnos aún más en la santidad! ¡Estamos llamados a ser santos y cuánto necesita nuestra sociedad ver ese rostro hermoso y radiante de la Iglesia! Ustedes son parte de la solución, una parte crucial de la solución. Y cuando caminen al frente hoy para recibir de las manos ungidas de este sacerdote el Sagrado Cuerpo del Señor, pídanle a Él que los llene de un deseo real de santidad, un deseo real de mostrar Su autentico rostro.


Una de las razones por las que yo estoy aquí como sacerdote para ustedes hoy es porque siendo joven, me impresionaron negativamente algunos de los sacerdotes que conocí. Los veía celebrar la Misa y casi sin reverencia alguna dejaban caer el Cuerpo del Señor en la patena, como si tuvieran en sus manos algo de poco valor en vez de al Creador y Salvador de todos, en vez de a MI Creador y Salvador. Recuerdo haberle dicho al Señor, reiterando mi deseo de ser sacerdote: "¡Señor, por favor, déjame ser sacerdote para que pueda tratarte como Tú mereces!" Eso me dio un ardiente deseo de servir al Señor.


Quizá este escándalo les permita a ustedes hacer lo mismo. Este escándalo puede ser algo que los conduzca por el camino del suicidio espiritual o algo que los inspire a decir, finalmente, "Quiero ser santo, para que yo y la Iglesia podamos glorificar Tu nombre como Tú lo mereces, para que otros puedan encontrarte en el amor y la salvación que yo he encontrado." Jesús está con nosotros, como lo prometió, hasta el final de los tiempos. Él sigue en la barca. Tal como a partir de la traición de Judas, Él alcanzo la más grande victoria en la historia del mundo, nuestra salvación por medio de Su Pasión, muerte y Resurrección, también a través de este episodio Él puede traer y quiere traer un nuevo renacimiento de la santidad, para lanzar unos nuevos Hechos de los Apóstoles en el siglo XXI, con cada uno de nosotros -y esto te incluye a TI- jugando un papel estelar.


Ahora es el tiempo para que los verdaderos hombres y mujeres de la Iglesia se pongan de pie. Ahora es el tiempo de los santos. ¿Cómo vas a responder tú?


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Cambiemos las cosas, cambiemos nuestro corazón


En el corazón de las ciudades cristianas María constituye una presencia dulce y tranquilizadora. Con su estilo discreto da paz y esperanza a todos en los momentos alegres y tristes de la existencia. En las iglesias, en las capillas, en las paredes de los edificios: un cuadro, un mosaico, una estatua recuerda la presencia de la Madre que vela constantemente por sus hijos. También aquí, en la plaza de España, María está en lo alto, como velando por Roma.

¿Qué dice María a la ciudad? ¿Qué recuerda a todos con su presencia? Recuerda que "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rm 5, 20), como escribe el apóstol san Pablo. Ella es la Madre Inmaculada que repite también a los hombres de nuestro tiempo: no tengáis miedo, Jesús ha vencido el mal; lo ha vencido de raíz, librándonos de su dominio.

¡Cuánto necesitamos esta hermosa noticia! Cada día los periódicos, la televisión y la radio nos cuentan el mal, lo repiten, lo amplifican, acostumbrándonos a las cosas más horribles, haciéndonos insensibles y, de alguna manera, intoxicándonos, porque lo negativo no se elimina del todo y se acumula día a día. El corazón se endurece y los pensamientos se hacen sombríos. Por esto la ciudad necesita a María, que con su presencia nos habla de Dios, nos recuerda la victoria de la gracia sobre el pecado, y nos lleva a esperar incluso en las situaciones humanamente más difíciles.

En la ciudad viven —o sobreviven— personas invisibles, que de vez en cuando saltan a la primera página de los periódicos o a la televisión, y se las explota hasta el extremo, mientras la noticia y la imagen atraen la atención. Se trata de un mecanismo perverso, al que lamentablemente cuesta resistir. La ciudad primero esconde y luego expone al público. Sin piedad, o con una falsa piedad. En cambio, todo hombre alberga el deseo de ser acogido como persona y considerado una realidad sagrada, porque toda historia humana es una historia sagrada, y requiere el máximo respeto.

La ciudad, queridos hermanos y hermanas, somos todos nosotros. Cada uno contribuye a su vida y a su clima moral, para el bien o para el mal. Por el corazón de cada uno de nosotros pasa la frontera entre el bien y el mal, y nadie debe sentirse con derecho de juzgar a los demás; más bien, cada uno debe sentir el deber de mejorarse a sí mismo. Los medios de comunicación tienden a hacernos sentir siempre "espectadores", como si el mal concerniera solamente a los demás, y ciertas cosas nunca pudieran sucedernos a nosotros. En cambio, somos todos "actores" y, tanto en el mal como en el bien, nuestro comportamiento influye en los demás.

Con frecuencia nos quejamos de la contaminación del aire, que en algunos lugares de la ciudad es irrespirable. Es verdad: se requiere el compromiso de todos para hacer que la ciudad esté más limpia. Sin embargo, hay otra contaminación, menos fácil de percibir con los sentidos, pero igualmente peligrosa. Es la contaminación del espíritu; es la que hace nuestros rostros menos sonrientes, más sombríos, la que nos lleva a no saludarnos unos a otros, a no mirarnos a la cara... La ciudad está hecha de rostros, pero lamentablemente las dinámicas colectivas pueden hacernos perder la percepción de su profundidad. Vemos sólo la superficie de todo. Las personas se convierten en cuerpos, y estos cuerpos pierden su alma, se convierten en cosas, en objetos sin rostro, intercambiables y consumibles.

María Inmaculada nos ayuda a redescubrir y defender la profundidad de las personas, porque en ella la transparencia del alma en el cuerpo es perfecta. Es la pureza en persona, en el sentido de que en ella espíritu, alma y cuerpo son plenamente coherentes entre sí y con la voluntad de Dios. La Virgen nos enseña a abrirnos a la acción de Dios, para mirar a los demás como él los mira: partiendo del corazón. A mirarlos con misericordia, con amor, con ternura infinita, especialmente a los más solos, despreciados y explotados. "Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia".

Quiero rendir homenaje públicamente a todos los que en silencio, no con palabras sino con hechos, se esfuerzan por practicar esta ley evangélica del amor, que hace avanzar el mundo. Son numerosos, también aquí en Roma, y raramente son noticia. Hombres y mujeres de todas las edades, que han entendido que de nada sirve condenar, quejarse o recriminar, sino que vale más responder al mal con el bien. Esto cambia las cosas; o mejor, cambia a las personas y, por consiguiente, mejora la sociedad.

Queridos amigos romanos, y todos los que vivís en esta ciudad, mientras estamos atareados en nuestras actividades cotidianas, prestemos atención a la voz de María. Escuchemos su llamada silenciosa pero apremiante. Ella nos dice a cada uno: que donde abundó el pecado, sobreabunde la gracia, precisamente a partir de tu corazón y de tu vida. La ciudad será más hermosa, más cristiana y más humana.

Gracias, Madre santa, por este mensaje de esperanza. Gracias por tu silenciosa pero elocuente presencia en el corazón de nuestra ciudad. ¡Virgen Inmaculada, Salus Populi Romani, ruega por nosotros!

Solemnidad de la Inmaculada Concepción
Martes 8 de diciembre de 2009 Roma

 

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“Cada día, a través de los periódicos, la televisión, la radio, el mal es narrado, repetido, amplificado, acostumbrándonos a las cosas más horribles, haciéndonos insensibles y, en cierto sentido, intoxicándonos, pues lo negativo no se digiere plenamente y día tras día se acumula”.


El Papa rindió homenaje “a todos aquellos que, en silencio, sin palabras pero con hechos, se esfuerzan por practicar esta ley evangélica del amor, que saca adelante al mundo. Son tantos, incluso aquí, en Roma, y pocas veces hacen noticia. Hombres y mujeres de todas las edades, que han comprendido que no sirve de nada condenar, quejarse, echar la culpa, sino que es mejor responder al mal con el bien. Esto es lo que cambia la realidad; o mejor dicho, cambia a las personas, por consiguiente, mejora la sociedad”. Benedicto Pont. Max. XVI, Piazza Spagna. 08.XII.MMIX Roma. It.


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Un cura habla de los pedófilos y de la prensa que vive del “excremento del poder”

 

“Cada día hago frente a situaciones terribles e indescriptibles. A menudo ni siquiera puedo leer los informes de los trabajadores sociales, tan terribles son los actos de violencia sexual sufrida por mis niños”.


Es un sacerdote italiano que desarrolla su labor en Paraguay. Desde allí, contempla con horror lo que está sucediendo estos días y no duda en alzar su voz, firme y sin complejos, frente a la voracidad mediática que los que “viven de comer el excremento de poder”.

Se llama Aldo Trento y su denuncia de cierto periodismo ha sido publicada en Il Foglio bajo un título que no deja lugar a dudas: Contra los que escupen a los sacerdotes.

“La pedofilia parece interesarle más a algunos periodistas y a sus fantasías y alucinaciones que al público: porque me he encontrado a miles de personas, sobre todo jóvenes, y ninguno me ha hecho una pregunta sobre este asunto. Lo que significa que si bien existe este flagelo en el mundo y ha afectado también a la Iglesia, recibiendo la dura, clara y fuerte condena del Santo Padre, aún estamos lejos de aquel fenómeno de masas, como si todos los sacerdotes fuesen pedófilos, como quieren hacernos creer.

Hace 40 años que soy sacerdote, he estado en diversas partes del mundo, he vivido en orfanatos, escuelas, internados para niños, y nunca he visto a un colega culpable de este delito. No solo eso, sino que he vivido con sacerdotes y religiosos que han dado la vida para que estos pequeños también la tengan.
 Actualmente vivo en Paraguay. Mi misión abarca todo lo humano en su pobreza, esa humanidad arrojada a la basura desde el sensacionalismo de los medios de comunicación. Durante 20 años he compartido mi vida con prostitutas, homosexuales, travestis, enfermos de SIDA, en las calles, en basureros, en las favelas. Me los he llevado a casa, donde la divina Providencia ha puesto en marcha un hospital. Y en esta ‘antesala del Paraíso’, como lo llaman ellos, los acompaño al Paraíso. Han vivido como perros y mueren como príncipes.

Cerca de la clínica, también la Providencia ha creado dos ‘casas de Belén’, para conmemorar el lugar de nacimiento de Jesús, que acogen a 32 niñas, muchas de ellas violadas por el padrastro o el compañero ocasional de la madre.

Cada día hago frente a situaciones terribles e indescriptibles. A menudo ni siquiera puedo leer los informes de los trabajadores sociales, tan terribles son los actos de violencia sexual sufrida por mis niños. Sin embargo, después de unos meses con nosotros, respiran un aire diferente, ese aire que sólo produce el hecho cristiano y nuestro amor, el de los sacerdotes, contra los que los monstruos del periodismo despotrican. Pablo Neruda tenía razón cuando definió a algunos periodistas ‘que viven de comer el excremento de poder’.

Mi corazón de cura, mientras da la vida por estos inocentes, no puede dejar de darla también, como Jesús, incluso por aquellos de quienes El dijo: ‘Al que escandalice a uno de estos pequeños, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino y le hundan en el mar’.

¿No se preguntan qué sería de este mundo sin este puerto de esperanza segura para todo hombre, incluidos ustedes que en estos días como cuervos feroces se divierten sádicamente escupiendo sobre su Casto Rostro? Vengan al tercer mundo para entender qué quiere decir que miles de sacerdotes y hermanas mueran dando su vida por los niños.

Un día, cuando la vida les pida que le des razón de lo que han hecho, esta Iglesia, esta madre sobre la que han aprendido a escupir, los acogerá, los abrazara, los perdonará. Esta madre, que desde hace 2000 años es escupida, ofendida y acusada, desde hace 2000 años les dice a todos los que lo piden: ‘Yo te absuelvo de tus pecados, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo’.

Esta madre, que juzga y condena el pecado e increpa al pecador culpable de algunos horrendos delitos, como la pedofilia, no cierra ni cerrará jamás las puertas de su misericordia a nadie.

No perdamos el tiempo ante los delirios de algunos periodistas que usan ciertos execrables casos de pedofilia para atacar el Acontecimiento cristiano, para poner en discusión la perla del celibato, y miremos a los miles de personas, jóvenes en particular, que buscan, creen y preguntan a la Iglesia el por qué, el sentido último de la vida y que ven en Ella la única respuesta.

Personalmente, estoy más preocupado por la falta de santidad en muchos de nosotros, los sacerdotes, que  por otras cosas, por graves y perjudiciales que sean. Me preocupa más una iglesia que se avergüenza de Cristo, en lugar de predicarlo desde los tejados. Me preocupa más no encontrar a los sacerdotes en el confesionario, y que el pecador viva el tormento de su pecado sin encontrar un confesor que le absuelva. A las acusaciones difamatorias en los últimos días urge responder con la santidad de nuestra vida y con una entrega total a Cristo y a los necesitados.

La pedofilia debe responderse como el Papa enseña. Sólo anunciando a Cristo se sale de este estercolero horrible, porque sólo Cristo salva al hombre completo. Si Cristo no es el corazón de la vida, entonces cualquier perversión es posible. La única defensa que tenemos son nuestros ojos enamorados de Cristo. El dolor es enorme, pero la seguridad, granítica: ‘Yo he vencido al mundo’ es infinitamente superior.”

El Padre Aldo Trento es muy conocido en Paraguay, donde su labor goza de un gran prestigio. Don Aldo pertenece a una generación que, durante su juventud, se sintió atraída por el radicalismo izquierdista, hijo de los 60. 

En el último Meeting de Rimini ofreció su testimonio:

“A los sesenta y dos años soy un hombre contento, entrando en un cumplimiento que me hace mirar la muerte con serenidad. He acompañado a morir a más de quinientas personas en cuatro años. Todas han muerto con una sonrisa en los labios. Me he convertido en padre de decenas de niños que no tienen a nadie y me llaman papá: «Papá, ¿cuándo vuelves?, ¿por qué te vas?». Los acuesto por la noche, los levanto por la mañana y los acompaño al colegio”. III. MMX


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El escándalo de la pedofilia ha existido siempre, pero el vuelco cultural de hace medio siglo lo hizo aumentar. Lo escribe Benedicto XVI en su carta a los católicos de Irlanda. Dos cardenales y un sociólogo la comentan

por Sandro Magister

 

ROMA, 25 marzo 2010 – La ley y la gracia. Donde la justicia terrena ya no llega, la mano de Dios sí puede. A los católicos de Irlanda Benedicto XVI ha ordenado, con su carta del 19 de marzo, lo que ningún Papa de la edad moderna ha ordenado nunca a una Iglesia nacional completa.

Los ha intimado no sólo a llevar a los culpables a los tribunales canónicos y civiles, sino a ponerse colectivamente en estado de penitencia y de purificación. Y no en el secreto de las conciencias sino en forma pública, a los ojos de todos, también de los de sus adversarios más implacables e irredentos. Ayuno, oración, lectura de la Biblia y obras de caridad todos los viernes de aquí a la Pascua del próximo año. Confesión sacramental frecuente. Adoración continua de Jesús – Él mismo "víctima de injusticia y pecado" – frente a la sagrada hostia expuesta en los altares de las iglesias. Y para todos los obispos, los sacerdotes, los religiosos sin excepciones, un periodo especial de "misión", un largo y severo curso de ejercicios espirituales para una radical revisión de vida.

Un paso audaz el que ha dado el Papa Benedicto. Porque ni siquiera el profeta Jonás creía que Dios perdonaría a Nínive de sus pecados, no obstante la ceniza penitencial y el sayal vestido por todos, desde el rey hasta la última de las bestias.

Y también hoy muchos concluyen que la Iglesia está irremediablemente condenada, incluso después de la carta en la cual el mismo Papa se carga de vergüenza y remordimiento por la abominación cometidos con unos niños por algunos sacerdotes, ante la culpable negligencia de algún obispo.

Sin embargo hasta sobre Nínive descendió el perdón de Dios, y el escéptico Jonás debió cambiar de opinión, y Miguel Ángel pintó precisamente a este profeta en la parte alta de la pared del altar de la Capilla Sixtina, para mostrar que el perdón de Dios es la clave de todo, desde la creación del mundo hasta el juicio final.

Domingo 21 de marzo, mientras en las iglesias de Irlanda se daba lectura a su carta, Benedicto XVI comentó a los fieles durante el Angelus en la plaza San Pedro, el perdón de Jesús a la adúltera: "Él sabe qué cosa hay en el corazón de cada hombre, quiere condenar el pecado, pero salvar al pecador y desenmascarar la hipocresía". La hipocresía de aquellos que querían lapidar a la mujer siendo ellos los primeros en pecar.

Intransigentes con el pecado, "comenzando por el nuestro", y misericordioso con las personas. Ésta es la lección que Joseph Ratzinger quiere aplicar al caso irlandés, y de rebote, a toda la Iglesia.

Por un lado el rigor de la ley. El precio de la justicia deberá ser pagado hasta el fondo. Las diócesis, los seminarios, las congregaciones religiosas en las que se ha dejado correr las fechorías son advertidos: llegarán visitadores apostólicos del Vaticano a destapar sus acciones, y también donde no habrá materia para la justicia civil la disciplina canónica castigará a los negligentes.

Pero el Papa enciende junto con eso enciende la luz de la gracia. Abre la puerta del perdón de Dios también al culpable de la peor abominación, si se arrepiente sinceramente.

En cuanto a los acusadores de primera fila, los más armados de piedras contra la Iglesia, ninguno de ellos está sin pecado. Para quien exalta la sensualidad como instinto puro, libre de todo vínculo, es difícil que luego pueda condenar cada abuso que de se siga de esto.

La tragedia de algunos sacerdotes y religiosos, ha escrito Benedicto XVI en la carta, ha sido también la de creer en "formas de pensamiento y de juicio de la realidad secular sin referencia suficiente al Evangelio", muy difundidas, que llegan a justificar lo injustificable.

Un ablandamiento que a Ratzinger obispo y Papa no se le puede imputar, ni siquiera por el más encarnecido de sus adversarios, si es que es honesto.

http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1342641?sp=y

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BENEDICTO XVI. EL PÁRRAFO 4 DE SUA CARTA


"En las últimas décadas, la Iglesia en vuestro país ha tenido que enfrentarse a nuevos y graves retos para la fe debidos a la rápida transformación y secularización de la sociedad irlandesa. El cambio social ha sido muy veloz y a menudo ha repercutido adversamente en la tradicional adhesión de las personas a las enseñanzas y valores católicos. Asimismo, las prácticas sacramentales y devocionales que sustentan la fe y la hacen crecer, como la confesión frecuente, la oración diaria y los retiros anuales se dejaron, con frecuencia, de lado.
 
"También fue significativa en este período la tendencia, incluso por parte de los sacerdotes y religiosos, a adoptar formas de pensamiento y de juicio de la realidad secular sin referencia suficiente al Evangelio. El programa de renovación propuesto por el Concilio Vaticano II fue a veces mal entendido y, además, a la luz de los profundos cambios sociales que estaban teniendo lugar, no era nada fácil discernir la mejor manera de realizarlo. En particular, hubo una tendencia, motivada por buenas intenciones, pero equivocada, de evitar los enfoques penales de las situaciones canónicamente irregulares. En este contexto general debemos tratar de entender el inquietante problema de abuso sexual de niños, que ha contribuido no poco al debilitamiento de la fe y la pérdida de respeto por la Iglesia y sus enseñanzas.
 
"Sólo examinando cuidadosamente los numerosos elementos que han dado lugar a la crisis actual es posible efectuar un diagnóstico claro de las causas y encontrar las soluciones eficaces. Ciertamente, entre los factores que han contribuido a ella, podemos enumerar: los procedimientos inadecuados para determinar la idoneidad de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa, la insuficiente formación humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados, la tendencia de la sociedad a favorecer al clero y otras figuras de autoridad y una preocupación fuera de lugar por el buen nombre de la Iglesia y por evitar escándalos cuyo resultado fue la falta de aplicación de las penas canónicas en vigor y de la salvaguardia de la dignidad de cada persona. Es necesaria una acción urgente para contrarrestar estos factores, que han tenido consecuencias tan trágicas para la vida de las víctimas y sus familias y han obscurecido tanto la luz del Evangelio, como no lo habían hecho siglos de persecución".

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EL COMENTARIO DEL CARDENAL BAGNASCO


El primero de los dos cardenales es Angelo Bagnasco, arzobispo de Génova y presidente de la conferencia episcopal italiana.

El lunes 22 de marzo, en el discurso con el cual ha introducido los trabajos del consejo permanente de la CEI, Bagnasco concluyó así el pasaje dedicado a la carta del Papa a los católicos de Irlanda:

"Desde varias partes, también no católicas, se manifiesta como no es de ahora que el fenómeno de la pedofilia se presenta trágicamente difundido en diferentes ambientes y en varias categorías de personas. Pero esto, lejos de ser ahora evocado para disminuir o relativizar la específica gravedad de los hechos señalados en ámbito eclesiástico, es más bien una seria llamada de atención a valorar objetivamente el espesor de la tragedia. En el momento mismo en el que siente sobre sí la humillación, la Iglesia aprende del Papa a no tener miedo de la verdad, aún cuando es dolorosa y odiosa, a no callarla ni cubrirla. Pero esto no significa sufrir —en caso de que existieran— estrategias generalizadas de descrédito.

"En realidad todos debemos interrogarnos, sin más excusas, a propósito de una cultura que en nuestros días impera incontestable y favorecida, y que tiende progresivamente a deshacer el tejido conectivo de toda la sociedad, escarneciendo tal vez a quien se resiste o intenta oponerse: la actitud de quien cultiva la absoluta autonomía de los criterios de juicio moral y dirige como buenos y seductores los comportamientos que se ajustan a los deseos individuales y a los instintos desenfrenados. Pero la exasperación de la sensualidad desligada de su significado antropológico, el hedonismo en todos los campos y el relativismo que no admite ni frenos ni sobresaltos hacen un gran mal porque son capciosos y a veces insospechadamente invasivos.

"Conviene entonces que volvamos todos a llamar las cosas por su nombre siempre y en todo lugar, para identificar el mal en su progresiva gravedad y en sus múltiples manifestaciones, para no encontrarnos con el tiempo, ante la pretensión de una aberración reivindicada en el plano de los principios".

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EL COMENTARIO DEL CARDENAL RUINI



El segundo cardenal es Camillo Ruini, presidente del comité para el proyecto cultural de la Iglesia italiana, antecesor de Bagnasco en la presidencia de la CEI y vicario del Papa para la diócesis de Roma de 1991 al 2008.

En una entrevista concedida al diario "il Foglio" del 16 de marzo, pocos días antes de que el Papa publicase su carta, Ruini dijo, entre otras cosas:

"En mi opinión la campaña difamatoria contra la Iglesia católica y el Papa ejecutada por los medios de comunicación es parte de la estrategia que está ejecutándose desde hace siglos y que Friedrich Nietzsche ya teorizaba con el gusto de los detalles. Según Nietzsche el ataque decisivo al cristianismo no puede ser realizado en el plano de la verdad sino en el de la ética cristiana, que sería enemiga de la alegría de vivir. Y entonces quisiera preguntarle a quien lanza los escándalos de pedofilia principalmente contra la Iglesia católica, quizá trayendo a colación el celibato de los sacerdotes: ¿no sería quizá más honesto y realista reconocer que ciertamente estas y otras desviaciones ligadas a la sensualidad acompañan toda la historia del género humano, pero también que en nuestro tiempo estas desviaciones son ulteriormente estimuladas por la tan aclamada "liberación sexual"?

Y prosigue:

"Cuando la exaltación de la sexualidad invade todo espacio de la vida y cuando se reivindica la autonomía del instinto sexual de todo tipo de criterio moral, se hace difícil explicar que determinados abusos son absolutamente condenables. En realidad, la sexualidad humana desde su inicio no es simplemente instintiva, no es idéntica a la de los animales. Es, como todo el hombre, una sexualidad ´impregnada´ con la razón y con la moral, que puede ser vivida humanamente, y hacer verdaderamente feliz, solamente si es vivida de este modo".

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EL COMENTARIO DEL PROFESOR INTROVIGNE



El sociólogo es el profesor Massimo Introvigne, presidente del CESNUR, Center for Studies on New Religion.

En un comentario aparecido el 22 de marzo en la edición italiana de la agencia internacional "Zenit", Introvigne escribió entre otras cosas:

"Lo que los ingleses y los americanos llaman ´los Sesenta´, los años Sesenta, y que los italianos, concentrándose sobre un año emblemático llaman ´el Sesenta y ocho´ se presenta siempre más como el tiempo de un profundo vuelco de las costumbres, con efectos cruciales y duraderos sobre la religión.

"Ha habido un Sesenta y ocho en la sociedad y también un Sesenta y ocho en la Iglesia: precisamente el 1968 es el año del disenso público contra la encíclica ´Humanae vitae´ de Pablo VI, una contestación que según un apreciable e influyente estudio del filósofo americano recientemente desaparecido Ralph McInerny, ´Vaticano II. ¿Qué salió mal?´, representa un punto de no retorno en la crisis del principio de autoridad en la Iglesia Católica. […]

"¿Pero por qué los años Sesenta? Sobre el tema, para quedarnos en las Islas Británicas, Hugh McLeod publicó en el 2007 en la Oxford University Press un volumen importante, ´The Religious Crisis of the 1960s´, que establece el estado de la discusión en curso.

"Dos tesis están en oposición: la de Alan Gilbert, según el cual lo que determinó la revolución de los años 1960 fue el boom económico, que ha difundido el consumismo alejó a las poblaciones de las iglesias; y la de Callum Brown, según el cual el factor decisivo fue la emancipación de las mujeres después de la difusión de la ideología feminista, del divorcio, de la píldora anticonceptiva y del aborto.

"McLeod piensa, en mi opinión de manera justa, que un solo factor no puede explicar una revolución de esta magnitud. Entran el boom económico y el feminismo, pero también aspectos más estrictamente culturales tanto fuera de las Iglesias y comunidades cristianas (el encuentro entre psicoanálisis y marxismo), como dentro de las mismas (las ´nuevas teologías´).

"Sin entrar en los elementos más técnicos de esta discusión, Benedicto XVI en su carta se muestra conocedor del hecho de que hubo en los años Sesenta una auténtica revolución – no menos importante que la Reforma protestante o que la Revolución francesa – que fue ´rapidísima´ y que asestó un golpe durísimo a la ´tradicional adhesión del pueblo a las enseñanzas y a los valores católicos´. […]

"En la Iglesia católica no hubo prontamente suficiente consciencia de la magnitud de esta revolución. Es más, ésta contagió – considera hoy Benedicto XVI – ´también a sacerdotes y religiosos´, determinó los malos entendidos en la interpretación del Concilio, causó ´insuficiente formación, humana, moral y espiritual en los seminarios y los noviciados´.

"En este clima ciertamente no todos los sacerdotes insuficientemente formados o contagiados del clima que siguió a los años Sesenta, y tampoco un porcentaje significativo de ellos, se convirtió en pedófilo: sabemos por las estadísticas que el número real de sacerdotes pedófilos es mucho más inferior al propuesto por ciertos medios de comunicación. Y sin embargo este número no es igual a cero – como todos quisiéramos – y justifica las muy severas palabras del Papa. Pero el estudio de la revolución de los años Sesenta, y del 1968, es crucial para entender todo lo que sucedió después, incluida la pedofilia. Y para encontrar remedios reales.

"Si esta revolución, a diferencia de las anteriores, es moral y espiritual y toca la interioridad del hombre, sólo desde la restauración de la moralidad, de la vida espiritual y de una verdad integral sobre la persona humana podrán finalmente venir los remedios. Pero para esto los sociólogos, como siempre, no bastan: son necesarios los padres y maestros, los educadores y los santos. Y tenemos todos mucha necesidad de este Papa: de este Papa, que una vez más – para retomar el título de su ultima encíclica – dice la verdad en al caridad y practica la caridad en la verdad”.

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La carta de Benedicto XVI a los católicos de Irlanda:

> "Debéis responder de ello ante Dios"


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Abusos sexuales: Obispo de Ratisbona y el presunto silencio de la Iglesia

Comunicado de monseñor Gerhard Ludwig Müller

CIUDAD DEL VATICANO, viernes 12 de marzo de 2010 (ZENIT.org).- Publicamos la declaración difundida por el obispo de Ratisbona, monseñor Gerhard Ludwig Müller, sobre el presunto silencio de la Iglesia ante las denuncias de abusos sexuales.

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La ministra de Justicia, Sabine Leutheusser-Schnarreberger, acusa a la Iglesia católica en Alemania de obstaculizar las sanciones penales previstas en casos de abuso sexual. Según la ministra, en particular en las escuelas católicas se daría un muro de silencio que haría difícil u obstaculizaría las investigaciones sobre los delitos.


La afirmación de la ministra es falsa y difamatoria. En el caso de la diócesis de Ratisbona la rechazo de la manera más absoluta. Pido al Ministerio que presente la prueba de su acusación, según la cual, la Iglesia obstaculizaría las investigaciones. Si no puede ofrecer esta prueba, le pido que no manipule su autoridad con abusos de este tipo.


En la diócesis de Ratisbona, así como en otras diócesis de Alemania, según las directivas de la Conferencia Episcopal Alemana, toda indicación sobre un delito de abuso se examina inmediatamente con cuidado. Si se refuerza la sospecha, pedimos al presunto culpable que se autodenuncie. Si el presunto culpable no lo hace, la diócesis informa al fiscal.


La Iglesia católica se busca hacer justicia a la víctima. Si, en contra de nuestra recomendación, una víctima decide que no quiere presentar su denuncia, actuamos según la voluntad de la víctima. No existe la obligación de denunciar.

[Traducción de Jesús Colina]

 

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Carta de un sacerdote sobre la pederastia de sacerdotes

 

06/III/2010 11:01 PM

“Todo sumo sacerdote es tomado de entre los hombres . . . y puede sentir compasión hacia los ignorantes y extraviados, por estar también él envuelto en flaqueza” (Heb. 5, 1-2) 


Alamos, 22 de Febrero de 2010 


Muy queridos hermanos laicos de la Diócesis de Ciudad Obregón:

Hace ocho meses envié a todos los sacerdotes de esta Diócesis una carta equivalente a la que ahora dirijo a ustedes los laicos.  Desde el principio, el director del periódico diocesano El Peregrino se entusiasmó y sugirió que, por ser el Año Sacerdotal, se diera a esta carta más difusión, ya que también a los laicos les deben interesar los problemas que nos afectan, porque somos todos Iglesia.

Motivo de esta carta. En el momento actual el Santo Padre, Benedicto XVI, está tomando el abuso sexual de parte de algunos miembros del clero católico como tema de máxima importancia en la Iglesia. Lo que dice al pueblo de Irlanda y a los fieles en otros países, lo hemos de tomar todos con docilidad. Personalmente he reflexionado y orado durante varios años en relación a este problema, considerándolo tanto a nivel mundial como local, y estoy convencido que también a ustedes les interesa y les preocupa no menos que a mí. Por el amor que tienen por sus hermanos sacerdotes que padecen de esta debilidad o enfermedad, y, ante todo, por su amor a las víctimas menores de edad, yo, sacerdote de esta Diócesis, me dirijo a ustedes para compartir mis reflexiones e invitarlos a apoyar en esta Diócesis un camino factible de solución al problema del abuso sexual de parte de clérigos. Es muy oportuno adelantarse a este problema antes de que los enemigos de la Iglesia nos ataquen “por no haber hecho nada.”  Y los laicos son una pieza muy importante para efectuar a tiempo los cambios adecuados.

¿Por qué tocar este tema? Aunque pudiera parecer a algunos que abordar este problema no es sólo importante y necesario sino urgente, a otros puede parecer todo lo contrario, es decir, como algo bien extraño, inoportuno, y hasta peligroso por el escándalo que pudiera suscitar. Otros pudieran tomar una postura intermedia, al pensar que, aunque sea importante el tema, ¿por qué no dejarlo a los responsables de cuestiones tan delicadas, como por ejemplo, al Sr. Obispo y a la Curia a puerta cerrada, o al colegio de consultores, a los decanos, al consejo presbiteral, e incluso, a la Conferencia Episcopal Mexicana, o a las Congregaciones del Vaticano?  ¿Qué tenemos que ver nosotros, los laicos, con este problema?

En esta carta, como he expresado al inicio, no se propone la solución al problema del abuso sexual por clérigos, sino es una invitación a que todos juntos busquemos soluciones realizables. Nunca fue fácil para nadie la solución de semejante problema, como lo hemos sabido por las noticias internacionales sobre innumerables casos que han trascendido y, que a veces, han implicado a personas muy conocidas mundialmente. Con todo el revuelo a nivel internacional, que se agudizó desde el año 2002, y que sigue lastimando a la Iglesia en todas partes, me parece no sólo oportuno, sino esencial e inaplazable, que nosotros los sacerdotes tratemos de presentar a ustedes, a quienes nos hemos comprometido a servir hasta la muerte, un rostro transparente, razonable y, a la vez, misericordioso en nuestra actitud y nuestro proceder. 

Además, frente a este problema el papel del laico es indispensable. Cuando ustedes reciben acusaciones con fundamento creíble, que provean en su apoyo pruebas y testimonios verídicos ¿cuál debe ser su proceder y el nuestro?  Si la apertura de esta propuesta o de otra parecida no es aceptable para los laicos, ¿lo será la otra alternativa:  la de vivir en la negación, asumida quizá inconscientemente por el excesivo dolor que nos causa el encararnos con la verdad?  ¿Podemos seguir en la apatía mientras no nos afecte personalmente, ni a mí ni a los míos? Para quien desee permanecer al margen del problema, le presento un caso concreto e histórico, que puede suceder nuevamente en cualquier parte: A un sacerdote, que lleva varios años con reputación de pederasta, lo destinan a la colonia de tu hermano; y tu hermano tiene dos hijos monaguillos en esa parroquia. ¿Te quedas callado o indiferente? Sean parientes o desconocidos, nuestro individualismo significa complicidad.

¿Por qué es tan grave el problema? Es sumamente grave.  Benedicto XVI lo acaba de denominar “crimen abominable” (16 de Febrero de 2010). Con la experiencia de treinta años vividos en el ministerio sacerdotal, viendo este problema a la luz de la Sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia, junto con los estudios que se han realizado a nivel internacional en psicología pastoral, y con las conclusiones a que han llegado los Obispos en varios países sobre la postura que debe tomar la Iglesia sobre este tema, estoy convencido que este problema sigue siendo muy grave y que no admite una irresponsable dilación.

Desde varios puntos de vista podemos valorar el problema. Si se considera el lado de los sacerdotes que han abusado, o que siguen abusando, de menores de edad, el problema es considerado como un delito susceptible de penas comparables con las de crímenes de máxima gravedad.  Los agravantes suelen ser los mismos del asesinato:  premeditación, alevosía, ventaja y traición. La psicología suele calificar al culpable como enfermo. Convencionalmente es sociópata. El desorden de la sociopatía incluye entre sus notas la carencia del sentido de culpa (DSM IV). En la segunda edición del Manual de Diagnóstico y de Síntomas de Enfermedades Mentales, la pederastia se encuentra entre las enfermedades sociopáticas. Aunque en las ediciones posteriores de este grande y prestigioso compendio para la psicología, ya no se incluye al pederasta entre los sociópatas, es por la sola razón de que no todos son sociópatas. Así que será, por lo menos, indicio del alto porcentaje de sociópatas entre estas personas. 

Cuando hablamos de la sociopatía, se debe subrayar la característica carencia del sentido de remordimiento o culpa. Si no se toma esta carencia en cuenta, no podremos ayudar al sociópata, y lo juzgaríamos según su autovaloración, o sea, igual que se juzga él a sí mismo: “Estoy bien, no me encuentro [porque no me siento] culpable de nada”. . . “Los niños necesitan que alguien les despierte su sexualidad innata”. Esta última expresión se encuentra en el DSM IV precisamente cuando se trata el tema de la pederastia. Los Obispos que fueron acusados de negligencia, por cambiar a los sacerdotes pederastas de parroquia en parroquia, intentaron protegerse con la excusa: “No sabíamos que los pederastas no se curan”. A los sacerdotes los mandaban a centros de rehabilitación, donde los sometían a equipos de profesionales de la psicología y de la medicina; y los sacerdotes no cambiaron de conducta. Si hablamos de un porcentaje de 90% de los casos tratados en esos centros que no lograron curarse, el riesgo es demasiado elevado, para exponerlos a futuras caídas, enviándolos a donde el contacto con niños y jóvenes menores de edad sigue siendo parte del ambiente normal de cualquier ministerio sacerdotal.  Por eso, los obispos en muchas partes han optado por excluir del ministerio a cualquier culpable, en cualquier momento de su vida sacerdotal, aunque se tratara de una sola caída de hace varios años. Tolerancia cero. Esta medida puede parecer exagerada, pero hay que reflexionar sobre el peligro que presenta un sacerdote para los fieles que frecuentan su parroquia. ¿Cuál es el peligro? Esta pregunta nos lleva a la consideración del daño que representa para los niños.

Si se considera el lado de los niños, aquí es en donde nos encontramos con hechos verificables en los testimonios que muchos sacerdotes y laicos hemos recibido, y de los innumerables que se pueden leer durante los últimos años en grupos como SNAP (Red de sobrevivientes de abusados por sacerdotes) y los comités de revisión, que fueron creados por los Obispos en varios países. Los comités de revisión están compuestos en su mayoría por laicos. Aunque el uso de los testimonios ofrecidos en otros países puede ser sospechoso de manipulación por cuestiones de dinero (por las demandas que hicieron), estos testimonios han de examinarse fríamente y con calma, con la pregunta de si los mismos suenan como aquellos que, desafortunadamente, me han tocado personalmente recibir durante tantos años de ministerio.  Considerado así el problema de parte de las víctimas, nos encontramos con algo espeluznante. Es cierto que existe mucho abuso sexual de niños, tanto de parte de padres de familia y parientes, como de maestros de escuela, de encargados del deporte, profesionales de servicios personales (médicos, psicólogos, trabajadores sociales, etc.). 

Sin embargo, el abuso sexual de parte del sacerdote adquiere una dimensión de proporciones descomunales cuando se le compara al depredador de cualquier otra profesión. La razón es simplemente porque el sacerdote es imagen de Cristo, como nos lo enseña el Concilio Vaticano II.  Por estar “configurados a Cristo Sacerdote” actúan “en la persona de Cristo Cabeza” (Presbyterorum ordinis, no.2; cfr. no.9). Así que para los fieles, el sacerdote es lo más cercano a Dios de lo que pueden imaginar.  De costumbre nos llaman “el hombre de Dios”, o “el puente entre Dios y los hombres”.  Por este motivo, el niño que, casi por instinto, pone su confianza en el sacerdote, y luego es abusado por el mismo, recibe daños incalculables. El niño víctima pierde su contacto con Dios, y muchas veces para siempre. Al perder este vínculo entre sí mismo y Dios, pierde la fe, pierde todo deseo de acudir al único recurso que le puede ayudar: la Iglesia, los sacramentos, la consulta espiritual. Muchos de ellos se suicidan, o abrigan continuos deseos de suicidio, y por lo mismo se refugian en el alcohol o en la droga-adicción. 

Todo esto no nos debe sorprender. Es un dato respaldado por la teología del sacerdocio. Si nos sorprende, tal vez es simplemente porque nunca nos hemos puesto en el lugar del niño. Nos hemos olvidado de lo que el niño experimenta en su propia alma. Somos en cierto sentido miopes, es decir, sólo vemos el sufrimiento que nos proporciona la experiencia propia. El sufrimiento indecible del niño abusado está demasiado lejos de nuestra visión diaria. Pero, estemos nosotros ajenos o informados, el problema queda sólidamente en pie. Si se compara el abuso sexual de un niño a su asesinato, se puede considerar aquél como el delito mayor, sencillamente por el grado de daño que hace a un alma humana. En la misma línea, el sacerdote que continúa durante años cometiendo este crimen se está comportando como el asesino en serie. Por mi parte, preferiría que mi sobrino, por ejemplo, muriera a manos de un asesino a que fuera abusado sexualmente por un sacerdote.  Es preferible la muerte del cuerpo a la del alma.

Ciertamente, nadie puede juzgar la conciencia del perpetrador, ya que sólo atañe a Dios tal juicio, y por eso, debemos tratarlo con toda la misericordia de que seamos capaces. Más bien, aquí se trata de actos externos, justamente calificados como malos. Pero ¿en qué grado, desde su interioridad, es responsable de sus actos el perpetrador psicológicamente enfermo? Aquí conviene recordar que, debido a un defecto de carácter insuperable o por una compulsión que destruye su libertad, se trata de una persona incapaz de realizar ciertos actos moralmente buenos, específicamente en una materia, la de evitar el abuso de los niños que se le acerquen. En esto consiste, precisamente, su desorden patológico. La conversión no produce simultáneamente la sanación de un trastorno de la personalidad. Sin embargo, los demás, nosotros en concreto, que somos responsables de velar por el bien moral del pueblo fiel, debemos decidirnos a adoptar medidas que pongan a salvo las vidas de aquellos que serán víctimas de abuso sexual si permanecemos en la indecisión o en la negligencia. Si aquellos sacerdotes enfermos fueran nuestros hermanos (así los llamamos, porque lo son en el espíritu), ¿qué no haríamos para que no siguieran dañando a nadie, ni al menor de edad, ni a sí mismos?

¿Qué podemos hacer? Una vez convencidos de la gravedad del problema del abuso sexual específicamente sacerdotal, es necesario buscar vías de solución. Como mencioné en el primer párrafo, no se puede relegar esta tarea sin más, a la Jerarquía, o a los miembros de la Curia diocesana o de otros servicios diocesanos ya existentes. Muchas veces, los que hemos trabajado en las oficinas del obispado, no fuimos informados de lo que sucede en las bases populares (parroquias y comunidades). Las víctimas, por ser menores de edad, comúnmente tienen horror de acercarse a sus mayores, más aún a los superiores eclesiásticos. En este sentido, en no pocos casos el superior será el último en enterarse, en ocasiones después de muchos años, cuando los comentarios en las familias y en las comunidades de fieles se habrán esparcido por muchas partes, dañando la confianza que los fieles han de poner en sus pastores y en la Iglesia en general por el escándalo que se ha producido. Si sólo consideráramos los daños colaterales (papás, hermanos, parientes, familiares y otros testigos y enterados), las personas afectadas son innumerables.

Ofrezco esta invitación a considerar con madurez y equidad algunos posibles cauces de solución, que no serán los únicos, ya que otros varios confío se susciten entre ustedes, los laicos de esta Diócesis. Por ejemplo: 

1) Un mayor apoyo a la formación sacerdotal.  En algunos seminarios, el tema del celibato se trata superficial o imperfectamente. 

2) La necesidad de dar más énfasis a la santidad del sacerdote, a su vida de oración; algo que la Comisión del Clero puede apoyar grandemente, pero sin que dejemos toda la tarea a esa Comisión, ya que debe ser preocupación de todos los fieles. 

3) Se debería abandonar la presunción de inocencia, casi exclusiva, a favor del sacerdote acusado.

4) El atenerse al Derecho canónico para la exclusión del ministerio sacerdotal cuando se compruebe sin lugar a duda razonable la culpabilidad no enmendada después de la corrección fraterna. (Repito, en algunas diócesis un solo caso ya es motivo irrefutable para perder el ministerio, aunque fuera cometido hace varios años). De ahí viene la obligación de cualquier víctima o testigo, de denunciar ante las autoridades eclesiásticas y civiles, al victimario. 

5) Disminuir la indebida o excesiva dependencia de los psicólogos y de sus decisiones. Precisamente aquí, recordarán que un Cardenal en los Estados Unidos perdió su Arquidiócesis porque, según él, “los psicólogos me aseguraban que sus programas de terapia podrían curar la enfermedad de la pedofilia. Ahora, todo el mundo sabe que esta enfermedad es incurable”. Ultimamente cuatro obispos en Irlanda renunciaron por razones parecidas.

6) La posibilidad de establecer en nuestra Diócesis un comité de revisión, responsable ante el Obispo, para recibir y analizar, con toda confidencialidad, los testimonios de las víctimas, testigos principales y de padres de familia. 

7) Cuando en ciertas parroquias se trata de situaciones notorias y prolongadas, nuestros pastores deben expresar públicamente, incluso en los medios de comunicación, su postura frente a las inquietudes que manifiestan los fieles en general. Aun cuando afirmamos que “son casos muy aislados”, el sufrimiento de algunos es intenso. Si por temor al escándalo, encubrimos el delito, la aseveración del Papa San Gregorio Magno nos amonesta: “Es preferible que surjan escándalos a que se silencie la verdad”. Con todo, es difícil evitar la notoriedad. “Hace mucho más ruido el árbol que cae, que un centenar de árboles que crecen en el silencio”.

8) Y por último, se puede pensar también en un número 800, como acostumbran las empresas para recibir quejas o abusos referentes a los servicios ofrecidos.

Ahora bien, los estudios en este campo calculan que se trata de un 5% de sacerdotes culpables de este delito, porcentaje que incluye a los que no han sido acusados.  (Este porcentaje es semejante o equivalente al que se verifica en la población general, también en otras religiones, aun cuando sus ministros sean casados). El problema se agrava más cuando se considera que por cada victimario suele haber un promedio mínimo de 20 víctimas a lo largo de su vida sacerdotal. Por reducido que le parezca este porcentaje a algún lector, aun después de hacer un poco de matemática, un “poco” de victimarios representa una situación intolerable, que sigue siendo la llaga más grande en la Iglesia universal y local.  Aunque la gran mayoría de los sacerdotes son muy buenos operarios en la viña del Señor, este hecho no vale para justificar la tolerancia de unos pocos pederastas entre ellos.  Por la misma razón por la que nadie en la sociedad tolera la presencia oculta de asesinos en serie, por pocos que sean, tampoco debemos seguir en la negación ante este reto

Protejamos a nuestros jóvenes y niños, ya que son los más vulnerables e indefensos. Los invito a comunicarse conmigo para comentarios o a modo de retroalimentación:  carpentermap@gmail.com

“El que no recibe el Reino de Dios como un niño, no podrá entrar en él.”


P. Charles Carpenter 

http://infocatolica.com/?t=opinion&cod=5730  CDV. 08.III.MMX.


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El lobby laicista contra el Papa. El gran bulo del “New York Times”


Por Massimo Introvigne

ROMA, jueves 25 de marzo de 2010 (ZENIT.org).- Si hay un periódico que me viene a la mente cuando se habla de lobbies laicistas y anticatólicos, este es el New York Times. El 25 de marzo de 2010, el diario de Nueva York ha confirmado esta vocación suya con un increíble bulo relativo a Benedicto XVI y al cardenal secretario de Estado Tarcisio Bertone.

Según el diario en 1996 los cardenales Ratzinger y Bertone habrían ocultado el caso, señalado a la Congregación para la Doctrina de la Fe por la archidiócesis de Milwaukee, relativo a un cura pedófilo, Lawrence Murphy. Increíblemente – tras años de precisaciones y después de que el documento fue publicado y comentado ampliamente en medio mundo, desvelando las falsificaciones y los errores de traducción de los lobbies laicistas – el New York Times acusa aún a la instrucción Crimen sollicitationis de 1962 (en realidad, segunda edición de un texto de 1922) de haber actuado para impedir que el caso Murphy fuese llevado a la atención de las autoridades civiles.

Los hechos son un poco distintos. Alrededor de 1975 Murphy fue acusado de abusos particularmente graves y desagradables en un colegio para menores sordos. El caso fue inmediatamente denunciado a las autoridades civiles, que no encontraron pruebas suficientes para proceder contra Murphy. La Iglesia, en esta cuestión más severa que el Estado, continuó sin embargo con persistencia indagando sobre Murphy y, dado que sospechaba que fuese culpable, a limitar de diversos modos su ejercicio del ministerio, a pesar de que la denuncia contra él hubiese sido archivada por la magistratura correspondiente.

Veinte años después de los hechos, en 1995 – en un clima de fuertes polémicas sobre los casos de los “curas pedófilos” – la archidiócesis de Milwaukee consideró oportuno señalar el caso a la Congregación para la Doctrina de la Fe. El señalamiento era relativo a violaciones de la disciplina de la confesión, materia de competencia de la Congregación, y no tenía nada que ver con la investigación civil, que se había llevado a cabo y que había concluido veinte años antes. Se debe también observar que en los veinte años precedentes a 1995 no había habido ningún hecho nuevo, o una nueva acusación hacia Murphy. Los hechos de los que se discutía eran aún aquellos de 1975. La archidiócesis señaló también a Roma que Murphy estaba moribundo. La Congregación para la Doctrina de la Fe ciertamente no publicó documentos y declaraciones veinte años después de los hechos, sino que recomendó que se continuase limitando las actividades pastorales de Murphy y que se le pidiese que admitiera públicamente sus responsabilidades. Cuatro meses después de la intervención romana, Murphy murió.

Este nuevo ejemplo de periodismo basura confirma cómo funcionan los “pánicos morales”. Para enfangar a la persona del Santo Padre se remueva un episodio de hace treinta y cinco años, conocido y discutido por la prensa local ya a mitad de los años 70, cuya gestión – en cuanto era de su competencia y un cuarto de siglo después de los hechos – por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe, fue canónica y moralmente impecable, y mucho más severa que la de las autoridades estatales americanas. ¿De cuántos de estos “descubrimientos” tenemos aún necesidad para darnos cuenta de que el ataque contra el Papa no tiene nada que ver con la defensa de las víctimas de los casos de pedofilia – ciertamente graves, inaceptables y criminales, como Benedicto XVI ha recordado con tanta severidad – sino que intenta desacreditar a un Pontífice y a una Iglesia que molestan a los lobbies por su eficaz acción de defensa de la vida y de la familia?

[Traducción del italiano por Inma Álvarez]

 

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SON MÁS 117.000 CENTROS DE SALUD

 

La Iglesia católica sostiene el 26% de los centros hospitalarios del mundo


Al cumplirse los 25 años de la creación, por iniciativa de Juan Pablo II del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud, se ha conocido el dato de que el 26% de los centros sanitarios del planeta son administrados y dirigidos por entidades de la Iglesia católica. El secretario del Pontificio Consejo, el español José Luis Redrado, hace balance. 12.II:MMX


R.R.REL

Hospitales católicos representan 26 por ciento de estructuras de salud del mundo


El Pontifico Consejo para la Pastoral de la Salud (PCPS), en el marco de su 25º aniversario de fundación, dio a conocer que la Iglesia Católica administra y sirve el 26 por ciento de los centros hospitalarios y de ayuda sanitaria que existen en todo el mundo. Según señala la nota de prensa, la Iglesia tiene «117 mil centros de salud, incluyendo hospitales, clínicas y casas de alojamiento para huérfanos»; así como «18 mil dispensarios y 512 centros» para la atención de personas con lepra.


Hace 25 años en un día como hoy el papa Juan Pablo II firmó el Motu proprio Dolentium Hominum en el que se instituía formalmente la Pontificia Comisión para la Pastoral de los agentes sanitarios, conocido hoy como el Pontificio Consejo para la salud, informa ACI.


El 19 de enero de 1986 este dicasterio comenzó de forma oficial su trabajo con el personal en pleno: presidente, secretario, subsecretario así como oficiales y consultores que arduamente trabajaron para dar forma a la pastoral de la salud en el mundo, coordinada desde la Santa Sede.


Para esta celebración jubilar, se llevó a cabo en la Nueva Aula del Sinodo del Vaticano el simposio internacional «La Iglesia al servicio del amor para los sufrientes», a lo largo de esta semana. El secretario de este dicasterio es monseñor José Luis Redrado O.H,  quien ocupa este cargo desde 1986. Redrado participó en el simposio con la conferencia denominada «El pontificio consejo para los operadores sanitarios al servicio de las iglesias particulares, una historia de 25 años». Carmen Elena Villa, de la Agencia Zenit, conversó con él.


- Usted que ha estado desde los inicios, ¿nos puede contar cómo es la tarea de comenzar un nuevo dicasterio en la Santa Sede?

- Yo venía de llevar a cabo en España una gran actividad, y al inicio, cuando me encontré aquí casi me encontré sin nada para hacer. En realidad había todo por hacer. Había que inventar cosas, teníamos que planear un organigrama, hacer viajes innumerables que nos han dado la posibilidad de entusiasmarnos, de ver, de organizarnos cada vez más. Hoy podemos llegar a estos 25 años con un bagaje de organización inmenso que yo diría que es plataforma nada más, para los retos que se vienen.


- ¿Cómo ha visto crecer este dicasterio?

- Lo he visto crecer como se ven crecer los niños. Al inicio, parece que la vida es sencilla, no sabemos cómo comenzar a andar, titubeamos pero con gran esperanza de crecer y así lo he visto después de los primeros años de tanteo, de explorar este bosque inmenso que es la pastoral en general, hacer un camino para la pastoral de la salud, privilegiado, como lo ha privilegiado el Señor.


- Los frutos que ha visto en estos 25 años

- La pastoral de la salud ha dado un progreso grandísimo cualitativa y cuantitativamente. He tenido el privilegio de viajar por todo el mundo y de ver nacer encuentros sobre la salud con mucho entusiasmo. La institución general del dicasterio ha tenido un brazo derecho que ha sido la Jornada Mundial del Enfermo, que ha dado a la Iglesia la oportunidad de reflexionar, la oportunidad de que realmente tantas conciencias que estaban un poco dormidas comiencen a despertarse. Tenemos también decenas de publicaciones, una revista, hemos hecho más de 259 viajes y detrás de ello hay mucha gente que ha trabajado con mucho entusiasmo.


- Este dicasterio ha tenido ya tres presidentes. ¿Que es lo que más aprecia de cada uno de ellos?

- Comenzó con el cardenal Fiorenzo Angelini, quien tiene hoy 94 años. Estuvo al mando los primeros 12 años. Él ha desarrollado una fecunda labor en este «neonato dicasterio». Siguió el cardenal mexicano Javier Lozano Barragán quien este momento, con su enfermedad está traduciendo en su propia vida, lo que ha dicho y lo que ha hecho por la pastoral de la salud.


Con el nuevo presidente Zygmunt Zimowski, proveniente de Polonia, esperamos que se consolide nuestro dicasterio al servicio de todo el mundo. Por ello nos encaminamos a recorrerla con creatividad y animación. Estos 25 años son fruto de líderes inspiradores, que han hecho posible que «esta máquina» funcione. Son expertos que han trabajado de forma inteligente y sacrificada.


- En un mundo donde reina la cultura de muerte, ¿cuál es el compromiso de este dicasterio para promover la defensa de la vida desde su concepción hasta su muerte natural?

- El reto que se nos presenta es iluminar el inicio de la vida, el continuar la vida para que tenga sentido. Es darle también sentido al dolor y al sufrimiento. Es necesario dar estilo nuevo a la salud, a la vida cuando esté cansada, cuando parece que no tiene sentido. La semana que viene iré a Portugal y hablaré sobre el tema de los ancianos. La última etapa, la etapa de la vida que si la sabemos preparar antes, puede ser maravillosa y dar muchos frutos.


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“Los derechos humanos no se fundamentan en mayorías parlamentarias ni en la opinión pública. sino en la misma ‘naturaleza del ser humano, inalterada por la mutación de las condiciones sociales e históricas”.

Cardenal Bertone en la Universidad Wroclaw, en Polonia. II.MMX


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